El cristianismo puede vivirse dentro de las más variadas opciones políticas, ideologías y situaciones vitales. El Dios de Jesús no es de ningún partido, de ningún equipo ni de ningún país. Nada de eso determina en modo alguno el hacer del cristiano. La caridad de Cristo hace inoperantes las diferencias sin eliminarles; es un excedente que supera todas las situaciones y une a los que la viven de las más variadas maneras posibles y en cualquier lugar del mundo. El universalismo y la fuerza del mensaje Cristo, superiores a todas las divisiones, a todas las diferencias, que predica León XIV, es la caridad. Los cristianos están unidos por la fe en Cristo que no destruye la diversidad humana. Lo cristiano del cristiano supera todas las diferencias y se puede vivir de muy diversas maneras. Pero nadie podrá decir que ama a Dios si no ama al prójimo porque “lo que hacéis con uno de estos conmigo lo hacéis”.