Textos de Francisco y Poemas 8. FRANCISCO Y LOS ANIMALES

Nido de poesía: Nicolás de la Carrera
03 mar 2014 - 14:40
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La fotografía presente de un Papa Francisco sosteniendo alrededor del cuello un corderito y sonriendo de felicidad ("yo soy el buen pastor..."), acerca a nuestro tiempo la alegría del loco de Asís en contacto con la naturaleza y especialmente con los animales. Tenía Francisco tierna predilección por los seres vivos de la creación, y muy en particular por los más inocentes, por los más pacíficos. Como el cordero, símbolo pascual con el que Jesús se identifica, y a quien, después de la Pasión, Dios resucita...

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Dispongo de un grueso centón lírico, "Antología de poetas hispánicos. Homenaje a Francisco de Asís", Coculsa 1982, de casi mil páginas y 421 poemas sobre el Poverello, su vida y obra. Están escritos todos ellos, al margen de su valor literario, con sensibilidad y devoción. Me permito, en este apresurado homenaje, dar a conocer y disfrutar dos poemas simpáticos y edificantes.

Me gustaría advertir, desde el principio, que, al mencionar el nombre de Francisco, me refiero con ambigüedad al poverello de la Umbría y al recién estrenado Pontífice. Las imágenes del Papa Bergoglio bendiciendo animales como bendice y acaricia niños y adultos de todas las edades, razas y condiciones, me parecen un bello testimonio de identificación con el santo de Asís y, en última o primera instancia, con el Resucitado y Salvador de todos.

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QUE ENCONTRÉIS EN LAS MAÑANAS MUY AZULES LOS CAMINOS...

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En imagen, una pareja infantil suelta dos blancas palomas desde la ventana papal. La idílica buena acción terminó mal, porque las cándidas aves fueron brutalmente atacadas por un cuervo y una paloma. Tres días después, en la audiencia general del miércoles, un verde loro llamado Amore voló al dedo índice que le ofrecía Francisco. Y parece que se puso a repetir con la multitud la frase "¡el Papa!, ¡el Papa!" que coreaban los peregrinos.

El primer poema de hoy, que veremos a continuación, se nos entrega con misterio. No aparece firmado, diríamos que es anónimo. Pero tiene su encanto, muy franciscano. Fijaos que hasta llega a presentar al Santo de las avecicas tan feliz en el vuelo y revuelo pajarero que, acompañándolas por sus aéreos caminos, viajaría con ellas piando y levitando con amor y alegría:

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HERMANITOS PÁJAROS

En la suavidad del cielo

la silueta de Francisco

tan leve como los pájaros

tan pura corno los lirios.

Todas las aves de Asís

abandonaron sus nidos

para escuchar la doctrina

del santo Hermano Francisco.

El color de los plumajes,

la música de los trinos,

son la delicia más pura

para el hermano Francisco.

«Alabemos al Señor;

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cantemos, mis hermanitos,

porque está fresca la yerba

y da sus aguas el río...

Que vuestras alas ligeras

os lleven sobre los trigos,

que encontréis en las mañanas

muy azules los caminos...

Alabemos al Señor,

cantemos mis hermanitos...»

Y era tanta la alegría

del dulce hermano Francisco

que cantando con los pájaros

volaba por los caminos...

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LOS MOTIVOS DEL LOBO

Uno de los episodios más famosos de Francisco de Asís es la pacificación de un peligroso animal, el lobo de Gubbio, que no solo devoraba ganado sino también hombres. Tres años antes de su fallecimiento, en 1913, publica Rubén Darío un extenso relato de 170 versos sobre el milagro del lobo, "Los motivos del lobo". Ofrecemos un par de secciones que nos podrían ilustrar acerca de la sensibilidad y expresividad dramática, y acaso también de la religiosidad, del poeta nicaragüense.

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En la foto contigua, Alessandro Forlani, un periodista italiano ciego, ha tenido la suerte de poder saludar personalmente al Papa Francisco, acompañado de su perro guía, Asia. Según ha relatado Forlani, el Papa le preguntó cómo se llamaba y a qué se dedicaba. Después, el periodista italiano le pidió una «bendición especial» para su hija y su mujer. «El Papa pensó en mi perro y dijo: "y una también para el perro", se inclinó y lo acarició.»

Volvamos al poema de Rubén Darío. Se acerca Francisco al terrible animal, que no es precisamente un san bernardo, con un saludo muy franciscano, muy litúrgico, algo así como una bendición: “¡Paz, hermano lobo!”. Le recrimina su violencia que tanto daño causa a los campesinos. Así responde, contrita pero razonadora, la peligrosa fiera:

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Y el gran lobo, humilde: “¡Es duro el invierno,

y es horrible el hambre! En el bosque helado

no hallé qué comer; y busqué el ganado,

y en veces comí ganado y pastor.

