Dom 2. A. Cordero de Dios, por vosotros y por muchos (¿todos?), con o contra Benedicto XVI (Jn 1, 29-34; Mc 14, 24).
Dom 2. A. Cordero de Dios, por vosotros y por muchos (¿todos?), con o contra Benedicto XVI (Jn 1, 29-34; Mc 14, 24).
He vinculado, con la misa de Dom 2 A (18.1.25), dos textos centrales de la tradición cristiana sobre Dios: Cordero que quita el pecado (Jn 1) y sangre derramada decir muchos (¿todos o algunos?), conforme a la “in-cierta” visión de Benedicto XVI, quizá más filólogo que Papa.
EVANGELIO DOM 2
En aquel tiempo, al ver Juan a Jesús que venía hacia él, exclamó: "Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Éste es aquel de quien yo dije: "Tras de mí viene un hombre que está por delante de mí, porque existía antes que yo." Yo no lo conocía, pero he salido a bautizar con agua, para que sea manifestado a Israel."
Y Juan dio testimonio diciendo: "He contemplado al Espíritu que bajaba del cielo como una paloma, y se posó sobre él. Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: Aquél sobre quien veas bajar el Espíritu y posarse sobre él, ése es el que ha de bautizar con Espíritu Santo." Y yo lo he visto, y he dado testimonio de que éste es el Hijo de Dios (Jn 1, 29-34)
1) Juan Bautista (el primero en decir esa palabra: Cordero-Dios que quita el pecado del mundo/cosmos) retoma el motivo del Cordero de pascua y la alianza (el chivo expiatorio de Lev 16) y lo identifica con Jesús, a quien Jn 1, 14 ha presentado ya como Palabra de Dios encarnada. Juan Bautista, experto en pecados y juicios, define a Dios (Jesús Dios) como cordero que se sacrifica, regala su vida, para que los hombres vivan.
(2) Dios no es simplemente primer motor/causa cósmica, en el sentido de la metafísica griega, en una línea que va desde Aristóteles y Tomás de Aquino hasta Luis de León y Newton de Inglaterra, sino que es Cordero manso y amoroso, que se deja herir-matar y muere para que los hombres/puedan vivir pacificados, amados, perdonados.
(3) Conforme a una visión gnóstica/pesimista de su tiempo (en torno al año 100 d.C.) el mundo (entendido como Kosmos) estaba bajo el poder del pecado (ira de Dios, maldad humana), condenado a la destrucción cósmica/atómica, en medio de una perversión irreparable. Nadie ni nada puede “redimir” (rescatar, pacificar) el Cosmos. Condenados estamos todos a la muerte y al infierno.
(4) En contra de eso, Juan Bautista que había sido predicador de muerte, al ver a Jesús proclama “este es el Cordero de Dios” (Dios Cordero) que puede perdonar y perdona todos los pecados del kosmos, convirtiendo el mundo/cosmos el camino de Salvación o de cielo. Esta es la primera confesión de fe cristiana, que la Iglesia repite en cada eucaristía en la confesión/canto del Agnus Dei (Cordero de Dios), antes de ofrecer la comunión a todos los creyentes: Este es el Cordero de Dios (Dios Cordero, no guerrero, no juez condenador) que quita el pecado del mundo…
5) Este Cordero de Dios no quita "pecados" concretos, uno a uno, sino el pecado universal, esto es, una vida de separación de Dios, la vida encerrada en la ira de muerte desatada entre países de tradición BÍBLICA como USA, RUSIA, EUROPA E ISRAEL y de tradición no cristiana, como CHINA. Este Jesús-Cordero no perdona pecados desde fuera, sino que "quita el pecado del mundo", lo aparta, lo borra, lo niega, siendo Dios perdón, voz amiga que llama, corazón que acoge y transforma en amor los corazones, Eso significa que la vida de los hombres no es ya alejamiento de Dios, sino presencia, Vida de Dios en nuestra vida...
(6) Así dice la confesión de fe de Juan Bautista y de la Iglesia, que voy a citar en griego, la lengua del evangelio de Juan: Ἴδε ὁ Ἀμνὸς τοῦ Θεοῦ (ahí está el cordero de Dios) ὁ αἴρων (que quita, borra, perDona, redime) τὴν ἁμαρτίαν τοῦ κόσμου (el pecado del mundo/cosmos). No algunos pecados de confesonario, sino el pecado en la totalidad, pecado cósmico, pecado de toda la historia).
