Textos de Francisco y Poemas 7. ME LLAMARÉ FRANCISCO

Nido de poesía: Nicolás de la Carrera
03 mar 2014 - 14:55
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El día 13 del mes 3 de 2013 se abría en el Vaticano el balcón pontificio y el cardenal protodiácono anunciaba la esperada frase: "Os anuncio una gran alegría: ¡tenemos Papa!, Jorge Mario Bergoglio, que toma el nombre de Francisco..." Me parece interesante transcribir la explicación del nuevo nombre que Jorge Bergoglio comunicó posteriormente a periodistas en un encuentro:

«Durante la elección, tenía a mi lado al arzobispo emérito de Sao Paulo y también prefecto emérito de la congregación para el Clero, el cardenal Claudio Hummes: un gran amigo, un gran amigo. Cuando la cosa se estaba volviendo un poco ‘peligrosa’, él me confortaba. Y cuando los votos habían alcanzado los dos tercios, ha llegado el acostumbrado aplauso porque el Papa ha sido elegido. Entonces él me ha abrazado y me ha dicho: “No te olvides de los pobres”. Y esas palabras han entrado aquí: los pobres, los pobres.

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Después, en relación con los pobres he pensado en Francisco de Asís. Luego he pensado en las guerras, mientras el escrutinio proseguía, hasta el final de los votos. Y Francisco es el hombre de la paz. El hombre que custodia la Creación; en este momento en el que tenemos con la Creación una relación no muy buena, ¿no? Es el hombre que nos da este espíritu de paz, el hombre pobre... ¡Ah, cómo quisiera una Iglesia pobre y para los pobres!».

Presentamos dos imágenes que podrían distar ocho siglos de calendario: un Francisco de Asís rodeado de animales: corderito, ardilla, conejo..., sosteniendo, en la mano y por el hombro, una paloma. Y, a la derecha, otro Francisco, contemporáneo nuestro, disfrutando también la alada compañía de un ave blanca, y dejando caer sobre la nívea vestidura una entrañable representación del crucificado.

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"NO DEJEMOS QUE A NUESTRO PASO QUEDEN SIGNOS DE MUERTE"

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“Los seres humanos no somos meros beneficiarios, sino custodios de las demás criaturas. Por nuestra realidad corpórea, Dios nos ha unido tan estrechamente al mundo que nos rodea, que la desertificación del suelo es como una enfermedad para cada uno, y podemos lamentar la extinción de una especie como si fuera una mutilación. No dejemos que a nuestro paso queden signos de destrucción y de muerte que afecten nuestra vida y la de las futuras generaciones” (Evangelii Gaudium, 215).

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Bien arraigada en la tierra, Pilar Paz Pasamar nos entrega, una vez más, versos de humanidad y fe cristiana. El panorama ecológico se presenta desolador: contaminación en el aire, sobresalto por las megaciudades, insolidaridad, violencia entre los pobladores de un planeta que casi perdió hasta la alborotadora sinfonía de sus pájaros. Pero, a pesar de todo, se va abriendo camino la esperanza... Cierra Pilar su angustiada oración a Francisco, santo patrón del medio ambiente, enviándole recado de intercesión a través de blancas y puras y libres nubecillas de esperanza...

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RECADO A SAN FRANCISCO

Ya no hay pájaros, no quedan

vuelos, no hay pájaros mansos.

Un cielo de plomo absurdo

destila gotas de pasmo.

Francisco de Asís, no queda

sitio ya para los pájaros.

Túneles de boca negra,

motores negros, espacios

llenos de sombra. Los hombres

-arquitectos del espanto-

destejen lianas plomizas

en las selvas del asfalto.

¿Qué harías, padre Francisco,

dónde pondrías tus manos

si ya no queda, si ya

no hay sitio para los pájaros?

El amanecer se tíñe

de humos apresurados:

prísa y humo. La escalera

nos lleva mucho más bajo.

Ya no hay sitio en la palabra

para nombrar al hermano;

la hermana agua se ha teñido

de sangre espesa, el hermano

viento golpea el acero,

llama en goznes subterráneos;

la hermana luz se hace verde

por los tubos, el cansancio

abraza los cuerpos, deja

su huella en todos los cánticos.

En la ruidosa colmena

no hay sitio para los pájaros:

miel amarga por los besos,

tuera por los ojos, barro

por las cornisas. A ciegas

la esperanza se abre paso,

se suicida en las miradas,

se ensucia en los pechos. Mando

mi recado por las nubes

aún libres, a Ti, en lo alto,

más frágil que esta esperanza:

-Hermano Francisco, hermano,

¡que ya no hay sitio, que ya

no hay sitio para los pájaros!

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LOADO SEAS POR TODA CRIATURA, MI SEÑOR

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“Pequeños pero fuertes en el amor de Dios, como san Francisco de

Asís, todos los cristianos estamos llamados a cuidar la fragilidad del pueblo y del mundo en que vivimos” (Evangelii Gaudium, 216).

