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El 'caso Zornoza', en manos de Saiz Meneses

La Oración que abre el corazón y cambia la historia

Trilogía de la Cuaresma

Quien ora de verdad no sale del mundo: sale de sí mismo. Y al hacerlo descubre que Dios no habita en los refugios de seguridad religiosa, sino en los caminos donde la humanidad lucha por la vida, la dignidad y la fraternidad.

La Oración que salva el mundo | P&P

Orar hoy: entre la tentación de la evasión y la mística encarnada del Evangelio

Introducción: cuando la oración decide el tipo de fe

Hablar de oración hoy no es hablar de una práctica privada sin consecuencias. La oración revela qué imagen de Dios tenemos y qué tipo de fe vivimos. Puede ser un encuentro transformador con el Dios vivo o refugio espiritual que nos protege de la realidad y confirma nuestros intereses. Puede abrirnos a la conversión o una forma sutil de evasión.

La tradición bíblica presenta la oración como un diálogo vivo con Dios que siempre desemboca en la historia. Los profetas oraban escuchando el clamor del pueblo. Jesús oraba para discernir la voluntad del Padre y entregarse a su misión. Su oración es la fuente de una vida entregada.

Hoy, sin embargo, la oración enfrenta peligros nuevos y antiguos: el intimismo, el individualismo religioso, la búsqueda de consuelos espirituales en lugar del Dios de los consuelos, o la tentación de usar la fe como identidad cultural cerrada que tranquiliza la conciencia. Frente a estos riesgos, la Iglesia redescubre en el magisterio reciente una mística encarnada, capaz de unir contemplación, justicia y esperanza.

1. La oración de Jesús y de los profetas: escuchar a Dios en la historia

En la Biblia, orar nunca significó escapar del mundo. Los profetas entraban en oración para escuchar la voz de Dios que denunciaba la injusticia y llamaba a la conversión. Isaías recuerda que el culto que Dios desea consiste en liberar al oprimido y compartir el pan con el hambriento. La oración auténtica nace de la escucha y conduce a la justicia. Orar es ver la realidad, juzgarla desde la Palabra y actuar compasivamente para construir el Reino de Dios.

Jesús mismo vivió así. Su oración no fue refugio emocional ni búsqueda de experiencias espirituales extraordinarias. Oraba antes de las decisiones importantes, en medio del cansancio, en la soledad de la noche o en la angustia de Getsemaní. Allí no buscó escapar del sufrimiento, sino alinear su voluntad con la del Padre: “no se haga mi voluntad, sino la tuya”. Su oración fue lucha interior, entrega y fidelidad histórica.

Esta dimensión pedagógica es clave para nuestro tiempo. La oración cristiana no consiste en sentir “cosas raras”, sino en disponerse a que Dios transforme nuestra mirada y nuestra vida. Como decía Teresa de Jesús, orar es “tratar de amistad”. Pero la amistad verdadera cambia a quien ama. En la conciencia de seguir a Jesús, la vida se ve de otra manera.

rezar entre pucheros | P&P

En la Escritura, las vocaciones siempre generan crisis: Abraham deja su tierra, Jeremías protesta, Jonás huye, María desconcierta a su familia, Jesús mismo provoca incomprensión entre los suyos (Mt 12, 46). La oración auténtica no confirma el orden social ni los previsibles planes humanos; los cuestiona.

La oración auténtica destruye las ilusiones espirituales y el falso yo adornado de prácticas religiosas. Ante Dios caen las máscaras, comenzando por las más devotas. El orante descubre que no controla a Dios ni puede usarlo para justificar su comodidad moral o social.

Por eso la oración de Jesús y de los profetas es actual: nos enseña que el silencio ante Dios no nos aparta del mundo, sino que nos impulsa a asumirlo desde su lógica liberadora.

2. Los peligros de la oración: evasión, individualismo y religión de consuelo

La oración cristiana puede deformarse en un refugio burgués para el alma: un espacio íntimo donde el creyente se siente “en paz” con un Dios imaginario, mientras permanece sordo al sufrimiento del mundo.

Cuando la oración se reduce a bienestar interior, a consuelo psicológico o a confirmación de nuestras ideas, deja de ser diálogo con Dios y se convierte en autoafirmación religiosa. Se buscan los consuelos de Dios, pero no al Dios que llama a la conversión.

Otro peligro es el individualismo espiritual. Vivir la oración como asunto exclusivamente privado puede alimentar la sensación de estar más cerca de Dios que los demás. El Evangelio muestra esta tentación en el fariseo del templo, cuya oración lo alejaba del prójimo en lugar de acercarlo (Lc 18,9).

El magisterio reciente ha denunciado también la espiritualidad que separa la fe de la historia. Francisco habla del “gnosticismo espiritual”, una religiosidad que se encierra en ideas o experiencias interiores para no comprometerse con la realidad de los que sufren. En esa lógica, se ora por los pobres, pero no se les toca; se ora por la paz, pero “desde un bando” y sin cuestionar las causas de la guerra.

Además, existe una instrumentalización ideológica de la oración. A veces se invocan símbolos cristianos para bendecir proyectos excluyentes o para legitimar visiones sociales que contradicen el Evangelio. El Papa León acaba de advertir a los obispos españoles sobre esta manipulación de creyentes por parte de la ultraderecha de moda.Se defiende la tradición mientras se olvida al extranjero; se invoca la civilización cristiana mientras se tolera la desigualdad o la violencia contra los vulnerables. En estos casos, la oración deja de ser “hágase tu voluntad” para convertirse en “confirma la mía”.