(7) Un “héroe teatral” español decía que el mundo es pecado, pecado es nacer, toda la política social el pecado, pecado es la misma iglesia establecida… Pues bien, en contra de eso, por encima de Dios, Dios es perdón, Dios es gracia, Cordero de vida, amor infinito, que acoge y persona, que acompaña y transforma a todos, al mundo entero, entendido como humanidad e historia, como kosmos de gracia.
(8) Juan Bautista no dice eso paa que quedemos quietos y pasivos, sino para que nos dejemos transformar por Jesús…Para que también nos hagamoscorderos de amor, unos por otros y con otros, para que perdonemos, regalemos amor, como Cristo y con Cristo, en la iglesia, en esperanza, en transformación.
(9) Éstos y otros motivos definen la nueva religión de Jesús, donde ya no existen corderos externos sagrados a los que podemos y debemos matar para vivir nosotros, ni templos de guerra para sacrificios externos, ni poderes superiores que se imponen sobre el "común" de los fieles sometidos. En esa línea al decir éste es el cordero de Dios, Juan Bautista nos está diciendo vosotros sois con Jesús y en Jesús corderos de Dios, Dios hecho cordero de amor para salvación de todos. Así lo dice el evangelio de este domingo del Cordero: tú eres la en Dios, por Jesús, cordero de amor, transfórmate en cordero Éste es un motivo complejo, una historia fascinante que merece la pena de comprender, y así lo he desarrollado unas páginas de Gran Diccionario de la Biblia (Verbo Divino, Estella 2017).
SANGRE POR VOSOTROS Y MUCHOS (¿TODOS?) (Mc 14, 24)
El texto de Juan (Cordero de Dios…) es tardío (año 100 dC.) y es un manifiesto cristiano contra la gnosis: El cosmos no es antro de pecado, sino “cuerpo” del Dios Cordero que perdona todos los pecados. Pero ha sido precedido por uno anterior de Mc 15, 24, según el cual, el mismo Jesús, en su testamento de última cena y eucaristía, ofrece a sus amigos/seguidores la copa de vino y les dice. Esta es mi sangre, derramada por vosotros y por muchos, que pueden ser todos los hombres, como en el cosmos de Juan o sólo algunos elegidos, frente a la multitud de los condenandos
Ésta polémica se viene arrastrando desde hace diez años, cuando el Papa Benedicto XVI propuso y mandó quitar el “por todos” de la “consagración” de la misa poner “por muchos”.
Han pasado los años, algunas conferencias episcopales católicas no han quitado “por todos”, otras lo están haciendo ahora, a medida que se imponen los nuevos misales. No es quizá una polémica importante, pero es muy significativa, pues nos sitúa ante la gran problemática de la Reforma de Lutero (¡Cristo Cordero “quita” los pecados!), ante la misión universal de la Iglesia... y ante el tema del evangelio de este domingo donde se afirma que Jesús no sólo quita los pecados de muchos o todos, sino del mundo entero (es decir, del cosmos). Este es un tema uy importante, está en juego la liturgia de la iglesia el sentido de la salvación de Cristo, la fraternidad universal cristiana… y el mismo legado “incierto” del Papa Benedicto XVI.
REFLEXIÓN PREVIA, DESDE JUAN 1, CORDERO DE DIOS
1. Jesús no es cordero en sentido sacrificial antiguo, de manera que su sangre no es un tipo de “pago” que la humanidad ha de dar a Dios para calmar su ira y aplacar su venganza, sino todo lo contrario: ¡Dios mismo ha regalado a los hombres su amor más gratuito (su Hijo, su “cordero”) para que así ellos puedan vivir. No pagan pues los hombres a Dios algún tipo de deuda, es Dios quien “paga” (regala) al hombre su amor.
2. Jesús-Cordero de Dios quita (borra) el pecado… Conforme a la visión de gran parte del Antiguo Testamento, el hombre ha pecado contrayendo una inmensa “deuda” con Dios. Pues bien, esa deuda, si así puede llamarse, la paga el mismo Dios (si es que podemos seguir hablando de paga). Dios se compromete por Jesús en la historia de los hombres, en perdón, en gratuidad, compartiendo con ellos un camino que lleva a la Vida.
