Hazte socio/a
Última hora
Dos meses después, ¿qué pasa con Zornoza?

EL FIN DE LOS IDEALES: El vértigo de saber que ya no hay árbitros, sino negociadores

Trump, EEUU, Geopolítica, Ideología, Diplomacia, Economía,

Un mundo en caída libre

Las banderas se han vuelto intercambiables

Hay una sensación devértigo que se instala en la boca del estómago cuando uno mira el mapa de este 2026. Es la sospecha de que el mundo ha entrado en una caída libre hacia el pragmatismo puro y duro. Ya no se trata de ideales: se trata de resultados. Lo vemos en Groenlandia, que ha dejado de ser un santuario de hielo para ser tratada como una simple oferta inmobiliaria.

Ya no hay espacio para el romanticismo político.

En Venezuela, la caída de Maduro no se vende como un triunfo de una supuesta “libertad”, sino como el regreso de una sucursal petrolera que por fin vuelve a ser rentable. El interlocutor en Washington ya no pregunta "qué es lo justo", sino "qué es lo que funciona". Lo mismo ocurre en Rusia y Ucrania, donde se empuja una paz a la fuerza, aceptando la pérdida de tierras para que muchos puedan dejar de perder dinero y enfocarse en otros mercados.

En Palestina, el cambio es igual de crudo. Las viejas luchas se están cambiando por una "paz de oficina", una gestión impuesta para que el ruido de las bombas deje de molestar a los nuevos negocios de la región. Se busca anestesiar el conflicto con promesas de eficiencia, moviendo las piezas solo para dejar a Irán solo y sin aliados.

Irán es, de hecho, la última pieza rebelde. En un mundo donde todos parecen tener un precio, Teherán se queda aislado. El vértigo nace de ver que, una vez cerrados los casos de Caracas y Kiev, toda la maquinaria irá a por ellos para borrar cualquier interferencia.

Al final, nos queda un mundo más silencioso, pero no más justo. El vértigo de hoy es darnos cuenta de que ya no hay árbitros, solo negociadores, y que nuestra capacidad de asombro es lo que se ha vendido más barato.

El escenario que inaugura este 2026 rompe radicalmente con la política internacional del último siglo. Sin pecar de iluso, reconozco que la diplomacia siempre ha convivido con la hipocresía y el uso estratégico del veto. Sin embargo, hoy asistimos a un cambio descarado: ya no se defienden valores compartidos ni modelos de vida éticos, poniendo en crisis cualquier relación multilateral. La política exterior se ha reducido a una gestión logística y pragmática de intereses particulares. En definitiva, estamos ante una cruda exhibición de poder y dinero, sin ambages ni filtros.

El apoyo incondicional se ha transformado en un frío cálculo de costos; Washington ha decidido que una paz imperfecta —una que sacrifica fronteras por estabilidad— es preferible a una guerra infinita que ya no encaja en los balances financieros. Es la diplomacia del ultimátum: aceptar lo perdido para detener el desangre económico.

¡Demos la bienvenida a la nueva era donde los conflictos no se ganan ni se pierden, simplemente se liquidan!

1. El fin del "Bien contra el Mal"

Durante la Guerra Fría y los años posteriores, los conflictos se vendían como una lucha moral (democracia vs. comunismo, o libertad vs. terrorismo). Hoy EE. UU. negocia con Rusia por Ucrania, interviene en Venezuela. Ya no se hace política bajo el discurso de "llevar la democracia". Se hace bajo el discurso de "necesitamos que esto deje de ser un caos porque nos cuesta dinero y recursos". Es el paso de la moral a la contabilidad.

2. El pragmatismo por encima de la lealtad

La "ideología" dictaba que debías apoyar a tus aliados, aunque no fuera rentable.

Hoy, si Groenlandia tiene los minerales necesarios para la tecnología del futuro, no importa que sea de un aliado histórico como Dinamarca; se trata como un activo comercial. Así, amenaza con ocupar y anexionar la gran isla descosiendo los lazos que tejían el principio de defensa colectiva y la lealtad mutua a la que se deben los países de la OTAN. Y si Ucrania necesita ceder tierra para que la economía global se estabilice, se le presiona para que lo haga. La lealtad ideológica ha sido sustituida por el rendimiento económico.

3. La política de la Hoja de Cálculo

Al decir "el fin de la ideología", me refiero a que los líderes actuales ven al mundo como una empresa en crisis que hay que reestructurar para aprovechar sus recursos. En concreto, para EE.UU, Venezuela es una sucursal petrolera que funcionaba mal. Palestina es un ruido en la línea que impide hacer negocios en la región. Irán es un competidor molesto que no acepta las nuevas reglas del mercado.

En resumen, podemos afirmar que estamos ante"el fin de la ideología" porque las banderas se han vuelto intercambiables. Lo que importa no es qué piensa el que está en el poder en Caracas, Kiev o Teherán, sino si ese líder permite que el sistema global (recursos, rutas y energía) funcione sin fricciones a los intereses particulares de las grandes potencias. En este tablero, donde la ambición no conoce límites, la guerra no es una falta de entendimiento moral, sino la respuesta inevitable cuando los intereses nacionales chocan.

Es una visión más cínica, pero esta es la nueva radiografía que le podemos sacar al mundo. Queda así claro cómo se están moviendo los hilos en este año que recién estrenamos. Eso es lo que genera esa sensación de vértigo: el darnos cuenta de que a las grandes potencias ya no les importa tener razón, solo les importa tener el control.

El nerviosismo y la alarma social surge ante la sospecha, cada vez más nítida, de que el mundo ya no gira sobre los ejes de la diplomacia o los derechos humanos, sino que ha entrado en caída libre hacia el pragmatismo más absoluto. Durante décadas nos contaron que la historia era una lucha de ideales: libertad contra tiranía, democracia contra autoritarismo. Pero al despertar hoy, la realidad nos ha dado un golpe de frío, similar al que golpea las costas de una Groenlandia que ha dejado de ser un santuario de hielo para convertirse en la última gran transacción inmobiliaria del siglo, y la ruta comercial favorita para los negacionistas del cambio climático.

También te puede interesar

Trump, EEUU, Geopolítica, Ideología, Diplomacia, Economía,

EL FIN DE LOS IDEALES: El vértigo de saber que ya no hay árbitros, sino negociadores

Venezuela, Maduro, Trump, Derecho internacional, Guerra, Paz, Economía, Poder

LA TRAMPA DEL “BUENO” Y EL “MALO”

Lo último