"Desde hace unos treinta años mantengo un desacuerdo público con lo que se considera la doctrina actual de la Iglesia en lo que (para ahorrar tiempo) denomino «cuestiones gais». Aunque quizá me desapruebes, o incluso me desprecies, por decir lo que digo, espero que podamos estar de acuerdo en que pago el precio por defender mis posturas. Mi desacuerdo público con lo que la autoridad eclesiástica considera una «doctrina de tercer orden» y las consecuencias prácticas de actuar según mi conciencia en relación con ese desacuerdo me han convertido, en la práctica, en una «no persona» dentro de la Iglesia que amo"