3. Jesús-Cordero quita el pecado del mundo (en singular: tên hamartian to kosmou). No sólo los pecados individuales, de algunos, sino el pecado de la humanidad, de judíos y no judíos, de cristianos y no cristianos…, superando desde su amor (el amor de Dios encarnado) el pecado de la humanidad (sin necesidad de un sacrificio para aplacar a Dios, sino todo lo contrario).
4. Esta palabras (Cordero de Dios que quita el pecado del mundo…) han sido entendidas por la liturgia como expresión esencial de la eucaristía, y por eso se repiten tras la “consagración” en el triple Agnus Dei (¡Cordero de Dios…!) y en las palabras de la comunión (¡Este es el Cordero de Dios…!). De todas formas, ellas suelen entenderse a veces en un sentido sacrificial que no es el del evangelio de Juan, ni el de Mateo (de donde ellas se toman)
LA SANGRE DE JESÚS POR TODOS O SÓLO POR MUCHOS (ALGUNOS, QUE SOMOS NOSOTROS, NO LOS OTROS)
Pienso que desde esta perspectiva ha de entenderse la mal-hadada polémica encendida por el nuevo misal de Benedicto XVI (=Misal de Pablo VI, 3ª ed.), que quiso que en las palabras de la consagración se diga “esta es la sangre… derramada por vosotros y por muchos (¡no por todos!) para perdón de los pecados”. Éstas son quizá las palabras más venerables de la Iglesia que ha recogido y expresado en ellas el sentido de la Última Cena de Jesús, fuente y origen de la Eucaristía. Hay en ellas (por lo que toca al vino/sangre) dos versiones preciosas y complementarias:
1. La de Pablo en 1 Cor 11, 23 (tomada por Lc 22, 20), donde el celebrante dice, en nombre de Jesús (en contexto litúrgico) que la sangre de Cristo ha sido derramada “por vosotros” (hyper hymôn) es decir, por la comunidad reunida), dejando abierto el sentido más amplio (universal) de la salvación cristiana, que es un tema esencial en la misión de Pablo y en la teología del Lucas (que apenas ha destacado el sentido “sacrificial” del misterio de Cristo).
2. La tradición de Mc 14 24 (y de Mt 26, 28), en contexto narrativo, retomando y adaptando unas palabras del 2º Isaias, dice que Jesús ha dado su vida (ha derramado su sangre) “por muchos” (hyper pollôn, ὑπὲρ πολλῶν), que en sentido bíblico y arameo (desde el fondo de la tradición paulina) significa “por todos” (=para perdón de los pecados, aquí en plural, no en singular como en Jn 1, 29).
Una pequeña historia
La Iglesia latina, desde la reforma carolingia (siglo IX) ha unido ambas versiones (la de Pablo y la de Marcos) en latín, diciendo “por vosotros y por muchos” (pro vobis et pro multis), vinculando así aspecto cultual de la comunidad que celebra (por vosotros) y el aspecto universal del mensaje y vida de Jesús (por muchos), sabiendo que el “multis” (muchos) significa en realidad “todos”; en sentido bíblico muchos es todos, la multitud, la totalidad,, no algunos contra otros, como se ve con toda claridad en la teología y liturgia judía del entorno, empezando por los textos de Qumrán.
Pues bien, a lo largo de los siglos, el sentido de “pro multis” (muchos) ha perdido el sentido de totalidad (todos) y fue adquiriendo en sentido de “algunos especiales” (que eran muchos, pero no todos) y hubo que traducir el término, poniendo “todos”. Eso es lo que hizo el Concilio Vaticano II, para recuperar el sentido original de “muchos” (rabbim, polloi, multi) en las lenguas modernos, poniendo “por vosotros y por todos”.
Ésa es la verdadera traducción, ése el sentido de la eucaristía, tal como fue celebrada en las iglesias paulinas y en la de Marcos y Mateo, uniendo la entrega de Jesús con la tradición del Siervo de Yahvé (2º Isaías). En ese contexto “muchos” significa “todos” (la humanidad, Adám pleno, el cosmos humano al que alude Pablo y Jn 1).
