El poema viral de Juan Gabriel Arias, misionero con los más pobres de Mozambique
Mantuvo una relación estrecha con el Papa Francisco, que apoyó su labor y lo puso como ejemplo de una "Iglesia en salida" hacia las periferias del mundo
El Padre Juan Gabriel Arias es un sacerdote argentino conocido por su labor misionera en Mozambique. Conocido cariñosamente como el "cura de Racing" por su ferviente pasión futbolística por el club argentino, Juan Gabriel dedica su vida a los más vulnerables en Mangundze, Mozambique. Tras varias misiones temporales, se instaló definitivamente en 2014 en esta zona rural, una de las más pobres del país africano
Mantuvo una relación estrecha con el Papa Francisco, que apoyó su labor y lo puso como ejemplo de una "Iglesia en salida" hacia las periferias del mundo. Su vida se resume en una frase que suele repetir: "Dios no necesita soldados, necesita hermanos".
Aunque el mensaje-poema, que les presentamos hoy, ha circulado ampliamente en redes sociales y blogs religiosos como una reflexión sobre la fe en tiempos de crisis, el Padre Juan Gabriel lo escribió originalmente para invitar a aquellos que se sienten alejados de la Iglesia a encontrar un espacio de acogida y humanidad, basándose en su experiencia directa con el sufrimiento y la resiliencia en África.
Hermanos, hermanas…
A ustedes les hablo, sobre todo a los que ya no creen, no esperan, no oran, porque piensan que Dios se fue.
A los que están hartos de los escándalos, del poder mal usado, del silencio de una Iglesia que a veces parece más palacio que casa.
Yo también me enojé con Dios.
Yo también vi morir gente buena, sufrir a los niños, llorar a los abuelos sin medicina.
Y sí… hubo días en los que recé y sentí solo eco.
Pero luego descubrí algo:
Dios no grita. Dios susurra.
Y a veces susurra desde el barro, desde el dolor, desde una abuela que te da de comer sin tener nada.
Yo no vengo a ofrecerles una fe perfecta.
Vengo a decirles que la fe es una caminata con piedras, charcos y abrazos inesperados.
No te pido que creas en todo.
Te pido que no cierres la puerta. Que le des una oportunidad al Dios que te espera sin juzgarte.
Soy solo un cura que vio a Dios en la sonrisa de una mujer que perdió a su hijo… y aún así cocinaba para los demás.
Eso me cambió.
Así que si estás roto, si no crees, si estás cansado de las mentiras…
ven igual. Con tu rabia, tu duda, tu mochila sucia.
Aquí nadie va a pedirte tarjeta VIP.
Porque esta Iglesia, mientras yo respire, será casa para los que no tienen casa, y descanso para los que están agotados.
Dios no necesita soldados.
Necesita hermanos.
Y tú, sí, tú…
eres uno de ellos.