21 jun 2026
Protección para la institución, abandono pastoral para las víctimas
Abusar de un niño no es una debilidad: es el mal elegido a sangre fría, una traición cometida desde el altar contra quien tenía prohibido sospechar. Pero hay un segundo mal que casi nadie nombra: el de quien sabe y calla, el de una institución rapidísima para defenderse de cualquier crítica y lenta, siempre lenta, cuando el que sufre es un niño. Esto no es un lamento, sino una llamada a despertar las conciencias dormidas, empezando por la propia.