La devoción mariana sigue viva en España, pero plantea una pregunta decisiva: si conduce realmente a Cristo o si se mantiene como forma que ya no transforma la vida.
Nos lavamos las manos para proteger la salud, pero a veces también para no implicarnos. Quizá por eso conviene preguntarse si las tenemos limpias… o simplemente ausentes.
Un sacerdote puede pasar el día entero entregado a los demás y, sin embargo, quedarse vacío por dentro. Cuando desaparece el silencio, la vida interior se debilita y el ministerio se sostiene solo en la actividad. Y entonces, poco a poco, todo sigue funcionando… pero sin alma.
La relación con los pobres no es un tema más, sino una cuestión decisiva: en ella se juega la verdad de la fe y la credibilidad de la Iglesia. Hablar de una Iglesia de los pobres y para los pobres es volver al núcleo del Evangelio.
En algunas ciudades, en determinados tramos, ver una procesión ya no depende solo de llegar a tiempo, sino de pagar por un sitio. No es una prohibición total, pero quien no paga no accede ni se sienta. Y ahí, casi sin darnos cuenta, algo importante ha empezado a cambiar.
“En el juicio de Dios, nuestras ideas serán verdaderas en la medida en que hayan estado sostenidas por un amor concreto, especialmente hacia los más pobres.”