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El caso Añoveros, 40 años (con Dadaglio… A. Navarro y Franco)

El caso explotó hace cuarenta años (24.2.1974), mostrando de manera definitiva el “corrimiento” que se había dado, en los últimos años (tras el Vaticano II, 1962-1965), entre la iglesia española y el régimen autocrático de Franco. El catolicismo era religión de Estado, y la Ley Eclesiástica (del Vaticano) era Ley Nacional…; por eso, Franco no podía enfrentarse frontalmente con la Iglesia.

Un día como hoy (24-2.1974), Mons. Añoveros (1909-1987), obispo de Bilbao, un hombre de pueblo, buen navarro, sensible a los valores sociales y nacionales, mandó leer en las parroquias de su diócesis una Homilía consensuada con su clero, en la que defendía la “identidad” del pueblo vasco:

“El pueblo vasco, lo mismo que los demás pueblos del Estado español, tiene el derecho de conservar su propia identidad, cultivando y desarrollando su patrimonio espiritual, sin perjuicio de un saludable intercambio con los pueblos circunvecinos, dentro de una organización sociopolítica que reconozca su justa libertad. Sin embargo, en las actuales circunstancias, el pueblo vasco tropieza con serios obstáculos para poder disfrutar de este derecho”.

Las consecuencias de esa homilía son conocidas. Hacía pocos meses, ETA había asesinado a Carrero Blanco, Jefe del Gobierno de Franco. Arias Navarro, que le había sustituido, respondió con dureza a la homilía de Añoveros, manteniéndole en prisión domiciliar y obligándole a salir de España, desterrado (con un avión ya preparado en Sondika).

Añoveros se negó a salir, a no ser por orden del Papa, y el episcopado español (con Mons. Tarancón a la cabeza) se puso de su lado. Intervino el Nuncio de su Santidad (Mons. Dadaglio)... y, sopesando las consecuencias del caso, Franco reaccionó, revocando la orden de Arias Navarro, que perdió de esa forma su “pulso” con la Iglesia.

El tema lo ha expuesto ayer muy bien el P. J. M. Bausset, de Montserrat, en este mismo portal (http://www.periodistadigital.com/religion/espana/2014/02/23/el-caso-anoveros-40-anos-despues-religion-iglesia-franco-tarancon.shtml). No tengo nada que rectificar, pero puedo añadir algunas observaciones (confesiones) de Mons. Dadaglio, que era entonces Nuncio y hombre clave en aquel contencioso. Se han dicho y comentado muchísimas cosas sobre aquel “incidente” (entre otras cf.cf.http://www.religionenlibertad.com/articulo.asp?idarticulo=20891 ). Yo tengo la versión directa del Nuncio Dadaglio, y estoy seguro de que es buena. Ella puede esclarecer algunos puntos del tema... precisamente ahora, 40 años después, cuando algunos de los problemas entonces planteados no han sido resueltos

Luigi Dadaglio (1914-1990)

fue Nuncio de su Santidad en España en los trece años clave de la transición (1967-1980), siguiendo el espíritu de Pablo VI, quien le encargó que lograra que le iglesia española se desligara del régimen franquista y lograra su propia independencia, cosa que logró en gran parte (con la ayuda de obispos como Mons. Tarancón).

Pero con el nombramiento de Juan Pablo II (1978) y su nueva orientación eclesial perdió el apoyo del Vaticano. Siguió dos años de nuncio (hasta el 1980), pero ya sin influjo real en la iglesia española. El Papa le “ascendió”, dándole un cargo de segunda categoría en el Vaticano (Secretario de la Congregación para la disciplina de los sacramentos, 1980, y después Pro-Penitenciario mayor, 1984, pasando a ser Penitenciario mayor y cardenal el 25 de mayo del año 1985.

Yo le traté durante ese tiempo, a primeros del año 1985. Residía en un piso vaticano de la Vía de la Conciliación donde le “servía” una monja mercedaria, bien conocida mía, que me invitó varias veces a comer con él, mientras yo rehacía mis “visiones teológicas”, pues me habían negado el Nihil Obstat para seguir enseñando en la Pontificia de Salamanca.

Era un hombre de conversación exquisita, de inmensa diplomacia, pero se emocionaba hablando de ciertas cosas, entre ellas del “caso Añoveros”. De otras, vinculadas con obispos y tema de iglesia de España, trataré Dios mediante otro días.

