8 jul 2021
Un aplauso cerrado a Merkel: Adiós y con Dios
En los tiempos que corren, que toda una población salga a los balcones a aplaudir con unanimidad a la que ha sido su presidente durante dieciocho años tiene un gran valor.
La clave de este reconocimiento está en que Ángela, según confiesa ella, ha hecho lo que tenía que hacer, ha sido una empleada de la común y de lo público, ha hecho política.
La verdadera ovación es la que nace como reconocimiento ante la persona que ha buscado más el bien interno de su quehacer, en este caso la dedicación a la política, que sus propios bienes externos.
Su horizonte no estaba en su éxito personal, su excelencia no era ganarle a otros, sino la dignidad y la justicia social. Lo habrá hecho con límites y deficiencias, no cabe otra a los humanos, pero ha cuidado hacerlo con rectitud de intención y sirviendo a la verdad.