La “reforma” de Benedicto XVI
Ése es, a mi juicio, el sentido que debían conservar las palabras de la liturgia actual, para que se entendieran en castellano y en otras lenguas modernas. Pero algunos teólogos tradicionalistas, y con ellos el Papa Benedicto XVI iniciaron una “cruzada” por volver a la traducción “literalista”, en línea de mala filología (no exacta) del término griego polloi (latín multis), volviendo a introducir en la liturgia las palabras "por vosotros y por muchos", que son buenas en sentido arqueológico (filología incierta), pero que no son exactas en sentido filológico bueno, pues no “traducen” (no transmiten) lo que dice el texto antiguo, sino que lo “petrifican” (ya que "muchos" ya no significa "todos")
De esa forma, Benedicto XVI (y quizá unos pro-lefebrianos), han querido ofrecernos una “liturgia de museo” malo. De esa forma "cierran" la Iglesia en sí misma (al menos su liturgia) dejándola fuera del mundo, es decir, de la misión “por todos”, de la gran encarnación de Jesús.
He presentado una larga “historia” del origen y sentido de la Eucaristía, con el análisis de las palabras de la Cena, en mis comentario de Marcos y Mateo (Verbo Divino, Estella 2012 y 2017).
‒ Esto es la sangre de mi alianza Τοῦτό ἐστιν τὸ αἷμά μου τῆς διαθήκης, derramada por muchos (τὸ ἐκχυννόμενον ὑπὲρ πολλῶν), esto es, por la multitud, por la totalidad.
Jesús acaba de decir a sus compañeros de cena que beban de ella todos, que compartan la copa, comprometiéndose así con él, y unos con los otros.
1. Porque esto es la sangre… Jesús no dice este vino es mi sangre, en sentido físico (material), de forma que la disputa posterior sobre la “transubstanciación” no responde al mensaje original del evangelio), sino esto (touto), refiriéndose no sólo al vino de la copa, ni a la copa, sino a toda la celebración, y de un modo especial al gesto de beber juntos, la noche de la entrega. Jesús comparte su sangre (haima, dam), su realidad entera (sangre es vida: Lev 17, 11; Dt 12, 23), y así lo expresa y simboliza (es decir, se hace presente a sí mismo) en la copa, de la que beben todos, comprometiéndose a vivir en fidelidad al Reino.
2. De mi alianza. La copa compartida que ofrece a sus discípulos “es” la sangre de su alianza. Evidentemente, la palabra “es” (estin ha de entenderse en un sentido abarcador (como en el pan). No es que el vino en sí (realidad material) sea la sangre de Jesús, sino que esto (la copa compartida, la entrega de Jesús expresa por la copa) es la sangre (identidad, realidad) de su alianza (haima tês diathês), el pacto (berit) de Jesús.
Esta alianza de Jesús ha sido simbolizada, ratificada y realizada con su entrega de Jesús, que así aparece como vida/sangre a favor de los demás. El contenido de la alianza no es la sangre material de las heridas de Jesús muriendo desangrado (cf. Jn 19, 34), sino su entrega personal, a favor del Reino (en una línea desarrollada la Carta a los Hebreos).
3. Derramada por muchos (peri pollôn). La tradición de la sangre derramada es muy antigua, pues aparece no sólo en la experiencia eucarística de Mc 14, 24 con Lc 22, 20, sino en la gran diatriba de Jesús contra de los escribas y fariseos a quienes acusa de haber culminado los pecados antiguos, de manera que “caerá sobre ellos toda la sangre justa derramada desde Abel hasta Zacarías…” (Mt 23, 35). Mateo mismo ha recogido o recreado ese motivo cuando afirma que los habitantes de Jerusalén gritaron pidiendo que la sangre de Jesús cayera sobre ellos y sobre sus hijos (27, 25).