Dadaglio y el Caso Añoveros: Arias Navarro, Franco

El “caso añoveros” era su tema preferido de conversación. Había sido, él me decir, el acontecimiento político-eclesial más importante de su “carrera eclesial”. Le pedí que publicara sus recuerdos y memorias, y me dijo que no podía hacerlo, que tenían que pasar por la “censura” del Vaticano (sobre todo ahora que le hacían cardenal: ¡un cardenal no puede publicar sus “memorias” sin permiso del Papa, y las mías…!). Pero me digo algunas cosas que son interesantes:

1. Me habló de la importancia de la postura de Tarancón y del episcopado español (aunque no todos estaban de acuerdo…); fue dignísimo su enfrentamiento con Arias Navarro y con Franco, el comienzo de una verdadera independencia de la Iglesia española.

2. Pero el caso Añoveros (me dijo) no lo resolvió Tarancón, ni otros obispos de España (más vinculados a Franco), sino el Vaticano… y él que era Nuncio, representante del Vaticano. Ni Arias ni Franco se sentían demasiado impresionados por los obispos de España; ellos consideraban más bien vinculados a lo que dijera el Vaticano…, y el Vaticano estaba firmemente decidido a excomulgar al Gobierno de España, en caso de que expulsara a Mons. Añoveros.

3. Arias Navarro también estaba dispuesto a llegar hasta el final. Quería la expulsión de Añoveros, a pesar de que ello implicara su excomunión que no sería definitiva, porque no todos los obispos estaban con el Vaticano… Quería enfrentarse con un tipo de Iglesia, fueran cuales fueran las consecuencias que de ello derivaran. El honor de España se encontraba por encima de la doctrina de unos obispos (que además no interpretaban bien la doctrina verdadera de la Iglesia, como le decían otros, con cuyo apoyo contaba, en contra de Tarancón y su grupo, que eran los dominantes).

4. La solución la dispuso el mismo Franco, en contra de Arias. Dadaglio me habló de sus conversaciones con uno y otro, como Nuncio del Vaticano, en nombre del Papa. Así me dijo: “Arias no era político, no se daba cuenta de lo que estaba en juego. Franco, en cambio, era un político, y sabía que no podía enfrentarse con la Iglesia, pues su Régimen dependía de ella… Cuando vio que no nos volvíamos atrás, que estábamos firmes, le mandó a Arias que desistiera, que sacara al avión de la pista, que dejaran sin efecto todo lo que había dicho y hecho contra Añoveros... Franco supo que las circunstancias habían cambiado, y aceptó el cambio, aunque fuera en contra de sus principios. Arias no… Ese fue un momento clave de principio del fin del Régimen de Franco”.

Mons. Dadaglio se emocionaba contándome esas cosas, a pesar de su mesura diplomática... Pensaba que había hecho un buen servicio por la Iglesia de España, a pesar de Franco, de quien me decía que “en el fondo” era un político, a pesar de ser fascista. Creía en una Iglesia liberada de ataduras políticas…

Pues bien, desde que había salido de España (el 1980…), viendo los cambios que se estaban dando en el Vaticano, se encontraba muy triste (se le notaba bien aunque no lo decía). Le habían sacado del cauce central de la vida de la Iglesia, le habían ofrecido un cargo insignificante, a pesar de que le hacían ahora cardenal…, simplemente “por consolación”. Con la llegada de Juan Pablo II había cambiado todo, no le quedaba nada más que hacer, sino recordar y recordar…, pintar y rezar.

Me hizo beber su pacharán (¡yo mismo lo he hecho, de endrinas de Navarra!); me enseñó sus cuadros preciosistas… ¡No tenía otra cosa que hacer! Fue prudentísimo, no me dijo nada, ni a favor ni en contra, sobre mis “problemas” de teología (¡ni yo le pedí nada!), simplemente que fuera fiel a mi mismo dentro de la Iglesia. Me daba la impresión de que vivía en un “exilio”, aunque le estaban haciendo cardenal por esos días.

De otros temas de mi conversación con él, especialmente sobre “sus obispos”, los que él nombró directamente (¡por la vía de los obispos auxiliares!)… obispos que habían sido compañeros míos en la Universidad (Rouco, Sebastián…) hablamos mucho; quería saber lo que yo pensaba, cómo lo(s) veía. Quizá otro día refresque la memoria y diga algunas cosas, con cariño.

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