Sobre el Universo: origen y devenir. Cosmogonías y aromas de Oriente y Occidente (3/10)
Por MANUEL BARREDA.
3. TEORÍAS CIENTÍFICAS SOBRE EL ORIGEN DEL COSMOS.
Hace décadas que Occidente considera desvelada la historia del drama del Universo. Este se originó hace unos 13.700 millones de años (tres veces la edad del sistema solar, Tierra incluida) mediante una Gran Explosión (el Big Bang*), pero su final no está tan claro, siendo posibles la eterna expansión (Big Rip) con una lenta muerte térmica asociada (Big Freeze), como creen a partir de ciertos datos una mayoría de los científicos de la NASA, o una Gran Implosión o Gran Colapso (Big Crunch), como hasta hace menos de dos décadas creían posible bastantes científicos y ahora muy pocos defienden, una vez parece haberse constatado que la expansión del Universo se acelera con el transcurso del tiempo.
(Son los datos y su interpretación los que rigen y hacen bascular las mayorías en este mundo de expertos, al tiempo inteligentes, bien informados, y más refractarios que otros a asumir prejuicios o dejarse influir por preferencias personales).
No hay mucha duda sobre nuestra procedencia de un Big Bang. Disponemos de al menos tres evidencias empíricas que apoyan dicha teoría cosmológica:
1) la expansión del universo que se expresa en la Ley de Hubble y que se puede apreciar en el corrimiento hacia el rojo de las galaxias;
2) las medidas detalladas del fondo cósmico de microondas; y
3) la abundancia de elementos ligeros.
Además, la estructura a gran escala del Universo encaja con la teoría del (o de al menos un) Big Bang.
Dándose por supuesto que la gravedad es una fuerza atractiva, se ha considerado que la diferencia entre un futuro que acabe en Big Crunch o en Big Rip reside en la densidad de nuestro Universo: si este tuviera una densidad crítica superior a 3 átomos por metro cúbico, la expansión actual (producida por el Big Bang) se irá frenando hasta el inicio de una imparable contracción, hasta que toda la materia quede comprimida en un punto equivalente al propuesto para el instante en que se produjo la Gran Explosión.
Tal posibilidad hizo inevitable la propuesta de un universo oscilante (Big Bounce). Es curioso que una idea tan actual y ajena a cualquier visión mítica tradicional se haya incluido en una conocida propuesta hindú: el Universo es “la respiración de Brahma”.
Hoy tiende a considerarse más probable la muerte por expansión progresiva (extensión y enfriamiento, anuladores de densidad material –salvo en el interior de algunos puntos esparcidos de colapso gravitatorio- y disipadores extremos de energía).
La alternativa (Universo implosivo) dependía de considerar que, siempre que la masa “oculta” (acaso más del 90%) llegara a superar el valor crítico necesario para que la gravedad se imponga, de modo que retornara a un punto casi sin dimensiones y de densidad extremadamente masiva (casi infinita, se dice exagerando un tanto). Se trataría de un Big Crunch.
Pero hoy se nos advierte (lo hace Paul Steinhardt en “Endless Universe”, lo resume nuestro E. Punset en “El viaje al poder de la mente” y en una entrevista que pueden hallar en pdf en la web –ver “redes”: “No hay uno sino varios universos”) que, contra lo que se pensaba, “la mayor parte de la energía que hay ahora en el Universo es de tipo autorrepulsivo”, no atractivo. Y ello decanta la balanza a favor de un Universo eternamente expansivo: “somos los penúltimos testigos de un Universo iluminado” (apenas la galaxia Andrómeda nos acompañará en nuestra deriva sin fin y enfriamiento final).
Y, sin embargo, aun sin el colapso gravitatorio que se entendía necesario para un Universo infinito (versión oscilante o “Big Bounce”), resulta que “la expansión tampoco es el final”(para Steinhardt y su equipo).
El Universo parece ser efectivamente cíclico, aunque de acuerdo a un modelo no implosivo.
Que el Universo se vacíe y se restablezca cierto grado de simplicidad es un prerrequisito para que la energía oscura sufra “una especie de descomposición”, de modo que se descomponga de nuevo en materia, y vuelva a llenar el universo con nueva materia y radiación, dando lugar a un nuevo episodio de formación de galaxias y estrellas. De modo que el Universo renace en varios puntos distantes.
Cada cierto tiempo resurgen mundos que “se llenan de gas muy caliente que luego se expande y enfría para formar nuevos átomos y polvo, planetas, estrellas y materia”.
Este “Universo cíclico” constituye una propuesta teórica que va más allá de una lucubración hipotética, pues se basa en indicios:
A partir de una simple explosión violenta y drástica como el Big Bang, el Universo que habríamos terminado habitando sería mucho menos uniforme del que estamos contemplando. El espacio estaría más curvado y el Universo mucho más distorsionado. Basándonos en lo que vemos en este segundo acto, hasta ahora creíamos, equivocadamente, que la explicación más sencilla era que el Universo tuvo algún principio: el Big Bang. Pero no parece que haya sido así
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La idea es que el Big Bang no ha sucedido una sola vez, sino que se produce a intervalos regulares, y que esas arrugas que fueron tan importantes para configurar la estructura del Universo se crearon antes del Big Bang y se corresponden con acontecimientos anteriores que determinan la evolución del siguiente ciclo.
Si entendemos que nuestro Universo fue generado en un Big Bang, hemos de concebirnos llegando en un segundo acto. Cada ciclo deja una huella en el inmediato posterior y todos ellos están vinculados entre sí. “Este proceso se repite aproximadamente cada billón de años, por eso lo llamamos modelo cíclico” (sólo si nos quisiéramos incluir como protagonistas del segundo acto podemos dividirlo didácticamente en tres tiempos).
Esta teoría también se conoce como Teoría de las “multiexplosiones” y puede incluirse como integrante de pleno derecho en la de los Multiversos y Universos paralelos.
¿Qué habríamos de cambiar de nuestra concepción, de confirmarse la teoría? El resumen, en el próximo artículo.
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* Teoría propuesta por G. Lamaître en 1927, mejorada por S. Hawking en 1971 y confirmada por G. Smoot en 1992. Debe su efectista nombre a un F. Hoyle que rechazaba la teoría y pretendía un enunciado caricaturesco.