Jordi Pacheco: "León XIV ha hecho suya la hoja de ruta del Vaticano II y del Papa Francisco"
"A Omella le tocó lidiar con el Procés, un período de alta tensión y polarización social y política. Creo que supo mantener el aplomo y apostar por la concordia en unos años difíciles para todos los catalanes y me atrevería a decir que incluso para el resto de españoles", explica el autor de 'León XIV y la Iglesia después de Francisco', que Claret sacará a la venta este 5 de mayo
"(Prevost) tiene claro que, como líder religioso global, su papel es predicar el evangelio, ayudar a crecer en la fe a los católicos y orientarlos para que no se dejen arrastrar por las tribulaciones del mundo actual ni por quienes atizan el odio. Paralelamente ha denunciado de forma contundente las guerras y la violación del derecho internacional. En el ámbito eclesial, tiene claro que incidir excesivamente en cuestiones que polarizan puede dañar la unidad. Por todo ello, su pontificado llega con una gran solidez a este primer aniversario". Jordi Pacheco, director de la Agencia Flama, medio asociado a Religión Digital, publica en castellano su exitoso (en catalán) 'León XIV y la Iglesia después de Francisco', que Claret sacará a la venta este 5 de mayo, en la previa de que se conozca el itinerario definitivo de su viaje a España. Hablamos con él del presente y el futuro de este pontificado, de la visita papal y de la Iglesia catalana.
Pregunta. ¿Quién es León XIV para Jordi Pacheco?
Respuesta. Desde el momento en que fue elegido, me pareció la persona ideal para guiar a la Iglesia en este mundo polarizado en el que los discursos de odio tienen cada vez más peso. Destacaría su equilibrio interior, su capacidad de afrontar los debates siempre de una forma serena y sin dejarse llevar por las presiones, la inmediatez o el ruido mediático.
P. ¿Cómo ha evolucionado tu mirada sobre el Papa en este año?
R. León XIV es fiel y cumple con lo que dijo en su primer saludo al mundo el 8 de mayo de 2025 cuando habló de paz, de una Iglesia sinodal, misionera, constructora de puentes y cercana a los que sufren. Ha hecho suya la hoja de ruta trazada por el Vaticano II y el papa Francisco para impulsar las grandes reformas, y la ha llevado un paso más allá, sobre todo en el ámbito de la sinodalidad, el ecumenismo, el diálogo con el islam i la promoción de la paz y la reconciliación entre los pueblos.
P. Vivimos un cónclave juntos, en el que ya apuntábamos la posibilidad de Prevost, pese a los ataques recibidos. ¿Crees que en este año ya ha aprendido a ser Papa?
R. Sin ninguna duda. Después de tomar el pulso a la Iglesia en sus primeros ocho meses de gobierno, en los que estuvo bastante condicionado por la agenda jubilar, ha establecido sus prioridades de gobierno, desde nombramientos importantes en la curia hasta la elección de los lugares donde viaja. Tiene claro que, como líder religioso global, su papel es predicar el evangelio, ayudar a crecer en la fe a los católicos y orientarlos para que no se dejen arrastrar por las tribulaciones del mundo actual ni por quienes atizan el odio. Paralelamente ha denunciado de forma contundente las guerras y la violación del derecho internacional. En el ámbito eclesial, tiene claro que incidir excesivamente en cuestiones que polarizan puede dañar la unidad. Por todo ello, su pontificado llega con una gran solidez a este primer aniversario.
P. Defíneme en cuatro, cinco, conceptos, las claves del pontificado.
R. Unidad, sinodalidad, misión, paz, centralidad de Cristo. Subrayó todos estos ejes esenciales en su primer discurso, como decía, insiste en ellos contínuamente, y a través de ellos cumplirá sus objetivos.
P. ¿Qué diferencias ves entre Prevost y Francisco?
R. Francisco fue un papa muy particular, que con una personalidad arrolladora se ganó el corazón de millones de católicos, que acercó a muchas personas a la Iglesia y que también tuvo detractores. Prevost es más prudente y ordenado. No improvisa tanto como su predecesor, pero es cercano al pueblo, capaz también de protagonizar gestos de gran ternura, gracias a su alma de pastor sinodal forjada en Perú. Hay quien compara —creo que con acierto— este relevo papal con el de Juan XXIII y Pablo VI en 1963. El primero puso las bases para cambiar de raíz la relación de la Iglesia con el mundo; al segundo, le tocó poner orden. Ahora pasa un poco igual. En la vida, después de un período de agitación, llega otro de calma. Esta regla parece cumplirse a veces sabiamente en la Iglesia.
P. León viene a España (Madrid, Barcelona, Sant Feliu, Canarias, Tenerife)… ¿qué supondrá esta visita?
R. Supone en primer lugar coherencia y continuidad del pontificado de Francisco, que si hubiera tenido más tiempo, probablemente habría hecho este viaje. Creo que la visita será una ocasión única para mostrar la belleza de la fe cristiana al gran público, sobre todo a la gente joven, que está sedienta de respuestas espirituales sólidas, que busca y no a veces no encuentra entre muchas propuestas que no siempre son válidas.
P. ¿Cómo se está viviendo en Catalunya? Parece que Gaudí fue un factor clave para aceptar esta visita.
R. Se vive con gran expectación, con el convencimiento de que el año Gaudí es una razón de mucho peso para hacerlo venir. El Govern de la Generalitat tiene mucho interés y esperanzas depositadas en esta visita, y junto con Montserrat y la Sagrada Familia, han hecho muchos esfuerzos durante los últimos años para que se produzca. Se dice que la visita de Benedicto XVI no suscitó tanto interés como esta que esperamos de León XIV. Ahora, creo que toca prepararse espiritualmente para la acogida del papa y no quedarse en otros elementos superficiales.
P. Después de la visita, tendrá que venir la sucesión del cardenal Omella. ¿Cómo ha sido su pontificado? ¿Por quién apostarías?
R. Ha sido un arzobispo cercano y ha superado importantes retos, como el de la nueva organización pastoral y territorial, aprobada el verano pasado. También ha denunciado con valentía las desigualdades y ha trabajado para unir esfuerzos de diferentes ámbitos de la sociedad para trabajar por el bien común. Le tocó lidiar con el Procés, un período de alta tensión y polarización social y política. Creo que supo mantener el aplomo y apostar por la concordia en unos años difíciles para todos los catalanes y me atrevería a decir que incluso para el resto de españoles. Se ha apoyado mucho en sus obispos auxiliares, porque su misión, como es sabido, ha trascendido el territorio diocesano, gracias a sus cargos en Roma y en la Conferencia Episcopal Española. No me atrevo apostar por un sucesor, siempre es una sorpresa!