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El caso y el ocaso de los convertidos.

Hoy se celebra "la conversión de San Pablo". Fiesta "lógica", dado que Pablo de Tarso es el verdadero fundador del cristianismo, el ideólogo, el teórico, el propagador, el apóstol por excelencia… Cristo el pretexto.

El caso de Pablo de Tarso, que pasa de perseguidor a convencido apóstol, no es frecuente. Cuando se da, la credulidad entera lanza las campanas al vuelo para proclamarlo a los cuatro vientos.

Sí es más frecuente el caso contrario, que de apóstoles surjan perseguidores. ¿Por qué? La conversión de Pablo de Tarso es oscura en el origen, en el cómo de la transformación. Preciso es constatar, según opiniones autorizdas, la existencia en él de una mente privilegiada dentro de una personalidad patológica y un físico, según sus palabras, bastante "deteriorado". Harto se ha escrito sobre el carácter enfermizo de tal personaje (no, desde luego, dentro del ámbito crédulo). Lo dejaremos para otra ocasión.

En cualquier debate de este cariz, siempre aportan los crédulos conversiones al cristianismo de personajes preclaros, "celebridades". Tales conversiones individuales son las que más “les” interesan, dado que las conversiones multitudinarias son puro bulto y casi siempre han sido forzadas (se convierte el rey, se convierte el pueblo entero; se conquista una ciudad, se cambia de religión; se conquista un territorio, se obliga a la conversión a los vencidos…). Las de individuos ilustres siempre serán, en proporción al número de fieles, en modo alguno significativas. Y su número, en comparación a las “desconversiones”, ínfimo.

El caso contrario, el abandono de tal o cual religión, es más claro y los motivos evidentes. Los hay que han sentido la cruel utilización de sus vidas y el vacío de su existencia en pro de una creencia; otros que han pensado, han retornado sobre su propia humanidad previamente deshumanizada, han recobrado el aliento de lo humano; y casi todos han percibido la irracionalidad de aquello que sustentaba su vida...

La mayor parte olvida ese pasado crédulo aunque otros se revuelven contra aquello que secuestró sus existencias. Son éstos los que se convierten en perseguidores de cristianos. Y cuando el sentimiento se hace colectivo, dado que los motivos no se racionalizan (la guía de las pasiones y de las emociones), la persecución está asegurda.

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