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Mensaje del Papa para la Cuaresma 2026

Álvarez Lencero 4. HOY VINO DIOS A HABLAR HONDO CONMIGO...

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Sugiere Alejandro García Galán, en el Prólogo de “Poemas para hablar con Dios” (agosto de 1982), que, más que buscar el poeta a Dios, es Dios quien le busca a él:“Hoy vino Dios a hablar hondo conmigo...”. Después se quedará el Señor en su templo interior:“y miro a Dios y lo veo / dentro de mí florecido”. El poeta lo recibe gustoso: “y con Él me acompaño. Los dos juntos / hablamos con la hormiga y con la estrella...”.

Y es que, según García Galán, “su Dios está en el que trabaja, en el que lucha, en el que sufre..., o en el fruto que la tierra nos ofrece.” Por esta presencia divina en la naturaleza nos interesaremos hoy, a través de tres espirituales poemas: “Primavera”, “Padrestiércol” y “Ciprés”. No olvidemos que, aunque inicialmente los versos de Lencero fueron de elevada religiosidad, en su etapa combativa, de lucha profética contra la injusticia y la explotación, centró en el hombre el discurso y Dios se hizo el dormido en lo más recio de la tempestad. Nos aclara seguidamente el prologuista:

“Ahora, como el ancho río de su región, vuelve a aparecer Dios en esta nueva aportación lenceriana a la poesía española. Con todo, “Poemas para rezar a Dios” no puede catalogarse de libro místico, aunque sí sea un libro de espiritualidad. La mayoría de estos poemas pueden servirnos de meditación piadosa, son auténticas oraciones que nos llevan a comunicarnos con el Supremo, y que solo un alma sensible, dolorida, desgarrada, como la que Luis posee, puede ofrecernos.”

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YO SOY LA PRIMAVERA, ABRE, AMIGO...

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Fascinado al descubrir algunas hojitas verdes por el carcomido tronco de un olmo viejo, Antonio Machado cierra, en 1912, su poema “A un olmo seco” con estos versos, que cita Lencero en la referencia intertextual que preside el soneto “Primavera”: “Mi corazón espera / también, hacia la luz y hacia la vida, / otro milagro de la primavera.”

Si nos entristece el otoño al ver caer las hojas del árbol que prepara su estacional hibernación, ¿cómo no vamos a alegrarnos, “la primavera la sangre altera”, al ver arder el campo de flores y belleza? Álvarez Lencero, al sentir la nueva vida en torno suyo y como llamando a la puerta, abre su corazón al milagro de la naturaleza y descubre la mano de Dios en el suceso: “Se me llenó de Dios toda la casa”:

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PRIMAVERA

Hoy vino Dios a hablar hondo conmigo,

porque quiso su humana compañía

resucitar mi lázara alegría

con palabras de paz, de luz, de trigo…

Veintiuno de marzo, eres testigo

que una flor golpeó la puerta mía,

esta mañana mientras me decía:

Yo soy la primavera, abre, amigo.

Abrí de par en par. Amiga, pasa.

Todo cuanto aquí ves te está esperando.

Haz de nuevo el milagro prometido.

Se me llenó de Dios toda la casa.

Y eran flores los pájaros cantando

sobre mi corazón buscando un nido.

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PON LAS ESPIGAS EN VUELO AMARILLAS Y CONTENTAS...

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Fiel a su cita con Dios en el Templo de la Naturaleza, construye Lencero, según costumbre, un atrevido neologismo “Padrestiércol”, con dos sustantivos “Padre” y “estiércol” en un solo vocablo. La palabra “estiércol”, que acaso nos evoque porquería y desagradable olor, integrada con “padre”, intenta felicitar a Dios como amoroso Creador.

Dos décimas, frecuente estrofa utilizada por el poeta, presentan al Señor actuando en el misterio de la tierra y de la vida. Con cierto aire de Padrenuestro (“Tu nombre es glorificado” y “ dales pedazos de pan...”), descubrimos al poeta social preocupado por el hambre y el reparto injusto de la tierra (“Y los trigales / de la vida sean iguales / como la muerte es también”).

Percibo referencias sacramentales al pan y al vino (“Sacramental llanura” llamó Miguel Hernández al campo castellano). Y alguna alusión a la pesca milagrosa (“Dales pedazos de pan / y el milagro de algún pez”). Alusión final al noble trabajo del campesino (“y al coronar el sudor / la frente del campesino / que beba un trago de vino...”).

Resumiendo: un poema arraigado en la fe religiosa, que descubre la presencia y acción de Dios en la naturaleza y en el hombre, sin olvidar sutiles alusiones al problema del mal y la injusticia en el mundo:

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PADRESTIÉRCOL

Padrestiércol tú que estás

en los surcos del sembrado...

Tu nombre es glorificado.

Véngalos del hambre ya.

Dales pedazos de pan

y el milagro de algún pez,

que no se puedan roer

los codos. Y los trigales

de la vida: sean iguales

como la muerte es también.

Padrestiércol que alimentas

el pardo vientre del suelo,

pon las espigas en vuelo

amarillas y contentas.

Que canten las herramientas

bajo la lluvia y el sol,

y al coronar el sudor

la frente del campesino

que beba un trago de vino

que alegre su corazón.

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MONJE DEL CAMPOSANTO, DE RODILLAS Y QUIETO...

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A pocos meses de su final, el tema de la muerte, siempre con voz de creyente, se vuelve obsesivo para Luis. “Ciprés” es un elegante ejemplo. Compuesto de versos heptasílabos, se parece un poco, por su breve recorrido, a los mensajes SMS que envían los jóvenes por sus móviles. Hay que hablar poco y bajito por las veredas del Camposanto... Y es que uno de los mensajes que más se repiten en el poema es la quietud y el silencio (“caminas / por los hondos silencios”, “de rodillas y quieto”). Silencio que se rompe con algarabía de aves; claro que a ese rumor Lencero le da un sentido profundo, y convierte el murmullo “en oración de pájaros”.

La metáfora central, que se enfatiza con la repetición, es la del ciprés como “Monje siempre rezando”. Los últimos versos podrían sugerir, en mi opinión, otra importante imagen bíblica: el Buen Pastor, que ya se representaba en las catacumbas romanas. Una sugerencia final: mi padre poeta escribió hace más de medio siglo, un poema, “El ciprés”, que podría resultaros interesante, pues complementa el de Lencero (abrir altavoces y pulsar aquí).

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CIPRÉS

Monje del camposanto,

de rodillas y quieto,

en oración de pájaros

delante de los muertos.

Delgado y muy solemne

señalas con el dedo,

desde la tierra fría

la puerta azul del cielo.

Hermano de las lágrimas.

Verde llama del sueño.

Sin moverte caminas

por los hondos silencios.

Monje siempre rezando.

Árbol callado y bueno,

que te pasas la vida

pastoreando muertos.

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LUIS ÁLVAREZ LENCERO

escultor y poeta

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1.Quédate aquí en mi pecho y no te vayas...

ABUELO DIOS

ENFERMO

CARTA A MI MADRE MUERTA

2.A veces se me posan en el hombro...

AMIGOS

UN NIÑO MATABA PÁJAROS

PERROCRISTO

3.Poeta del hierro

LA GUERRA

YUNQUE HUMANO

4.Hoy vino Dios a hablar hondo conmigo...

PRIMAVERA

PADRESTIÉRCOL

CIPRÉS

5.Tres sonetos de hambre, ternura y aceptación

HAMBRE DE DIOS

LLANTO POR UNA ALPARGATA MUERTA

GRACIAS, SEÑOR

6.Su más hermoso poema

HUMANO

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