En esa línea afirma aquí Jesús que la copa que ha dado a los suyos para que la compartan es su sangre “derramada por (a favor) de muchos”, es decir, por todos, en una línea universal, pues muchos son todos, como ratifica Mc 16, 9-20 y Mc 28, 16-20. No se trata, pues, de la sangre material, sino de la “vida” que Jesús da (regala), para redención de muchos, que son todos (20, 28).En esa línea la Cena del Señor no es sacrificio para aplacar a Dios airado, sino amor supra-sacrificial, como en la carta a los Hebreos: El Dios de Jesús no necesita sangre animal o humana para aplacarse, sino que él mismo perdona y ama, ofreciendo su vida e invirtiendo la lógica sacrificial de las religiones.
ANEJO. EL SIGNO DEL CORDERO.
El cordero es para el Antiguo Testamento un importante animal sagrado, y así lo entiende el evangelio de Juan, cuando presenta a Jesús como «cordero de Dios (amnos tou Theou) que quita (ho airôn) el pecado (tên hamartian) del cosmos» (Jn 1, 29; cf. 1, 36).) Juan nos sitúas ante el Dios Cordero (amnos), no ante el Dios León Furioso, ni Águila celeste, ni Elefante… El Dios Cordero es el Señor de la Suma Debilidad, que se hace poderosa, pues no actúa por violencia sino por Amor sacrificado.
b) El Dios Cordero, que es Jesús, “quita” (airei) el Pecado… No lo perdona, como prometía Juan Bautista (cf. Mc 1, 4), ni lo limpia…, sino que lo “quita”, es decir, lo arranca, lo destruye (como si no hubiera existido). Quita el pecado del mundo (tên hamartian tou kosmou), nos unos pecados concretos, unas faltas morales, sino “el pecado” (el singular), que tenía dominado, esclavizado el mundo.
c) Juan Bautista puede aludir al cordero de la Aquedah (ligadura).Ese cordero aparece vinculado al sacrificio de Isaac (atado sobre el altar, de ahí viene el nombre “Ligadura”: cf. Gen 22, 7-8). El Dios antiguo pedía la “sangre” de los hombres, es especial, de los primogénitos, y así lo sintió todavía Abraham, que aparece en la “muga” o linde de los tiempos, en la frontera entre el Dios de Sangre (Moloc de Sacrificios) y el Dios amoroso que quiere la vida de los hijos.
Dios no quiere que Abrahán le ofrezca la sangre de su hijo Isak (el atado) sino que le dice que “detenga su mano”, y le muestra un Cordero, como sacrificio sustitutivo. Desde ese fondo se puede afirmar que Dios «perdonó» a Isaac, pero no “se ha reservado” a su propio Hijo, quien ha muerto por fidelidad a su mensaje de Reino. En ese sentido se puede afirmar que Jesús ha sido el “Cordero de Dios”, el símbolo de su perdón.
Dios no ha querido ni quiere matar a los hombres, pero acepta el amor de los que dan su vida hasta la muerte, a favor de los demás, como su Hijo, Jesús. De esa manera, desde la perspectiva de San Pablo, se le podría presentar a Jesús como el Cordero salvador (cf. Rom 8, 32).
(d) Cordero pascual, para evitar la Gran Ira. Cuando salieron de Egipto, mientras la “ira” de Dios (un Dios Moloc) se abalanzaba sobre los egipcios, matando a sus “primogénitos” (¡de nuevo un Dios de muerte), los hebreos sacrificaron el cordero y con su sangre pintaron el dintel y las jambas de las puertas de sus casas, para que, de esa forma, el Ángel Exterminador (la ira de Dios) pasara de largo ante sus casas, sin matar sus primogénitos (Ex 11, 2-14).
Así mataron el Cordero de Pascua, para que Dios perdonara sus pecados y no les matara… Por eso, siguieron comiendo por los siglos el cordero de la pascua, en memoria del paso del Señor, en actitud de miedo y de agradecimiento. Este es el Cordero que les permitía caminar hacia la libertad, manteniéndoles en vida en medio del de gran riesgo de la muerte; era señal de Dios sobre la tierra.
e) No sabemos si Jesús comió en la Última Cena el Cordero de Pascua, pues son muchos (casi mayoría) los investigadores que aquella no fue una cena de Pascua en sentido estricto, sino una Cena de Agradecimiento y de Esperanza del Reino. En esa Cena Jesús ofreció a su amigos el Vino (¡la próxima copa en en el Reino!) y posiblemente el Pan (¡como símbolo de su vida, de su cuerpo, al servicio del Reino).