Monseñor Romero es la oración de un Pueblo | P&P

La tradición profética enseña que la oración auténtica nunca sustituye la acción por la justicia. Para San Óscar Romero, orar implica también ponerse de pie para defender la dignidad humana.

3. La mística cristiana de nuestro tiempo: contemplación encarnada y esperanza activa

Necesitamos una mística evangélica y actual. En Gaudete et exsultate, Francisco presenta la santidad no como perfeccionismo espiritual, sino como una vida abierta a Dios en lo cotidiano, especialmente en la misericordia diaria hacia los demás. La oración, en esta perspectiva, no nos separa del mundo en una burbuja religiosa: nos hace más sensibles a él.

Esta visión enlaza con la tradición mística clásica y con la teología comprometida. La contemplación no es huida, sino profundidad. No es una experiencia reservada a unos pocos, sino la forma ordinaria de vivir atentos a la presencia de Dios en la historia.

En continuidad con esta sensibilidad pastoral, el pontificado de León XIV ha insistido en una Iglesia que combine interioridad y responsabilidad histórica, oración y cultura del encuentro, espiritualidad y justicia social. La mística cristiana del presente no busca refugios cerrados, sino corazones abiertos capaces de reconocer a Cristo en la vida real.

Esta mística encarnada recupera también el valor de la comunidad. La oración cristiana no es solo un acto individual: es siempre oración del Pueblo de Dios. Incluso en la soledad, el creyente ora como hijo entre hermanos. El “Padre nuestro” nos recuerda que no hay experiencia auténtica de Dios que ignore al prójimo.

La fe auténtica no es fuga del mundo, sino respuesta personal a una llamada que siempre tiene consecuencias comunitarias. El discernimiento espiritual nunca ocurre en el vacío, sino en una red de relaciones. Toda decisión vocacional afecta a otros. No somos islas.

Cuando la oración se vive así, deja de ser práctica devota para convertirse en escuela de humanidad. Nos enseña paciencia, compasión, discernimiento, valentía y ternura. Nos forma para mirar el mundo con los ojos de Cristo y actuar con su misma misericordia.

Thomas Merton un monje contemplativo comprometido con La Paz | P&P

Conclusión: una oración que abre el corazón y transforma la historia

El valor actual de la oración cristiana no está en ofrecer un refugio frente a la incertidumbre, sino en abrir un camino de transformación personal y social. En un mundo donde la religión puede convertirse en identidad cultural, consuelo psicológico o instrumento ideológico, redescubrir la oración evangélica siempre es urgente.

La oración de Jesús y de los profetas nos recuerda que el encuentro con Dios siempre conduce al encuentro con los demás, especialmente con quienes sufren. La mística cristiana de nuestro tiempo, impulsada por el magisterio reciente y por el testimonio de tantos creyentes, propone una oración encarnada: humilde, comunitaria, abierta a la justicia y generadora de esperanza.

Quien ora de verdad no sale del mundo: sale de sí mismo. Y al hacerlo descubre que Dios no habita en los refugios de seguridad religiosa, sino en los caminos donde la humanidad lucha por la vida, la dignidad y la fraternidad. Orar es sintonizar con la lógica misericordiosa de Dios que se hace palabra profética en la historia.

poliedroyperiferia@gmail.com

Bibliografía inspiradora

La oración bíblica: Mt 6–7 (Sermón del Monte: Padre Nuestro, oración no ostentosa). Mt 26,36-46 (Getsemaní: oración como discernimiento y entrega). Lc 4,1-13 (Jesús en el desierto: oración y misión). Lc 18,9-14 (fariseo y publicano: crítica al orgullo espiritual). Is 58,6-9 (el ayuno que Dios quiere: oración inseparable de justicia). Salmos (especialmente Sal 22; 42; 63; 130: oración como clamor histórico). Rm 8,26-27 (el Espíritu ora en nosotros). Sant 2,14-17 (fe sin obras: denuncia de espiritualidad estéril).

Magisterio de la Iglesia. Concilio Vaticano II. Concilio Vaticano II, Lumen gentium, nn. 9–12 → oración como experiencia del Pueblo de Dios. Gaudium et spes, n. 1 → unión entre fe, historia y sufrimiento humano. Sacrosanctum Concilium, nn. 7–14 → liturgia y oración como acción de Cristo en el mundo.

Papa Francisco:Gaudete et exsultate nn. 25-35 → santidad cotidiana y misericordia concreta. nn. 36-62 → crítica al gnosticismo y neopelagianismo espiritual. Evangelii gaudium nn. 262-283 → oración misionera y contemplación en la acción. Fratelli tutti n. 281 → oración que abre a la fraternidad universal.

Tradición mística clásica: Teresa de Jesús, Libro de la vida, cap. 8. → oración como “tratar de amistad”. Juan de la Cruz, Subida del Monte Carmelo → purificación del deseo y del ego religioso. Agustín de Hipona, Confesiones → oración como búsqueda interior que transforma la vida.

Teología contemporánea y espiritualidad comprometida: Gustavo Gutiérrez, Teología de la liberación → oración inseparable de praxis histórica. Ignacio Ellacuría, Conversión de la Iglesia al Reino → espiritualidad encarnada y responsabilidad histórica. Jon Sobrino, Jesucristo liberador → encuentro con Dios en los crucificados de la historia. Óscar Romero, homilías pastorales → oración como fuente de justicia y defensa del pobre.

Espiritualidad moderna: Thomas Merton, New Seeds of Contemplation → oración auténtica destruye el falso yo. Henri Nouwen, El camino del corazón → contemplación que conduce al servicio. Dietrich Bonhoeffer, Vida en comunidad → oración comunitaria frente al individualismo religioso.

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