Motas, vigas, pajas y colirios
¿Nos reconocemos incapaces de no estar siempre juzgando?
Uno de los peligros siempre al acecho en la vida comunitaria es el acoger como huéspedes tóxicos a Sor Severa del Divino Juicio y a Fray Justiniano de la Santa Intolerancia. Como llevo batallando con ellos largos años y tengo muchos, me atrevo a compartir las estrategias y armamento - estamos en clave de rearme mundial… – que considero más eficaces para su derrota y expulsión.
De entrada, reconocer en mí una incapacidad desesperante para no estar constantemente juzgando: aceptar con humildad esa imposibilidad me prepara bastante para lo que sigue. Luego trato de detectar quién está detrás de las respuestas a la pregunta de Jesús: “-¿Cómo puedes decirle a tu hermana: “Hermana, déjame sacarte la paja que tienes en tu ojo”, si no ves la viga que tienes en tu propio ojo?” (Lc 6,41)
-Sor Evasivina argumenta: “- Es por hacerle un favor: ella no se da cuenta de que, cuando se queja de la vista, es precisamente por esa dichosa paja. Así que tendría que agradecerme que se la quite sin oponer resistencia”.
-Sor Negatilde protesta: “- Lo mío en el ojo no es una viga, sino una mini mota de polvo que se me ha metido después de barrer, a ver si no exageramos las cosas. Además, lo más probable es que sea alergia, este año ha llovido mucho y está el polen desquiciado”
-Sor Victimosa gime: “Lo que pasa en esta comunidad es que cada una va tan contenta con su viga y no aguantan mis denuncias. Y si lo hago es porque,gracias a Dios, tengo la vista fantástica, que ya me lo dice el oculista. Pero mejor me callo y me aguanto como siempre”.
Una vez sofocadas esas voces, me lanzo a explorar lo de: “No juzguéis y no seréis juzgados, no condenéis y no seréis condenados ”(Lc 6, 37) por sus grandísimas ventajas en oferta: “Os verterán una buena medida, apretada, rellena, rebosante; porque con la medida con que midáis, se os medirá a vosotros”. Al prometer ese beneficio inmediato e inesperado, es como si Jesús se preocupara más de mí como juzgadora que de la persona juzgada, como si supiera – que lo sabe - que,cuando juzgo, la digna de lástima soy yo y eso le hace venir en mi socorro.
Como último recurso, siempre le puedo comprar el colirio que está a la venta y en oferta en Ap 3, 18.