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Fray Emilio Rocha, arzobispo de Tánger: "No queremos ver el drama de las personas migrantes, ni el mal planteamiento de la economía mundial"

"Una muy gorda debe pasar en una persona, en una familia, para que sus miembros emigren de esta manera tan terrible jugándose la vida": El prelado español, arzobispo de Tánger en Marruecos, sigue con mucha preocupación la situación migratoria y comparte sus reflexiones

Fray Emilio Rocha

(Rosa María Jané Chueca/Catalunya Cristiana).- Cuando se produjo la entrada masiva de migrantes en Ceuta, la archidiócesis de Tánger invitaba a los fieles a unirse a ellos en oración. Su arzobispo, fray Emilio Rocha , en comunión con la diócesis de Cádiz-Ceuta, pedía rezar “por la estabilidad social en Ceuta, por el drama de las personas que han cruzado la frontera hispano-marroquí en condiciones de precariedad enorme y por la población de Ceuta que ha visto gravemente alterada su vida y relaciones sociales”. El arzobispo Rocha sigue con mucha preocupación la situación y comparte una serie de reflexiones con nuestro semanario.

¿Qué se esconde detrás de los movimientos migratorios?

Los movimientos migratorios son muy variados. Si hablamos concretamente de lo que ocurre en Ceuta, hablamos de una situación extrema de una realidad que ya hace muchos años que funciona. España, Marruecos, Tarifa, Tánger están separados por apenas 14 kilómetros hacia Europa, no sólo hacia España. Vienen muchísimos migrantes de los países subsaharianos, a los que también se une población marroquí que desea migrar a Europa.

Fundamentalmente, vienen movidos por situaciones políticas y de violencia en algunos países subsaharianos, por las consecuencias de una climatología que está cambiando y que provoca, en ocasiones, inundaciones, pero más frecuentemente, una sequía prolongada que hace que los ganaderos o agricultores pierdan las posibilidades de vida. También existen situaciones de marginación o de rechazo cultural, político, étnico, religioso. Y también existe un deseo de prosperar, de crecer, de llegar a un futuro mejor que los medios de comunicación, cuando hablan de Europa, presentan como si fuera una panacea.

El drama de las migraciones. Ceuta, España.
Puede haber países a los que les conviene que parte de la población más joven emigre, porque no dejan de ser una presión social grande cuando no hay trabajo que ofrecer

¿Qué se esconde detrás de los movimientos migratorios? Se pueden esconder y se esconden también elementos económicos. Las mafias, ciertamente actúan, pero no creo que en el caso de irrupción de migrantes en Ceuta hayan funcionado, porque nada había que ganar económicamente. Las mafias funcionan muy efectivamente tanto para atravesar el desierto del Sáhara como para cruzar el estrecho de Gibraltar y entrar a través de España en la Unión Europea. Por tanto, entre las mafias, entran cuestiones o situaciones de carácter político. Puede haber países a los que les conviene que parte de la población más joven emigre, porque no dejan de ser una presión social grande cuando no hay trabajo que ofrecer. Entonces, si se les quitan de en medio liberan de algún modo la olla a presión que supone una población joven muy importante en la mayoría de estos países que producen migración, con unas posibilidades muy pequeñas de darle una respuesta laboral.

¿Qué realidad no queremos ver?

Creo que no queremos ver el drama de las personas migrantes ni el mal planteamiento de la economía mundial. Los países de los que provienen muchos de estos migrantes son países productores de materias primas, minerales, vegetales… que se ven sometidos a un mercado en el que se valora muy poco la materia prima y cuyos costes de la manufactura son enormes. Prácticamente, en estos países no queda riqueza de los productos que se encuentran en el propio país. Por tanto, esto también es un motivo que provoca mucha pobreza. No queremos ver todas estas realidades. Lo único que vemos son personas que nos ponen en peligro la estabilidad, nuestro modelo de bienestar, y no somos capaces de percibir claramente, por la urgencia de lo que vivimos, las causas que hay detrás de que alguien abandone la propia tierra, su país, se juegue la vida literalmente. Una muy gorda debe pasar en una persona, en una familia, para que sus miembros emigren de esta manera tan terrible jugándose la vida.

Lo único que vemos son personas que nos ponen en peligro la estabilidad, nuestro modelo de bienestar, y no somos capaces de percibir claramente, por la urgencia de lo que vivimos, las causas que hay detrás de que alguien abandone la propia tierra, su país, se juegue la vida literalmente

¿Dónde queda la dignidad humana y la protección de los más vulnerables?

Depende de cada país, de cada momento, de cada gobierno. Ciertamente, la dignidad humana no sale bien parada de esta situación. Ya en los países de origen, donde la gente debe emigrar forzosamente, se cuestiona el respeto a la dignidad humana. Violencia, marginación, desequilibrios sociales, crisis políticas, discriminaciones por carácter religioso, sexual, étnico… todo esto cuestiona ya la dignidad humana. Una dignidad que debería ser protegida. La protección de los más vulnerables es fundamental. Debería ser protegida empezando, primero, por los países de origen, los países de tráfico y los países que acogen a personas en movilidad humana. Es importante tener esto en cuenta. Cada país es responsable. Igualmente como somos responsables las sociedades que emiten migrantes, que son sitios de paso o que acogen. Hay que aprender a descubrir en cada ser humano —al menos los cristianos estamos llamados a hacerlo con intensidad—, un hijo de Dios creado a imagen y semejanza de Dios comprado al precio de la sangre de Jesucristo, con una dignidad inalienable que tantas veces es una dignidad alienada. Por tanto, es una fuerte llamada que más allá de ver números, vemos a personas. Más allá de ver ideológicamente a los migrantes, comprendamos que en cada uno de ellos hay una realidad humana, proyectos, ilusiones, deseos, miedos… Todo esto, deberíamos verlo con mayor intensidad.

