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La dignidad de Pérez Pueyo en Torreciudad

Todos denuncian una danza macabra de venganza.

“Continúan apareciendo cadáveres no identificados en distintas partes del país. Son tantos los que han muerto así, que ya se hace difícil hasta mencionar sus nombres o la vertiente política a la que pertenecen, Pero todos denuncian una danza macabra de venganza, de una violencia institucionalizada, pues unos mueren así directamente víctimas de la represión y otros mueren precisamente por servir a esa represión, Podemos decir que nuestro sistema es como aquel dios Moloc, insaciable en cobrarse víctimas, ya sea los que están contra él, ya sea también los que le sirven. Así paga el diablo.Por eso, cuando se me dice que yo solo me fijo en una clase de muertos y no en otros, yo digo: ¡la muerte me duelo tanto en cualquier hombre que sea! Esta danza macabra de la muerte por venganza política, es el mejor índice, de lo injusto de nuestro sistema.” (1 de julio de 1979)

La muerte violenta «por venganza política» era el panorama diario de la vida en la época de Monseñor Romero. Él la llamaba «esta danza macabra de la muerte».Tras la guerra, los asesinatos de policías y soldados, y de sus familiares, a manos de las pandillas, o los asesinatos entre pandillas o de gente sencilla en zonas bajo control pandillero, siempre se han cometido por venganza. Los conflictos familiares caen fácilmente en la misma dinámica vengativa. En las colonias donde la gente convive, en lugar de resolver los problemas que surgen, muchas veces se reacciona por venganza. El problema se hace cada vez más grande y amplio. En el libro del Génesis, Lamec, la figura que expresa la tendencia humana a entrar en el macabro baile de la venganza, le dice a sus mujeres: «Si alguien me hace algo, Lamec ha de ser vengado setenta y siete veces» (Génesis 4, 24). La única manera de parar esa danza es estar dispuestos a arreglar las cosas perdonando. No es por gusto que Jesús pide a sus seguidores que perdonen setenta y siete veces al hermano o hermana que hace daño a otro. (Mt 18, 22). Los cristianos lo oramos diariamente en el «Padre Nuestro», pero ¿actuamos así?

Pero esta danza macabra no solo se observa con asesinados y desaparecidos. En el juego político, que se llama democrático y de «pesos y contrapesos», ocurre lo mismo. Se actúa movidos por la venganza para obtener provecho propio. Y este último está envuelto en discursos sobre los beneficios para «la clase trabajadora», «el pueblo» y «los más pobres de los pobres». Hasta la fecha no hemos conocido ningún partido político que no haya participado en esa «danza macabra de la venganza».  Es habitual que, cuando un nuevo partido llega al poder (ya sea en la asamblea o en el ejecutivo), despida a posibles partidarios, amistades y familiares del partido que anteriormente estaba en el poder. Luego cae en la trampa de hacer lo mismo. Luego llegará la venganza y los despedirán. Al mismo tiempo, se utilizan las redes sociales para denunciar los abusos del partido anterior, mientras éste denuncia los abusos del partido actual. ¿Lo hacen por preocupación hacia el pueblo? Claro que no. Es la lógica de Lamec: vengarse. En el ámbito político, tanto a nivel local, nacional o internacional, «la venganza» está en pleno despliegue. Con medidas y contramedidas económicas, boicots económicos, envío de armas, inicio de guerras, etc., «Lamec» sigue manifestándose.  Con capturas de opositores políticos, su encarcelamiento (a veces sin juicio justo), expulsiones del país, retirada de la nacionalidad y destrucción de sus diplomas, «Lamec» sigue manifestándose.

En las CEBs es importante que nos fijemos en las amenazas y los deseos de Lamec que hay en cada ser humano y que podemos controlar para evitar caer en la danza macabra de la venganza.Puede ser con elementos muy pequeños e insignificantes: roces en las relaciones, daños no deseados, heridas como consecuencia de irritaciones entre personas y familias, etc.  Revisémonos y controlémonos en conciencia: ¿dónde actuamos o dónde queremos actuar por venganza?, ¿dónde buscamos caminos para perdonar y facilitar que las heridas se curen?, ¿dónde creemos que el futuro fraterno será mucho mejor que un pasado de venganzas? Las CEB's pueden ser una escuela para que los miembros de las familias participantes no caigan en la trampa de «Lamec», ni a nivel de su propia familia. Los conflictos existen, las actitudes y las acciones pueden dañar (consciente o inconscientemente) a otro familiar, y este puede interpretarlas (incluso si no han sido buscadas) como una grave agresión y buscar venganza. A veces, solo se corta toda comunicación, se excluye y se considera al otro familiar como «ya no existente», como si estuviera descartado. No tengamos miedo de reconocer cierta dinámica vengativa en nuestra propia vida y ayudémonos a detenerla.  Perdonar es mucho más humano (y cristiano) que vengarse. No tengamos miedo.

Cita 12 del capítulo V (Pecado y conversión) en el libro “El Evangelio de Mons. Romero”

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