Un eventual triunfo de José Antonio Kast abriría para la Iglesia chilena un escenario de cercanía en lo valórico, pero de fuerte tensión pastoral y social, especialmente en materia migratoria. La experiencia internacional muestra que, cuando la Iglesia asume con seriedad su misión, la distancia con gobiernos de ultraderecha crece rápidamente.
La reciente carta del arzobispo de Concepción marcó un límite ético al discurso de expulsiones, anticipando el choque entre el ideario ultraconservador y la doctrina social de la Iglesia. El desafío será mantener la independencia profética sin caer en la complacencia ante el poder.