Sea como fuere, en ese contexto, Jesús puede aparecer y aparece como el Cordero de Pascua, aquel que ha cumplido la tarea del Reino hasta la muerte, para que Dios no castigue los pecados de los hombres. Por eso el evangelio de Juan puede presentarle como el Cordero que quita los pecados del mundo.
(f) Cordero profético, víctima mansa. Al lado del cordero pascual influye en el Evangelio de Juan la experiencia del cordero manso, que no se opone, ni combate, no se enfrenta con sus carniceros. Desde ese fondo, perseguido por sus enemigos, Jeremías se ha mirado a sí mismo como un «manso cordero llevado al matadero» (Jer 11, 19). En esa línea avanza Segundo Isaías, cuando presenta al Siervo de Yahvé como cordero:
«El Señor cargó sobre él nuestros crímenes. Maltratado, se humillaba y no abría la boca: como cordero llevado al matadero, como oveja ante el esquilador, enmudecía y no abría la boca. Sin defensa, sin justicia se lo llevaron ¿Quién meditó en su destino? Lo arrancaron de la tierra de los vivos, por los pecados de mi pueblo lo hirieron» (Is 53, 6 8).
Este pasaje misterioso ha servido de reflexión para generaciones de creyentes, tanto judíos y cristianos. De un modo normal, muchos cristianos han visto y siguen viendo a Jesús como Cordero Manso, es decir, como aquel que acepta su “destino” de víctima, porque quiere, entregando voluntariamente su vida al servicio del Reino, es decir, al servicio de los demás.
(g) Cordero “tamid”, sacrificio perpetuo. Hay en el Orden quinto de la Misná un famoso tratado, “Tamid”, que trata del Sacrificio Perpetuo o Cotidiano. En él se describe la liturgia cotidiana del Templo de Jerusalén, con las reglas que se deben observar en relación al “holocausto” o sacrificio cotidiano, que se hace cada mañana y cada tarde, ofreciendo a Dios un cordero de un año, como manda Ex 29,38 y Núm 28, 3).
Ese sacrificio es el más importante para el judaísmo. Día tras días, a la hora de la oración de la mañana, al amanecer (laudes) y al anochecer (vísperas), resuenan las trompetas y el sacerdote de turno ofrece a Dios el Sacrificio del Cordero, en gesto de alabanza y sumisión, por sí mismo, por el pueblo de Israel y por el conjunto de la humanidad. Si ese sacrificio fallara, si no hubiera Cordero para Dios (mañana y tarde, día a día), se dice que el cosmos entero volvería al Caos, dominado por el pecado. Sólo una vez falló el sacrificio del Cordero, en la crisis “antioquena” (Dan 8), y volvió a fallar cuando quedó destruido el templo (el año 70 d.C.).
Pues bien, ese cordero “tamid”, sacrificio perpetuo, que es signo y presencia de Dios, podría identificarse con Jesucristo, según Juan Bautista. Esta visión resulta sugerente, pero es muy improbable, pues Jesús no es Cordero Sacrificado en el templo, sino Palabra salvadora de Dios, vida en amor, simbolizada en el pan compartido.
(h) ¿Cordero/cabrito expiatorio? (Yom Kippur) .La tradición teológica y pastoral de parte de la Iglesia cristiana ha querido ver a Jesús como el “cordero” del día de la Gran Fiesta de la Expiación, de la que habla de un modo impresionante el libro del Levítico (Lev 16). En el día de la Fiesta por excelencia, al final de todas las celebraciones del año (en el contexto de la Semana de los Tabernáculos, en septiembre-octubre), los judíos celebraban y celebran la gran ceremonia del Ayuno y del Perdón.
Cuando había templo sacrificaban dos machos cabríos. Uno era el chivo emisario, al que mandaban al desierto para Azazel, el demonio. El otro era el chivo expiatorio, al que mataban, y con su sangre untaban el altar de Dios, para así pedir y conseguir su perdón.Pues bien, Jesús sería ese chivo expiatorio, al que hubo que matar, para presentar su sangre inocente ante el Dios de la Gran Ira, para conseguir su perdón. No era suficiente el chivo, fue necesario el Hijo Jesús.