Acogida

¿Cuáles son los retos más acuciantes?

El reto más urgente es siempre la persona humana. Acoger, integrar a estas personas; facilitarles el regreso a sus países de origen cuando la situación lo exige o lo pide; poner en marcha una política migratoria, en este caso en la Unión Europea, que tenga en cuenta la doble realidad de la necesidad que existe en Europa, concretamente en España, de personas que colaboren en el desarrollo, en el crecimiento, en el mantenimiento de la sociedad, tratando de tener en cuenta esta realidad y, a la vez, facilitar los mecanismos políticos de formación que hagan que estos jóvenes —la mayoría de ellos son los tránsitos y en los países de jóvenes—, puedan recibir una formación países de destino. Una integración que sea socialmente aceptable, porque vienen con una formación profesional o universitaria, para que puedan aportar a la sociedad en la que se encuentran un enriquecimiento social, humano, laboral, económico. Organizar todo ese trabajo de no frenar simplemente por medios policiales, sino de formar en los lugares de origen o de tráfico, porque es un camino importante.

Debemos cuidar nuestra propia cultura y ser capaces de ofrecerla como una alternativa atrayente, que también es un buen camino

Otro tema es que se habla mucho de que los migrantes, sobre todo subsaharianos y magrebíes, pueden desestabilizar nuestra cultura, nuestra identidad nacional. Esto es posible si la cifra es abundante, está claro que es posible. ¿Cuál es la respuesta? ¿Cerrar fronteras o afianzar nuestra identidad religiosa, cultural, histórica, política de forma que podamos ofrecer a quienes llegan un modelo atrayente? Se trata de hacer comprender que nuestro modelo cultural, político, social, económico y nuestra concepción religiosa es digna. En Marruecos, muchas veces la imagen que tienen de Occidente es una cultura decadente, moralmente arruinada, sin valores… y cuando nos movemos en lo cotidiano, vayamos un poco escasos de estos valores, no sólo religiosos, sino éticos, culturales, identitarios, de lo que es la riqueza de Occidente. Debemos cuidar nuestra propia cultura y ser capaces de ofrecerla como una alternativa atrayente, que también es un buen camino.

¿Cómo le preocupa que se instrumentalice políticamente el movimiento migratorio?

Yo creo que es algo absolutamente indigna. Utilizar a los migrantes como moneda de cambio económico, político, partidista, arranca o enlaza, mejor dicho, con éste no tener presente la dignidad de la persona humana, que es, de nuevo, lo repito, inalienable. Cada partido político, cada gobierno tiene su ideología, su planteamiento, sus prioridades, su forma de ejercer la vida política o de desarrollarla, pero la persona está en el centro. Instrumentalizarla, utilizarla como moneda de cambio (ahora abro la frontera, ahora la cierro, ahora permito, ahora prohíbo), es jugar con las personas a unos niveles que, verdaderamente, son denigrantes para quien goza de una dignidad sagrada.

¿Cuál debe ser la respuesta desde la fe?

La respuesta es la persona en el centro. Ser conscientes de que ya no es evangélica una política de puertas abiertas. Es más evangélica una política, una acción, que acoge pudiendo ofrecer a quienes llegan a un país de destino condiciones que avalan la dignidad de la persona, que permiten su integración, que permiten que quienes vienen o llegan a un país tengan las posibilidades reales de poder vivir de acuerdo con la dignidad del ser humano.

No puede ser que unos hermanos en la familia vivan en la opulencia, una opulencia a veces escandalosa, y otros hermanos de la misma familia no tengan lo imprescindible para vivir

Todo esto comporta, cuando hablamos de políticos cristianos, un talante que les lleve a situar por encima de opciones partidistas la propia conciencia y, por parte de la población, de la Iglesia, de las instituciones sociales, tratar a cada migrante como trataríamos a uno de nuestra familia. Reconocemos que Dios es Padre y que todos somos, en Cristo, hermanos; no puede ser que unos hermanos en la familia vivan en la opulencia, una opulencia a veces escandalosa, y otros hermanos de la misma familia no tengan lo imprescindible para vivir.

Cristianos

Es importante que, en nuestras reflexiones cristianas, en nuestros planteamientos de fe, nos demos cuenta de la identificación de Cristo con quienes sufren, con los débiles, con los pequeños, más allá de su talla moral, de sus planteamientos éticos o de su religión. Cada ser humano merece para nosotros la condición de hijo y hermano. Esto nos lleva a una reflexión, a tomar decisiones concretas que van desde la acogida, la escucha, la protección, la integración.

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