Jesús no negó que pudiera ser rey, pero dejó muy claro que su realeza no tenía nada que ver con el modo como los reyes y gobernadores de este mundo ejercían el poder.
El acontecimiento, que los cristianos celebran el 25 de diciembre, ha sido aprovechado por el mundo de la diversión y del dinero para hacer juerga y negocio.
La fiesta de todos los santos y la conmemoración de los fieles difuntos son una ocasión para recordar que la verdadera cuestión frente a la muerte, no es la muerte misma, sino el modo de vivir y la esperanza con la que morimos.
La tarea del misionero es anunciar el Evangelio con sus mejores disposiciones, sin cansarse nunca de hacer el bien. La conversión es responsabilidad de cada uno.
Se trata de un Sínodo de Obispos, pero los laicos, a su lado, no sólo no les hacen sombra ni les quitan protagonismo, sino que enriquecen los puntos de vista y ofrecen perspectivas que se detectan mejor desde el estado laical. Todos somos Iglesia por el mismo título del bautismo.
Si hacemos del 12 de octubre un encuentro de personas, se encuentren donde se encuentren, y, si además, somos creyentes, y ponemos estos encuentros bajo la mirada de la Virgen del Pilar, estaremos haciendo de este mundo un anticipo del Reino de los cielos.
¿Por qué hay tantos fracasos en el amor? Porque, en el fondo, muchos sólo se buscan a sí mismos. Y, por encima del otro, colocan el propio éxito, enriquecimiento, triunfo o poder.
El Papa insiste en la necesidad de una Iglesia acogedora, una Iglesia de puertas abiertas, no una Iglesia de puros o de perfectos, sino una Iglesia en la que los impuros y los imperfectos hacen lo que pueden.
El problema de las grandes palabras es que pueden corromperse, no tanto por la firmeza con que se defienden, sino cuando se utilizan para atacar o descalificar a otros.
Una Iglesia en salida, al encuentro de las personas, una Iglesia que escucha, que conoce los problemas, es una Iglesia que se enriquece, porque descubre nuevas virtualidades del evangelio y nuevas posibilidades de hacer el bien
La Asunción de la Virgen María apunta al destino al que todos aspiramos. Recordar la meta ayuda a soportar las dificultades que encontramos en el camino.
Con motivo de la fiesta de Santo Domingo de Guzmán, que se celebra el 8 de agosto, ofrezco una reflexión sobre el modo como hoy debe anunciarse el Evangelio. No por imposición, tampoco desde un pedestal.
El reconocimiento de la dignidad de la persona debería inspirar todas las leyes y disposiciones de los Estados. Hay unos derechos y valores fundamentales que no son creados ni otorgados por el legislador, sino que son propios de cada uno.
Hace 700 años, el 18 de julio de 1323, fue canonizado Tomás de Aquino, buscador de la verdad, hombre de estudio, pero sobre todo hombre de profunda fe.
Por ser imagen de Dios, todo ser humano posee un valor absoluto e incondicional, un valor que va más allá de su aparente caducidad, un valor que va más allá de lo que tiene o de su mayor o menor utilidad.
Dios se refleja en cada ser humano; más aún, Dios comparte algo de sí mismo con la criatura, de modo que un atentado contra el ser humano es un atentado contra Dios.
Para cumplir el consejo de Jesús de tratar al padre, al hijo, a la madre, a la esposa, al esposo, al compañero de trabajo, al jefe o al mandamás, no como nos trata, sino como quisiéramos que nos tratara, hay que pasar por la puerta estrecha.