"Tiempo de fe, esperanza y caridad": El mapa secreto de Enrique Montalt para salvar la fe en pleno colapso
Prólogo a un ensayo imprescindible que nos invita a perder el miedo y a derribar los ídolos del rendimiento y el mercado
"LA FECUNDIDAD DE UNA MIRADA" (Mi prólogo al precioso libro de los Hnos. Montalt Alcayde)
Este es el tiempo en que nos ha tocado vivir; un tiempo de encrucijadas, de ruidos que ensordecen el alma y de una lógica del desarrollo que, en su afán por cuantificar la existencia, ha terminado por deshumanizarla.
Recibo con profunda alegría este libro de Enrique Montalt Alcayde, Tiempo de fe, esperanza y caridad, no solo por el rigor de sus páginas, sino porque en ellas reconozco el eco de un diálogo que comenzó tiempo atrás. Hay obras que no solo analizan el tiempo, sino que auscultan y disciernen, en medio del ruido y la confusión, el pulso profundo de la historia, y saben extraer su melodía secreta: la de la posibilidad. Este ensayo es, en esencia, una carta a ese tiempo: un tiempo de gracia, un kairós inaplazable.
La expresión que da espíritu a esta obra, “Este es el tiempo en que nos ha tocado vivir”, resuena con una carga existencial que atraviesa la mejor tradición del ensayo europeo. Evoca inevitablemente el espíritu de Stefan Zweig en El mundo de ayer, quien reflexiona sobre la fragilidad de la civilización y el reto de habitar una época de colapsos. Sin olvidar que esta frase también nos sitúa en la estela de Hannah Arendt, quien nos recordó con su obra la necesidad de buscar "luces en tiempos de oscuridad", o la de la resistencia al horror que profesaba Dietrich Bonhoeffer, quien supo anunciar que el cristiano debe vivir el tiempo presente ante Dios, aunque este parezca un tiempo sin Dios, esta idea, tal y como nos lo transmitía Julián Marías, nos habla claramente de la aceptación de la propia circunstancia histórica como tarea ética indispensable. “¡Ojalá nada de esto hubiera ocurrido!”, advierte Frodo en esa gran obra de Tolkien (El señor de los anillos) cuando este se viene abajo con el mundo presente y sus luchas. A lo que Gandalf le responde: “Eso desean los que viven estos tiempos, pero no les toca a ellos decidir. Lo único que podemos decidir es qué hacer con el tiempo que se nos ha dado”. Y Enrique Montalt ha decidido que este tiempo, por difícil que sea, es el lugar de la salvación.
En mi obra El amor es el límite, sostuve la tesis de que el amor no es un añadido sentimental a la inteligencia, sino la condición misma de posibilidad para un conocimiento verdadero. Porque cuando con nuestras palabras y obras traducimos “Dios” por “Amor” los universos de comprensión de los interlocutores se conectan. Este lenguaje, bien explicado, es todavía hoy (en la posmodernidad) universal y bien acogido. El amor, pues, quedaba como el único límite, como horizonte hermenéutico capaz de comprender la realidad; sin él, solo vemos fragmentos, nunca el sentido. Esta idea germinó con fuerza en el anterior trabajo de Enrique Montalt, Amo, luego conozco, donde rescataba el afecto como la vía regia para habitar el mundo. Hoy, esa semilla ha crecido y se ha convertido en una propuesta teológica y sociológica de gran calado. Lo que antes era una intuición antropológica, en esta obra se despliega como una hoja de ruta para la supervivencia del espíritu: si el amor es el límite de nuestro conocimiento, ¿cómo amar en una sociedad que solo entiende de rendimientos?
I. Las sombras de la modernidad y el asalto a la lógica del desarrollo
A lo largo del libro, Enrique Montalt analiza sin complacencias las sombras de la modernidad tardía: la lógica inhumana del rendimiento, la colonización técnica de la vida, la evaporación del sentido, la privatización de la fe y la soledad interior del individuo contemporáneo. Su mirada es crítica, pero no pesimista. Allí donde muchos solo ven derrumbe, él intuye un tiempo favorable para purificar la fe, liberarla de sus adherencias culturales y redescubrir su corazón místico y liberador.
El autor nos planta con valentía en esta encrucijada del siglo XXI, donde los grandes mitos del progreso ilimitado han colapsado. Apoyándose en la sociología crítica de José María Mardones, denuncia una modernidad que ha confundido el bienestar con la acumulación. Solo quien ama es capaz de percibir la grieta por donde se cuela el Misterio, resistiéndose a ser una simple pieza en el engranaje de la productividad. Al rescatar la primacía de la persona, el libro nos devuelve la capacidad de decir "no" a un sistema que nos deshumaniza, recordándonos que el desarrollo debe detenerse ante la sagrada vulnerabilidad del otro.
II. La permanencia de lo sagrado: Más allá del mito de la secularización
Uno de los grandes méritos del autor es mostrar que la secularización no equivale a la desaparición de la religión, sino a su transformación. Frente a quienes pensaban que la modernidad acabaría con Dios, Enrique está convencido de que la religión no va a desaparecer, una idea que también sostiene Manuel Fraijó. Siguiendo a José Casanova, el autor desmonta el viejo mito del inevitable declive religioso y propone entender este tiempo como una oportunidad para un cristianismo más humilde, más evangélico y más cercano a la realidad concreta de las personas.
La fe no sobrevive como un objeto antiguo en un museo. Esta sigue siendo necesaria para el ser humano: nos ayuda a gestionar el dolor, a encontrar sentido y a mantenernos abiertos a la trascendencia. Pero esta permanencia exige una purificación. Siguiendo a Juan Martín Velasco, Enrique reclama que la religión sea realmente religión, una palabra pública capaz de humanizar lo social siempre que renuncie a toda pretensión de poder. En este punto, es de gran acierto la crítica serena que el autor realiza a Habermas: la ética del discurso puede organizar la convivencia, pero no reemplazar la fuerza simbólica de la tradición religiosa. Aquí destaca la intuición de Johann Baptist Metz: la teología solo es auténtica si es memoria de las víctimas (Memoria passionis).