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El “Cántico del hermano sol”, también llamado “Cántico de las criaturas”, constituye la expresión más completa, más lírica, del alma y la espiritualidad de Francisco de Asís. La versión que vamos a ofrecer, la más conocida y meritoria pues se trata de una excelente adaptación métrica para cantar, la hemos tomado de la antología poética de José Luis Blanco Vega “Y tengo amor a lo visible” (Sal Terrae 1997), donde aparece como trabajo literario suyo; y no sé por qué, como un mantra, se atribuye, sin referencia bibliográfica alguna, a León Felipe.

En mi web Nido de Poesía ofrezco una Presentación en PPS de este poema, que titulo “Cántico de las criaturas”; y recomiendo pausar las escenas a un ritmo contemplativo, para no perder ninguno de los textos (duración total unos tres minutos). Para visualizarlo, pulsar aquí. Dediqué además otro post de este Blog de Religión Digital, a informar, con cierto detenimiento, sobre algunas curiosidades de esta bellísima oración de san Francisco. Para acceder, pulsar aquí.

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CÁNTICO DEL HERMANO SOL

Omnipotente, altísimo, bondadoso Señor,

tuyas son la alabanza, la gloria y el honor;

tan sólo tú eres digno de toda bendición,

y nunca es digno el hombre de hacer de ti

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mención.

Loado seas por toda criatura, mi Señor,

y en especial loado por el hermano sol,

que alumbra, y abre el día, y es bello en su

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esplendor,

y lleva por los cielos noticia de su autor.

Y por la hermana luna, de blanca luz menor,

y las estrellas claras, que tu poder creó,

tan limpias, tan hermosas, tan vivas como son,

y brillan en los cielos: ¡loado, mi Señor!

Y por la hermana agua, preciosa en su candor,

que es útil, casta, humilde: ¡loado, mi Señor!

Por el hermano fuego, que alumbra al irse el sol,

y es fuerte, hermoso, alegre: ¡loado mi Señor!

Y por la hermana tierra, que es toda bendición,

la hermana madre tierra, que da en toda ocasión

las hierbas y los frutos y flores de color,

y nos sustenta y rige: ¡loado, mi Señor!

Y por los que perdonan y aguantan por tu amor

los males corporales y la tribulación:

¡felices los que sufren en paz con el dolor,

porque les llega el tiempo de la consolación!

Y por la hermana muerte: ¡loado, mi Señor!

Ningún viviente escapa de su persecución;

¡ay si en pecado grave sorprende al pecador!

¡Dichosos los que cumplen la voluntad de Dios!

¡No probarán la muerte de la condenación!

Servidle con ternura y humilde corazón.

Agradeced sus dones, cantad su creación.

Las criaturas todas, load a mi Señor.

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TEXTOS DE FRANCISCO Y POEMAS

Se hermana la palabra del Pontífice con poemas e imágenes

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1. La ciudad

ORACIÓN DE TODOS LOS DÍAS, de Pilar Paz Pasamar

SOBREVOLANDO MADRID, de Nicolás de la Carrera

2. Ciudad y evangelización

FADO DE LA LIMPIADORA, de Antonio Pereira

CANC. DEL POZO DEL TÍO RAIMUNDO, de R. Montesinos

3. Canción de la ciudad

LAMENTO PARA UN HOMBRE VIVO, de V. M. Arbeloa

TU PODER MULTIPLICA, de J. L. Blanco Vega

CANCIÓN DE LA CIUDAD. de Antonio Carvajal

4. Belleza tan antigua y tan nueva

LA IMAGEN, de Antonio Porpetta

TENGO SED, de Antonio Carvajal

5. Todas las expresiones de verdadera belleza

ORAC. POR LA BELLEZA DE UNA MUCH., de D. Alonso

EL ASTRÓNOMO, de Kahlil Gibran

HICISTE LA BELLEZA..., de Pedro Casaldáliga

6. ¡Qué bello creaste el mundo!

DUELE LA TIERRA DE HERMOSA, de Jesús Mauleón

LA TIERRA ES TUYA, de Concha Zardoya

LA MUERTE COMO EL AMOR, de Victor Manuel Arbeloa

7. Me llamaré Francisco

RECADO A SAN FRANCISCO, de Pilar Paz Pasamar

CÁNTICO DEL HERMANO SOL, de José Luis Blanco Vega

8. Francisco y los animales

HERMANITOS PÁJAROS, anónimo

LOS MOTIVOS DEL LOBO, de Ruben Darío

9. El loco de Dios

YO LE DIJE A DIOS, de Jesús Mauleón

EL LOCO, de Antonio Porpetta

10. Todas las mañanas, cuando leo el periódico

TODAS LAS MAÑANAS, CUANDO LEO EL PERIÓDICO, de Gabriel Celaya y EL NIÑO, de Antonio Porpetta

11. Se desahoga Casaldáliga con San Francisco

ORACIÓN A S. FRANCISCO EN FORMA DE DESAHOGO, por Casaldáliga

12. Ya no lloramos

CULPA, de Ángela Figuera

ELOGIO DE LA IMPERFECCIÓN, de Miguel d'Ors

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