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Que acabe ya la guerra

Rafael Morales 3. EN ESTE VALLE DE LÁGRIMAS

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OS HEMOS ASOMADO YA, muy esquemáticamente, a las dos primeras entregas de poesía de Rafael Morales: “Poemas del toro” (1943) y “El corazón y la tierra” (1946). Al siguiente año apareció “Los desterrados”, (1947) en Adonáis como su poemario inicial. Si la realidad del toro enriqueció su exitoso primer libro, y expresó con pasión, en “El corazón y la tierra”, sus inquietudes líricas y existenciales sobre la tierra y el amor, la soledad y los paisajes interiores, en los versos de hoy se asomará, sobre todo, al dolor de los hombres y mujeres que sufren y lloran y viven y mueren (precursor en los 40 de la poesía social)...

En la primera página de “Los desterrados”, nos ofreció el poeta creyente dos citas sobre el dolor y el sufrimiento; una de ellas reproducía con solemnidad el siguiente párrafo de la Salve mariana: “A Ti llamamos los desterrados hijos de Eva; a Ti suspiramos, gimiendo y llorando en este valle de lágrimas.” Hermoso frontispicio para un hogar poético donde nos vamos a encontrar con desterrados que lloran y gimen y suspiran.

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RAFAEL MORALES

Y SU SERMÓN DE LA MONTAÑA

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En la edición de la “Obra poética completa” de 2004, presenta Morales, en la obertura del libro, una “Poética” original y evangélica en clave de Bienaventuranzas, que irá desarrollando a lo largo de los 18 poemas de esta definitiva edición. Con emoción y lirismo y, probablemente también, con algunas gotas de tremendismo, nos hablará de Los que lloran, Los locos, Los leprosos, Los ciegos, Los no amados, Los olvidados, Los suicidas, Los ancianos, Los que sueñan, Los idiotas... Y, poemas que reproducimos hoy, se referirá también a “Los abandonados”, “Las amantes viejas” y “Los niños muertos”.

Pero escuchemos ya su valiente confesión de fe y compasión hacia el hombre, hacia el hombre que sufre y anhela fraternidad y salvación:

“La poesía se encuentra en todas partes. No la busquéis tan solo en las aguas de un arroyo o en los cálidos ojos de una mujer querida. Bajad también entre los lodazales, entre las yerbas de la primavera que se pudrieron, buscadla también en los ojos de los ahorcados o en las manos sucias de los trabajadores. Yo he ido escribiendo estos versos junto a las cosas desagradables, junto al dolor de los demás y, muchas veces, con mi propia angustia, con mi propio dolor. Este libro no es más que eso: dolor, dolor de ser hombre, es decir, dolor de ser destierro.”

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SI EN OTRO CORAZÓN NO VIVE EL HOMBRE...

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Son estremecedores los versos últimos del poema "Los abandonados": "Si en otro corazón no vive el hombre, / ha muerto ya, Dios mío, para siempre." Es una urgente llamada al amor como necesidad primera del ser humano en trance de realización personal. Envidio a Casaldáliga cuando afirma: "Al final del camino me dirán: / "¿Has vivido? ¿Has amado?" / Y yo, sin decir nada, / abriré el corazón lleno de nombres." Claro que, para el creyente, el nombre de cada uno estará siempre latiendo vivo, perfumando como rosa de caridad, como jazmín de ternura, los eternos jardines del Corazón del Padre Dios.

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LOS ABANDONADOS

Cuando uno queda solo, cuando queda

el alma sola doloridamente,

cuando todos olvidan que vivimos

estamos muertos ya, somos ausentes.

Si en otro corazón no vive el hombre,

ha muerto ya, Dios mío, para siempre.

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¡AY, LOS PECHOS DE NIEVE, CASI VUELO...!

