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Un clavo ardiente

Tenía 12 años cuando vine a España la primera vez. Me esperaban mis padres en el aeropuerto. Hice el viaje solo, sin tutor. La azafata cobraba por acompañarme 1000 euros a mis o padres que me esperaban en el aeropuerto. Ellos se habían venido a España cuando yo, que me quedé con los abuelos, tenía 6 años. Estudié y trabajé en Barcelona hasta los 20 años, edad en que regresé, con 20 mil euros, a mi país. Allí me casé, tuve dos hijos y ganaba la vida para la familia hasta que las bandas de jóvenes me arruinaron y, con una pistola en la nuca, amenazado de muerte, me volví a España. En mi país, las bandas implantan su ley. Una vez dentro, hace falta mucha fuerza de voluntad y protección exterior, para arrancarse de sus redes. Algunos intentan tomar la justicia por su mano, pero es contraproducente porque, aunque el sujeto se escape, las bandas irán a por su familia. ¿Y esa cruz que lleva bordada en su visera? Me agarro a él como a un clavo ardiendo. Gracias por su confianza.

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