4 abr 2026
Un pueblo espiritual
Mi pueblo loretano es alegre, la gente sonríe siempre, y las risas festonean casi cada conversación. Pero a la vez están acostumbrados desde hace miles de años al silencio como parte de su ADN. Pienso en las largas jornadas de los hombres en el monte, con el sigilo del cazador, o en la soledad de la chacra, lejos del pueblo. O las mujeres junto al río, lavando; a veces en compañía de las amigas, pero muchas horas mimetizándose con la calma del agua fluyendo. Sin teléfono, en el silencio aplastante de la selva, en comunión queda con los espíritus que habitan cada ser viviente, expertos en observación, escucha atenta y contemplación serena.