Conocimos un poema, de pluma y alma barroca, lamentando el destino final de todo ser humano: esqueleto o ceniza... También nos impresionaron, en "Poemas del toro", amargos versos "A un toro viejo". Y aquí, en el poema "Ancianos" y "En las amantes viejas" que reproducimos a continuación, se nos describirá la tragedia de la senectud: reseca carne, mirada con niebla, pechos caídos, apagados labios...

Lo más bello del poema es la delicada evocación de la belleza y plenitud juvenil perdida para siempre ("pechos de nieve, casi vuelo", "montecillos de amor, temblor de cielo...). Lo que me hubiera gustado, pero es mi problema, es haber conocido versos positivos sobre la riqueza interior que podría facilitar una vejez fecunda y venturosa, o amores nuevos...

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LAS AMANTES VIEJAS

¡Ay, carne de destierro, ayer amante,

reseca carne vieja y apagada,

recuerdo ya del tiempo caminante,

desierto de ilusión, rama tronchada,

flor de la ausencia pálida y constante!

¿En dónde aquella luz de la mirada

escondió su fulgor y su hermosura?

Acaso boga ya, deshabitada,

por un cielo lejano, dulce y pura,

perdida, amor, herida y olvidada.

¡Ay, los pechos de nieve, casi vuelo,

de suave vientecillo y de manzana,

montecillos de amor, temblor de cielo!...

Como mis flores muertas en la vana

ausencia caen para buscar el suelo.

¿En dónde está la púrpura templada

de aquellos labios de mojado fuego?

Entró en ellos la noche despiadada

y todo lo dejó desierto y ciego,

todo destierro y sombra de la nada.

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¿POR QUÉ LA ALONDRA SE QUEDÓ SIN VUELO?

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En las naciones desarrolladas apenas acontece hoy el fallecimiento de un recién nacido. En países atrasados, y hace más de medio siglo en el primer mundo, era frecuente la muerte de un niño/niña (a mi madre le nacieron nueve hijos y murieros tempranamente dos). El poeta de Talavera se indigna educadamente contra Dios: "Todo, Señor, nacía..." Y más adelante: "¿Por qué fue desterrada la azucena, / por qué la alondra se quedó sin vuelo...?" Aquello sucedía contra la voluntad de los padres y el silencio de Dios... Hoy son los padres quienes lo deciden con la cabeza y probablemente también con el bolsillo. Sobre este tema sugiero conocer algunos versos y reflexiones más en este blog, pulsandoaquí.

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LOS NIÑOS MUERTOS

Todo cayó. Sobre la piel templada,

frío celeste se cuajó amarillo,

la vida se apagó. La madrugada

flota en los ojos, sin color, sin brillo.

Para alta rama que se eleva pura

iba la frente en tierno movimiento,

ansia de vida, chorro de ternura...:

tesoro fue del inclemente viento.

Apenas si las manos..., si la boca...,

apenas si los ojos..., la mirada...

Todo, Señor, nacía, y ya es la roca,

es la roca, Señor, la tierra helada.

¿Por qué fue desterrada la azucena,

por qué la alondra se quedó sin vuelo,

por qué el aire de mayo se hizo pena

bajo la dura soledad del cielo?

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RAFAEL MORALES

Premio Nacional de Literatura 1954

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1.Poemas del toro

CHOTO

A UN TORO VIEJO

2.El corazón y la tierra

A UN ESQUELETO DE MUCHACHA

PRIMAVERA

INSTINTO

3.En este valle de lágrimas

LOS ABANDONADOS

LAS AMANTES VIEJAS

LOS NIÑOS MUERTOS

4.Canción sobre el asfalto

CÁNTICO DOLOROSO AL CUBO DE LA BASURA

CANCIONCILLA DE AMOR A MIS ZAPATOS

SONETO TRISTE PARA MI ÚLTIMA CHAQUETA

5.De pronto, el barro fue vivificado

ADÁN

TENTACIÓN

COMO EL CHOPO

6.Dos árboles y un gato

LA TRANSFIGURACIÓN

EL ÁRBOL DE LA CLÍNICA

GATO NEGRO EN EL PASEO DE LAS DELICIAS

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