III. El corazón místico de la nueva evangelización
El núcleo más luminoso del libro es, quizá, su defensa de la mística como condición imprescindible de la nueva evangelización. Montalt afirma —siguiendo a Karl Rahner— que el cristiano del futuro será místico o no será. Y no se refiere a experiencias extraordinarias, sino a una interioridad despierta capaz de silencio, escucha, contemplación y apertura al Misterio.
¿Salvará la mística a la evangelización de perecer por falta de experiencia? La respuesta de Enrique es transitar por la vía de la autenticidad radical. La evangelización no necesita más estrategias ni "marketing eclesial": necesita testigos que hayan experimentado a Dios. Sin esta profundidad, el cristianismo corre el riesgo de convertirse en un dogma rígido o en una fe reducida a producto de consumo individualista. Solo una fe que "sabe" a Dios tiene la fuerza suficiente para ser una respuesta cristiana válida ante la cultura postmoderna: “saber” y “sabor”.
IV. La kénosis: Derribar los ídolos para encontrar al Dios Vivo
La lucidez de Montalt Alcayde se manifiesta especialmente en su purificación de la imagen de Dios. El autor nos guía a través de un ejercicio de kénosis teológica: derriba el ídolo del miedo y rechaza al Dios controlador de la vieja cristiandad. Su lucidez profética exige a la fe dejar de mirar hacia lo institucional y lo jurídico para enfrentar la idolatría del sistema —el mercado, el poder, la guerra— con la única arma digna: la solidaridad y la opción por los pobres.
Inspirado por autores como José María Castillo o Juan Antonio Estrada, Enrique aplica la primacía del amor para presentarnos al Dios que se autolimita y se retira para que el ser humano pueda ser libre y adulto. En este sentido, las nueve imágenes de Dios recopiladas por el autor constituyen un aporte pedagógico de enorme valor: desmontan al Dios del castigo y conducen al lector hacia el Dios de la libertad, de la paz, de la vida, del gozo y de la Trinidad relacional. En un tiempo donde muchos han dejado de creer más por rechazo a una imagen falsa de Dios que por indiferencia, estas imágenes ofrecen un camino de reconciliación espiritual.
V. Hacia una fe de intemperie y comunidad viva
En el análisis de la Nueva Evangelización, Enrique dialoga con Pedro Casaldáliga y José María Vigil, situando a Dios en la periferia y la fragilidad. Para construir esperanza, como bien apunta citando a José Luis González-Carvajal, hay que "servir a los de abajo". La esperanza no es un optimismo ingenuo, sino una tenacidad que sabe que, aunque parezca tarde, "es nuestra hora".
Como toda obra abierta, viva, esta también deja espacio para el debate. No está cerrada. Su amplitud temática es exigente; algunas transiciones entre lo sociológico y lo espiritual pueden dar para interesantes discusiones espirituales y teológico-políticas, y ciertas propuestas pastorales requieren seguramente de un mayor desarrollo práctico. Sin embargo, estas observaciones no desmerecen la relevancia del libro: más bien subrayan la riqueza y complejidad de lo que se quiere abordar, y la necesidad de traducción personal y comunitaria que este libro requiere. Aunque tanto a Enrique como a mí nos gusta escribir y soñar despiertos, la Iglesia necesita cambios profundos. Es una obligación de todos saber leer los signos de los tiempos y, sin traicionar la esencia del mensaje de Jesús, traducirlo adecuadamente a los oídos, las mentes y los corazones de las personas que habitan nuestro mundo. ¿O es que acaso el mensaje de Dios ya hoy no tiene la misma validez?
Conclusión
Este libro nos recuerda que no elegimos el tiempo en que vivimos, pero sí elegimos cómo vivirlo. Y este tiempo —aunque incierto, complejo y a veces árido— puede convertirse en un terreno fértil para una fe más libre, más honda y más luminosa. Enrique Montalt nos invita a mirar de frente la postmodernidad, no para lamentarnos, sino para acogerla como el lugar donde Dios sigue hablando, aunque de formas nuevas y sorprendentes.
Expreso mi más sincera gratitud a Enrique Montalt Alcayde por esta obra fundamental, Tiempo de fe, esperanza y caridad. Gracias por su visión aguda, por no temer al vacío y por señalarnos que el futuro de la fe pasa necesariamente por la conversión y la comunidad viva. Que este libro sea, para el lector, un espejo para reconocer las sombras de nuestro tiempo y una brújula para navegar hacia ese tiempo de gracia que ya nos ha sido dado.
Quien se adentre en estas páginas no encontrará respuestas rápidas ni soluciones prefabricadas. Encontrará, más bien, una guía para ahondar en la propia interioridad y una invitación a dejar que el Misterio de Dios vuelva a ocupar el centro de su vida. Porque, en última instancia, solo el amor es el límite que nos permite ver más allá; y solo el amor salvará este tiempo que nos ha tocado vivir.
Se abre ante nosotros un tiempo nuevo —antiguo como el Evangelio—: tiempo de fe que calla y contempla, deesperanza que se inclina sobre la fragilidad, y de caridad que reconoce, estremecida, en cada rostro, la sagrada vulnerabilidad del hermano.
Pregunta.:¿Dónde puede encontrar esta interesante obra?
Respuesta. En las mejores librerías.
P. ¿En qué Editorial ha sido publicada?
R. Está publicada en la Editorial Tirant Lo Blanch