¿La sangre? Yo vi más de un cazador

sobre su caballo, llevando el azor

al puño; o correr tras el jabalí,

el oso o el ciervo; y a más de uno vi

mancharse de sangre, herir, torturar,

de las roncas trompas al sordo clamor,

a los animales de Nuestro Señor.

Y no era por hambre, que iban a cazar.”

Francisco responde: “En el hombre existe

mala levadura.

Cuando nace viene con pecado. Es triste.

Mas el alma simple de la bestia es pura.

Tú vas a tener

desde hoy qué comer.

Dejarás en paz

rebaños y gente en este país.

¡Que Dios melifique tu ser montaraz!”

“Está bien, hermano Francisco de Asís.”

“Ante el Señor, que todo ata y desata,

en fe de promesa tiéndeme la pata."

El lobo tendió la pata al hermano

de Asís, que a su vez le alargó la mano.

Fueron a la aldea. La gente veía

y lo que miraba casi no creía.

Tras el religioso iba el lobo fiero,

y, baja la testa, quieto le seguía

como un can de casa, o como un cordero.

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Comunicó Francisco, en la plaza, a la gente el compromiso del lobo de no matar. Y pidió y obtuvo del pueblo la obligación de alimentarlo y cuidarlo:

Algún tiempo estuvo el lobo tranquilo

en el santo asilo.

Sus bastas orejas los salmos oían

y los claros ojos se le humedecían.

Aprendió mil gracias y hacía mil juegos

cuando a la cocina iba con los legos.

Y cuando Francisco su oración hacía,

el lobo las pobres sandalias lamía.

Salía a la calle,

iba por el monte, descendía al valle,

entraba en las casas y le daban algo

de comer. Mirábanle como a un manso galgo.

El final de relato del nicaragüense es triste: el lobo regresa a su fiereza primera como respuesta a las actitudes belicosas e injustas de los humanos. "Hermanos a hermanos hacían la guerra, / perdían los débiles, ganaban los malos, / hembra y macho eran como perro y perra, / y un buen día todos me dieron de palos..." Si queréis conocer el poema completo y así saber cómo se cierra el drama, podéis pulsar aquí.

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TEXTOS DE FRANCISCO Y POEMAS

Se hermana la palabra del Pontífice con poemas e imágenes

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1. La ciudad

ORACIÓN DE TODOS LOS DÍAS, de Pilar Paz Pasamar

SOBREVOLANDO MADRID, de Nicolás de la Carrera

2. Ciudad y evangelización

FADO DE LA LIMPIADORA, de Antonio Pereira

CANC. DEL POZO DEL TÍO RAIMUNDO, de R. Montesinos

3. Canción de la ciudad

LAMENTO PARA UN HOMBRE VIVO, de V. M. Arbeloa

TU PODER MULTIPLICA, de J. L. Blanco Vega

CANCIÓN DE LA CIUDAD. de Antonio Carvajal

4. Belleza tan antigua y tan nueva

LA IMAGEN, de Antonio Porpetta

TENGO SED, de Antonio Carvajal

5. Todas las expresiones de verdadera belleza

ORAC. POR LA BELLEZA DE UNA MUCH., de D. Alonso

EL ASTRÓNOMO, de Kahlil Gibran

HICISTE LA BELLEZA..., de Pedro Casaldáliga

6. ¡Qué bello creaste el mundo!

DUELE LA TIERRA DE HERMOSA, de Jesús Mauleón

LA TIERRA ES TUYA, de Concha Zardoya

LA MUERTE COMO EL AMOR, de Victor Manuel Arbeloa

7. Me llamaré Francisco

RECADO A SAN FRANCISCO, de Pilar Paz Pasamar

CÁNTICO DEL HERMANO SOL, de José Luis Blanco Vega

8. Francisco y los animales

HERMANITOS PÁJAROS, anónimo

LOS MOTIVOS DEL LOBO, de Ruben Darío

9. El loco de Dios

YO LE DIJE A DIOS, de Jesús Mauleón

EL LOCO, de Antonio Porpetta

10. Todas las mañanas, cuando leo el periódico

TODAS LAS MAÑANAS, CUANDO LEO EL PERIÓDICO, de Gabriel Celaya y EL NIÑO, de Antonio Porpetta

11. Se desahoga Casaldáliga con San Francisco

ORACIÓN A S. FRANCISCO EN FORMA DE DESAHOGO, por Casaldáliga

12. Ya no lloramos

CULPA, de Ángela Figuera

ELOGIO DE LA IMPERFECCIÓN, de Miguel d'Ors

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