Este simbolismo, que ha determinado gran parte de la liturgia y teología católica, tiene gran hondura social y quizá filosófica, pero no responde al evangelio de Jesús, por dos razones principales. (a) La Biblia pedía que fuera un Chivo (un Buco, Macho cabrío), y el evangelio habla de un cordero. (b) El Dios del evangelio de Jesús no puede entenderse a la luz del simbolismo y de la teología sacrificial de Lev 16; no es un Dios que pide sangre, sino que se “da a sí mismo”. Por eso, si aplicamos este simbolismo a Jesús tenemos que cambiarlo de un modo radical.
(i) Cordero mesiánico: Felipe y el eunuco. El texto más significativo del Nuevo Testamento (en la línea del Cordero del evangelio de Juan) aparece en el pasaje del eunuco de la reina de Etiopía, que ha venido como prosélito judío al templo de Jerusalén, preguntando sobre el signo del cordero… Ha preguntado, quiero que le respondan, pero en el templo no le han respondido y así vuelve sobre el carro sin saber lo que significa el Cordero, mientas sigue leyendo en carro el pasaje de Isaías ya citado (Is 53).
Entonces se le acerca Felipe, el evangelista, quizá el primero de los grandes misioneros cristianos, ante y al lado de Esteban y Pablo de Tarso, «partiendo de ese mismo pasaje» le fue explicando el evangelio (cf. Hech 8, 36 40), es decir, el sentido de Jesús como Cordero de Dios, en la línea del Siervo Paciente y Redentor de Isaías, no en la línea de los machos cabríos del templo, ni de los corderos sacrificados el día de pascua.
Lucas, el autor de ese pasaje, no ha querido explicarnos en concreto las palabras que Felipe, el Cristiano, uno de los primeros teólogos de la Iglesia, dijo al Eunuco. Nos gustaría haber estado allí, para preguntarle… pues comprender el sentido de ese Cordero es comprender el cristianismo. Nos gustaría haber estado al lado de Juan Bautista (el Juan del que habla su tocayo Juan Evangelista) para preguntarle también: ¿Qué quieres decirnos cuando dices que Jesús es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo?
Pero no estábamos allí, ni en un caso ni en el otro. Por eso tenemos que contentarnos con algunas conjeturas, como las que estamos hoy evocando. Sea como fuere, al escuchar a Felipa, sin más dilación el eunuco le pide que le bautice, sin necesidad de más largo catecumenado.
(j) Evangelio de Juan. Cordero que quita el pecado del mundo.
El evangelio de Juan ha reflexionado sobre el tema del cordero que quita los pecados. Ciertamente, está en el fondo la experiencia de los sacrificios de Israel, entre los cuales se encuentra también el del cordero que se emplea en algunos sacrificios expiatorios, para perdón “ritual” de los pecados (cf. Lev 4, 32; 5, 7; 9, 3; 14, 12.24-25, Num 6, 12 etc).Como he dicho, la fiesta de la Expiación y del Perdón está vinculada al chivo expiatorio/emisario (cf. Lev 16), pero no al cordero, aunque eso no impide que el conjunto de la liturgia israelita haya visto al cordero como animal expiatorio. Por otra parte, el ritual del sacrificio supone a veces que pueden emplearse por igual cabritos o corderos (Ex 12, 5 afirma que la pascua se puede celebrar con cordero o cabrito).
Pues bien, desde el ese fondo se eleva la palabra de Juan Bautista refiriéndose a Jesús: «Este es el cordero de Dios que quita el pecado del mundo» (Jn 1, 29). El plural del texto evocado (Is 53, 5), donde se habla de “los pecados”, se ha vuelto aquí singular, pues, en el fondo, según Juan Evangelista sólo hay un pecado, la oposición del mundo que rechaza a Dios. Pues bien, por medio de su entrega Jesús ha superado esa oposición, con su propia vida, con su entrega total.
Conforme al Evangelio de Jesús, ya no hay pecado, ni necesidad de sacrificios, porque Dios es Gracia que perdona (es decir, que ama) y porque los hombres pueden responderle amando. Ésta es la experiencia central del evangelio. Frente a una religión de pecados y sacrificios (como era gran parte del judaísmo sacerdotal de aquel tiempo), el Jesús de Juan abre a los hombres y mujeres un camino de gracia, rompiendo así la esclavitud anterior de los pecados.
