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El quid de la enseñanza religiosa.

"El truco está en la edad: cuanto más viejos, más difícil es darles forma".

Conceptos, procedimientos y actitudes. Éste es el triple enunciado que secciona cualquier programación de las asignaturas preceptivas del currículo escolar. A decir verdad, tal disección hace relación a la metodología del profesor, no tanto del alumno: lo que debe aprender el niño, el modo cómo ha de aprenderlo y la formación de hábitos de conducta en consonancia.

Nunca la escuela ha dejado de ser "educativa", porque la escuela no sólo es aportación de saberes sino centro de convivencia, pero con los planes de estudio de los últimos decenios, España sigue estando cerca de la cola de Europa en cuanto a resultados. No discuto la deriva educativa, pero quizá sería mejor volver al siglo XIX, cuando el Ministerio de Educación se llamaba “Ministerio de Instrucción”. Y no digamos nada respecto a que fuera "educación nacional".

La educación propiamente dicha no es tarea “esencial” de la escuela (tangencial, quizá). Son los padres, en los primeros años, los que marcan las pautas de conducta en los niños. A partir de la adolescencia es el propio individuo el que debe reflexionar sobre lo que le dicen. Y a reflexionar sí que debe enseñar la escuela.

El domingo día 12 de abril, en la Hoja Parroquial la Conf.Episcopal informaba de que el 63.5 % de los niños –de los padres— eligen “enseñanza religiosa” en la escuela. El dato es el dato y esto supone un interés cierto de los padres por que los niños conozcan la religión dominante en su entorno. Me parece bien. Otra cuestión es qué religión estudiar y cómo, porque hay un porcentaje alto de musulmanes en España, de tal modo que resulta preceptiva la decisión de los padres. En las mezquitas el adoctrinamiento de los niños es verdaderamente brutal, incluso en España.

Defiendo el estudio de la religión (no confundir con lo que la Jerarquía Católica pretende, la “enseñanza religiosa” estilo catequesis, que no es otra cosa que adoctrinamiento). Defiendo el conocimiento de la religión... y de las religiones, porque un individuo que no conozca la religión mayoritaria de su sociedad tiene amputados sus conocimientos, navega en muchos aspectos sin saber por dónde, desconoce un área importante de la vida. La religión ha conformado la cultura de nuestra sociedad y es preciso conocer su historia, sus fundamentos y también sus consecuencias.

Sin embargo existe el peligro que deriva de la primera frase puesta arriba: conceptos, procedimientos, actitudes. En otras palabras, y en lo que respecto al alumno, conocer, saber cómo obrar, tener criterios.

Tengo en mis manos un libro de hace ya bastantes años, “SOCIEDAD, CULTURA Y RELIGIÓN. RELIGIÓN CATÓLICA.- EL AMOR DE DIOS.- 1 EDUCACIÓN PRIMARIA. Comisión episcopal de enseñanza”. En poco puede diferir de los actuales.

El libro de texto comienza así: La creación es obra de Dios. Dios lo ha hecho todo bueno. Esta afirmación crédula y mitológica, ni el niño ni la mayor parte de la gente serán capaces de repensar, rebatir, confirmar o incluso comprender. Se admite como si del teorema de Pitágoras se tratara.

Cierto es, como arguyen los crédulos más romos, que tampoco estará el niño en condiciones de poder confirmar o rebatir cualquier otra verdad científica, fruto del pensamiento racional. Aducir tal argumento sólo puede indicar el grado de cazurrería mental que puede anidar en quien de tal manera arguye.

Los conocimientos que el niño ha de adquirir tienen el marchamo de la verdad científica: son conocimiento confirmados, experimentados, ciertos en definitivia. Ni el niño ni la mayor parte de nosotros podemos confirmarlos o rebatirlos, pero ya lo han hecho los científicos, especialistas en tal o cual rama del saber: nadie discute las fórmulas de la electricidad, nadie discute las ecuaciones matemáticas ni los conocimientos geográficos.

No sucede lo mismo con la religión. La primera afirmación --"la creación es obra de Dios"-- es una petición de principio pura y dura, verdad imposible de probar, que no se replantea nada y que choca frontalmente y cierra las puertas a cualquier consideración o descubrimiento científicos. Con el añadido de que los especialistas que podrían decir algo sobre el asunto o bien la niegan o bien se mantienen escépticos ante tal afirmación. Y no digamos nada si se compara el "modo" como el mundo ha sido creado según las distintas creencias religiosas.

Asimismo reproduce mitos de hace al menos seis mil años, generados en sociedades agrícolas atrasadas, sin ningún sentido en nuestra sociedad actual, mitos que, por su simplicidad, se clavan para siempre en la mente del niño y perduran en la juventud y madurez.

Sólo una profunda catarsis de lógica y de raciocinio podría arrumbar tales mitos, pero es un proceso imposible para la gran mayoría de las personas, dedicadas de por vida a intentar vivir y... ver la televisión. Como decimos es una afirmación, la primera, que da por supuesto a Dios y un Dios creador, afirmación que, “lógica y teológicamente”, llevará a suponer la existencia de engendros derivados: ángeles, demonios, pueblo de Dios, salvación, cristianismo; iglesia, templos, casas de Dios, estamento sacerdotal; prácticas piadosas, procesiones; lavados de cerebro, tiranías mentales...

Contra todo eso muchos decimos “no”. No se puede inocular en el niño eso de que "Dios creó el cielo y la tierra". Ha de haber añadidos explicativos que pongan las cosas en su sitio y que, más tarde, le hagan pensar, discernir y decidir: "dice la Iglesia", "en otros tiempos se decía", "todas las religiones dicen", "el mito de la creación"... y similares.

Es lógico que si yo o cualquier “uno” tiene la capacidad de decidir, decida según los principios que nos animan, para, a partir de las leyes presentes, tratar de reformar las que existen, todo en aras de evitar el adoctrinamiento infantil: eso lo haría yo y deben admitirlo así todos los ciudadanos que se rigen por las mismas leyes fundamentales.

Aquellos polvos de “reconocimiento constitucional de la religión católica” traen estos lodos de enseñanzas primarias. De ahí el triunfo –mínimo, pero triunfo— de no sacar a relucir la tradición cristiana en la Constitución Europea... aunque no fuera aprobada.

Insisto de nuevo en que la misma convicción que tienen los crédulos para afirmar lo primero –“La creación es obra de Dios”— la tengamos muchos para negarlo. Los conocimientos en evolución, psicología e incluso astronomía actuales son un revulsivo excesivamente fuerte como para navegar en simplezas que nada explican.

No remitan posteriormente a consideraciones y fundamentos moralistas, vitalistas, consideraciones sobre la virtualidad de la creencia para generar bondad: éstas otras consideraciones son posteriores; son de otra índole y con otro tratamiento: simplemente, la primera afirmación en el primer libro de la primera etapa formativa del niño es para muchos una aberración que no se puede enseñar a los niños.

Reconocemos el derecho que la Conferencia E.E. tiene para defender “lo suyo”. Luche pues la CEE con otras armas, pero sabiendo que en esto –quizá sólo en esto-- los gobiernos que no transijan con adoctrinamientos tendrán el apoyo de muchos como yo.

¿Se imaginan un adoctrinamiento musulmán similar en las escuelas? Pues deduzcan en consecuencia. Ser mayoritaria no es marchamo de verdad.

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