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Antonio Aradillas: A las puertas del nuevo año (Curas y obispos que se acaban)

"Lo que se llama 'profano' es tanto o más religioso que lo 'religioso'"

"Al paso que vamos, curas y obispos se acabarán no demasiado tarde en la Iglesia. Las estadísticas lo proclaman "

"Parroquias y actividades 'religiosas' se hallan huérfanas de pastores. Y los sacramentos en números rojos"

"Al clericalismo imperante es esencial añadir que ni todos –curas, obispos y super-obispos– dieron ejemplos de Iglesia, viviendo y disfrutando de cargos y oficios igual, o peor, que el resto del pueblo. Ámbitos pederastas, abusos y privilegios personales e institucionales...

Y es que el centro de la religión ni está ni estará en lo que hasta el presente, y aún hoy, fue considerado como "sagrado"

Curas y obispos que se acaban

El convencimiento de que, al paso que vamos, curas y obispos se acabarán no demasiado tarde en la Iglesia, está ya bastante generalizado. Si para mayor tranquilidad y ortodoxia se puntualiza que unos y otros se eternizarán en conformidad con promesas bíblicas, el hecho es que las apariencias parecen demostrar, y demuestran, lo contrario.

Las estadísticas lo proclaman sin faltar a la verdad, con transparencia, ecuanimidad y mesura. Cualquier reflexión basada en el discernimiento, en la lógica, en la experiencia y en lo que se ve y configura como el “padrenuestro” de cada día pastoral y sacramental, predica a las claras que los centros de formación -seminarios y noviciados, por ejemplo-, desaparecen, o decrecen, de forma alarmante, tal y como no había acontecido en largos años de la historia de la Iglesia.

Parroquias y actividades “religiosas” se hallan huérfanas de pastores -clérigos y hasta en algunas diócesis, obispos, precisamente porque algunos sacerdotes o frailes ni aceptan “cargo tan sagrado e inmerecido”, o porque a los Nuncios de SS. y a sus allegados, no les convencen los nombres, apellidos y condiciones de quienes pudieran aspirar a serlo, dado que el Concilio Vaticano II y su interpretación “franciscana” ni caló ni inspiró e instó a “tomar posesión” de los más que sabidos y predecibles comportamientos y actividades diocesanas pastorales.

El panorama presente, y el porvenir, así lo delatan, solo con prestarle atención a algunos de estos datos, tristes y desoladores y a los que únicamente el milagro podría hacer cambiar de dirección y retrotraernos a tiempos pasados, por no pocos añorados.

Del listado-letanía de apreciaciones y hechos, destacan, entre otros, el de que el números de bautismos decrece en pueblos y ciudades, de modo ciertamente alarmante, aún con el sacrificio que a las familias cristianas de toda la vida les significó socialmente prescindir de la fiesta y también por el “qué dirán” los amigos.

Exactamente el mismo diagnóstico es aplicable a los matrimonios “por”, que no “en”, la Iglesia a la antigua y generalizada usanza. De las confesiones, la sensación es idéntica. “Yo me confieso directamente con Dios, sin necesidad de clérigos intermediarios”, es “confesión” llevada con frecuencia a la práctica por esos pueblos de Dios. La asistencia a la misa se reduce proporcionalmente, aunque desde las esferas más doctas del Vaticano, y de sus correspondientes dicasterios, se adoctrine que ni ellas –las misas-, ni las confesiones “on linen” pueden suplir los efectos de la presencia corporal en los templos o lugares sagrados. De los “Últimos Sacramentos” apenas si hay referencias dignas de mención, Del tema de las fiestas y festejos de las Primeras Comuniones, como acto religioso, es preferible “no meneallo”, sabiendo positivamente que, además de “primeras”, desdichadamente, para tantos y tantas, han de ser las “últimas”.

A la acentuada secularización de la sociedad actual en multitud de vertientes, y al clericalismo imperante con tal desbordamiento todavía en activo, es esencial añadir para completar el diagnóstico, que ni todos –curas, obispos y super-obispos- dieron ejemplos de Iglesia, viviendo y disfrutando de cargos y oficios igual, o peor, que el resto del pueblo. La Iglesia no siempre ejerció como tal, con las debidas referencias ético-morales en espacios y tiempos, tanto en ámbitos pederastas, como en abusos y privilegios personales e institucionales, unas veces por acción y otras por omisión, en su variedad de estamentos, sabiendo, u olvidando, que en la actualidad todo, o casi todo -y gracias sean dadas a Dios- se sabe o sabrá, y además será posible la intervención directa de los tribunales correspondientes, también en la esfera civil.

Los curas –estos curas y más- se acaban, al igual que “estos” obispos, a lo largo y ancho del año que ahora se inicia. En tal tarea- ministerio, serán los laicos –hombres y mujeres- protagonistas preclaros, precisos e indispensables. Parte importante de la solución eclesial radicará también en la creencia y praxis de la democratización hoy tan “pecaminosa” que se apunta respecto a los estamentos jerárquicos.

Y es que el centro de la religión ni está ni estará en lo que hasta el presente, y aún hoy, fue considerado como “sagrado”. Lo que se llama “profano” es tanto o más religioso que lo “religioso”, con mención para el incienso, los hábitos talares, -ornamentos sagrados-, las mitras, los báculos, el lenguaje, estilo y tono que se dicen litúrgicos, procesiones. Ceremonias, ritos, “Años Santos”, peregrinaciones…

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