(k) Apéndice. Cordero degollado, Carnero vencedor (Ap 5, 5-7)
En el fondo anterior se comprende la imagen del Cordero como personaje central del Apocalipsis, en la gran visión del Libro: Ap 5. La escena anterior (Ap 4) había presentado a Dios sedente sobre el trono. Lleva en su derecha el libro de la historia de los hombres. Nadie puede abrirlo y el profeta llora.
«Entonces uno de los ancianos me dijo: no llores, ha vencido el león de la tribu de Judá, el descendiente de David para abrir el libro y desatar sus siete sellos. Entonces, entre el trono con los cuatro vivientes y el círculo de los ancianos, vi un carnero (amnos) estaba de pié, como sacrificado; tenía siete cuernos y siete ojos que son los siete espíritus de Dios enviados a la tierra entera. Se acercó y recibió el libro de la mano derecha del que está sentado sobre el trono. Cuando recibió el libro, los cuatro vivientes y los veinticuatro ancianos se postraron ante el Cordero... cantando un canto nuevo: ¡Digno eres de recibir el libro y de solar sus sellos, porque fuiste degollado y con tu sangre compraste para Dios hombres de toda raza, lengua, pueblo y nación» (Ap 5, 5 9).
El vidente lloraba, pues nadie podía abrir el Libro de la Historia, cerrado por el pecado de los hombres (Ap 4, 4). Pero un Anciano con función de ángel (cf. 7, 13; 10, 4.8; 17, 1 etc.) le consuela: Ha vencido el León de Judá (cf. Gen 49, 9: reino davídico), como rey de estepa o selva, animal poderoso, conforme a una imagen conocida en Israel (cf. 1 Mac 3, 3-4; 4 Es 10, 60-12, 35) y su entorno.
Esa es la lógica de la historia: Tiene que Vencer el León de Judá. Pues bien, cuando el vidente mira no descubre un león sino un Cordero (arnion) degollado, de pie, victorioso, en el centro del corro que forman los vivientes ante Dios y los ancianos. Ese es el cordero/carnero vencedor. ¿Qué significa ese cordero/carnero? ¿Cómo ha vencido?
Podría ser carnero luchador. Algunos piensan que el arnion (carnero) que ha visto Juan no es un cordero, sino el carnero fuerte (Aries) de la constelación celeste, animal de guerra, como el de Dan 8, 3-7. Varios textos apocalípticos (Test XII Pat y 1 Hen 89-90) presentaban la batalla final como combate de animales. En ese fondo debería entenderse el arnion-carnero del texto (cf. Ap 6, 15-16; 14, 1-5; 17, 14).
Pero el texto le presenta como Carnero/Cordero degollado. No es el carnero luchador (que se dice en griego krios; cf. textos de Daniel LXX), que vence acorneando y matando a los otros, sino el Cordero que se deja matar, el cordero degollado del Siervo de Is 53. Este cordero es un signo mesiánico de regalo, entrega de la vida, el aquel que salva los hombres por su sangre, muriendo a favor de ellos, (Ap 5, 9; 7, 14; 12, 11), no a través de una guerra militar.
Esta imagen del Cordero Degollado emerge de la tradición israelita, de un modo especial de Is 53, 7 donde se presenta al Siervo de Yahvé como «cordero llevado al matadero». La novedad del Apocalipsis está en que lo ha identificado con Jesús, Hijo del hombre, presente en las iglesias (Ap 2-3). Los siete cuernos son su fuerza, el poder de Dios, y se identifican en algún sentido con los siete ojos del mismo Dios que actúa de forma poderosa sobre el mundo.
(l) Conclusión… La liturgia tiene razón cuando le llama “Cordero” pero le presenta como Pan Compartido. Éste es uno de los textos simbólicos más importantes del evangelio de Juan. Por un lado, él sigue llamando a Jesús “Cordero de Dios” (como si se tratara de un animal para el sacrificio). Pero, al mismo tiempo, le identifica con el Pan Compartido, que quita el pecado del mundo, es decir, que vinculan en perdón y vida, en amor y conversación de paz, a todos los hombres y mujeres del mundo.