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Mathieu, cardenal de Teherán: "Comprometámonos desde hoy con un camino de paz"

En una homilía pronunciada este miércioles, 18 de marzo, en Asís por el cardenal Dominique Mathieu, arzobispo de Teherán-Ispahán de los Latinos (Irán), reflexionó sobre el significado cristiano de «descansar en paz»

El cardenal de Teherán, Dominique Mathieu | Cathobel

(SIR).- "Descansar en paz no es un deseo banal, sino un clamor del corazón cristiano, una plegaria para que el alma del difunto encuentre, más allá del bullicio terrenal, el descanso divino, esa paz profunda que solo Dios puede dar". Fueron las palabras del cardenal Dominique Mathieu, arzobispo de Teherán-Ispahán de los Latinos, quien recientemente fue evacuado de Irán ante los bombardeos de Israel y Estados Unidos tras el inicio de la guerra el pasado 28 de febrero.

De ahí la invitación a mirar al Poverello de Asís: "Dirijamos nuestra mirada a San Francisco de Asís, el hombre de paz por excelencia, cuya vida nos enseña que esta paz no es meramente una promesa de la vida después de la muerte, sino una realidad que se vive, se da y se redescubre aquí en la tierra". Una paz, añadió, "viva, no un sueño vacío", arraigada en la tradición cristiana desde las catacumbas y en la esperanza de la resurrección.

Cardenal Dominique Mathieu (Foto Conventual Asís)

El cardenal repasó la vida del santo, recordando cómo Francisco «vivió en un mundo en llamas: guerras entre ciudades, cruzadas sangrientas, divisiones familiares y sociales», pero transformó esa violencia en un camino evangélico. "Dios", explicó, "lo refinó en el crisol del sufrimiento y lo tocó en las sombras", llevándolo a abandonar las armas y "abrazar el Evangelio: obediencia a la Iglesia, pobreza radical, castidad gozosa".

De la conversión a la misión

"Francisco predicó la reconciliación, restaurando la paz", dijo el cardenal, recordando episodios como su encuentro con el sultán al-Malik al-Kamil, que tuvo lugar "no con una espada en la mano, sino con respeto y paz", en un "gesto profético que desarmó los corazones". Y de nuevo: "En Gubbio, apaciguó al lobo, símbolo de división", demostrando una paz "social y ecológica".

Para el arzobispo de Teherán, Francisco "encarna todas las formas de paz: interior, comunitaria, social, humanitaria, ecológica y no violenta", resumidas en su saludo: "Que el Señor les dé la paz". Esta perspectiva también se dirige al presente: "En nuestro mundo actual, en medio de guerras lejanas, divisiones familiares, ansiedades personales y crisis ecológicas, la paz no es un horizonte lejano", porque "el Reino de Dios está entre ustedes".

"Como Francisco", exhortó el cardenal, "construyamos la paz en nuestros corazones con la oración, en las relaciones con el perdón, en la sociedad con la justicia". Y con imágenes cotidianas: "Cuántos lobos de Gubbio en disputas familiares, cuántos de Arezzo en nuestros barrios divididos". La paz, insistió, "se siembra con una presencia, una sonrisa, un gesto de reconciliación, incluso rechazando la violencia verbal en las redes sociales".

Finalmente, reflexionó sobre la muerte, reinterpretada a la luz del Cántico: "Francisco nos muestra que la paz interior transforma la muerte en una hermana, un paso hacia la paz eterna". Sus reliquias, veneradas en Asís, "no son un fin, sino un testimonio de resurrección". "Comprometámonos desde hoy con un camino de paz", concluyó el cardenal, invitando a gestos sencillos y concretos: "Reconcíliense, perdonad, apoyad al marginado". Porque, recordó, citando al Concilio, "la paz no es solo la ausencia de guerra, sino ante todo una obra de justicia". Y el mandato final: "Vayamos, pues, como portadores de la paz, a proclamar: ¡Paz a esta casa!".

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