La autoridad: más allá del sacramento del Orden
VCv
El exprefecto del Dicasterio para los Obispos. Marc Oullet, señala en Vatican News la importancia sinodal de lo que representa la presencia creciente del laicado (incluidas las religiosas) en puestos de responsabilidad en la Curia, en obispados y en parroquias. Esto no es solo por la escasez de clero, sino por el valor del laicado en la autoridad pastoral. Y porque, como recuerda el cardenal, “la autoridad no emana exclusivamente del sacramento del Orden” en pleno intento por superar el clericalismo.
Ouellet señala el deseo de algunos de que se reafirme “el estrecho vínculo entre el ministerio ordenado y la función de gobernar en la Iglesia”. Pero recuerda que el sacramento del Orden “no es la fuente exclusiva de todo gobierno en la Iglesia” lamentando que “no estamos acostumbrados a discernir la presencia y la acción del Espíritu en las estructuras eclesiales”.
Su reflexión es muy importante porque la sustenta resaltando el “gesto profético” del papa Francisco cuando propició que el laicado sea reconocido e integrado sin reservas en el aparato administrativo, jurídico y pastoral de la Curia; en los tres, integrando sus carismas en ministerios varios.
Por ejemplo, que los “dicasterios dedicados a la comunicación, al gobierno general del Estado de Vaticano, a la promoción del desarrollo humano integral, a la vida, la familia y el laicado, la promoción de los carismas religiosos o de las sociedades de vida apostólica, sean dirigidos por personas competentes, laicas o religiosas por su carisma reconocido. Lo mismo debiera ocurrir, pienso yo, en el gobierno de las unidades pastorales que agrupan parroquias, en las que un laico o laica, hoy no pueden ser moderadores de las mismas. La reflexión de Marc Oullet concluye que la competencia debe llegar a la gestión de los recursos humanos, a los tribunales eclesiásticos, la administración financiera, el diálogo ecuménico. En estos ámbitos y en otros, se puede diseñar una colaboración entre clérigos, laicos y religiosas en la que la posición ministro ordenado no sea de poder jerárquico y de subordinación laical.
La puerta que abrió el Papa Francisco está dando resultados, excepto para quienes entienden la Iglesia como una estructura de poder y no de servicio. En realidad -recuerda Oullet- ya ocurre en las comunidades de religiosas, en las que su capellán no puede imponer sus opiniones a las personas de la comunidad a la que asiste. El ministerio pastoral no puede sustituir a la autoridad del carisma. Así mismo, el cardenal echa en falta un modelo de Código Canónico que permita respirar los carismas. Hacen falta canonistas con sensibilidad pastoral.
El gesto de Francisco es prometedor, ya que reinaugura -ver libro de Hechos- un reconocimiento de la autoridad de los carismas por parte de la autoridad jerárquica, de acuerdo con las orientaciones del Concilio, reconociendo en el laicado de ambos sexos los ministerios y carismas para que así “todos cooperen a su medida y con un mismo corazón en la obra común”. (LG 30, 33). Para Oullet, esto contribuirá a restaurar la imagen de la autoridad pastoral, “desacreditada por la lacra del clericalismo, el espíritu de casta, la salvaguarda de los privilegios, la ambición de ascender en la jerarquía, en definitiva, una mentalidad cerrada que concibe el servicio del gobierno en términos de poder”.
Tras la iniciativa papal de promover un estilo sinodal, la comunidad cristiana debe descubrir, asumir y reivindicar sus responsabilidades en el camino común de la Iglesia no uniforme, sino unida. Sin diferencia no es posible unidad o comunión en crecimiento de una forma fecunda. Y los dirigentes deben implicar a toda la comunidad desde la autoridad, no desde el poder.
Acabo con una reflexión del actual Prefecto para la Doctrina de la Fe, Víctor Manuel Fernández, que ilumina todavía más el meollo de las reflexiones del cardenal Oullet y el futuro al que debemos hacer presente, cuanto antes: “Más que una obsesión por la ortodoxia, debemos mostrar la belleza de Evangelio, que es lo que realmente toca los corazones y cambia vidas”. Y eso no es labor preferente del clero, sino de todos.