El grito indignado del obispo, nombrado por Francisco como pastor de esta diócesis de la región de la Apulia, en el sur del país, en marzo del año pasado, se produce tras la explosión de una bomba en una peluquería y la destrucción de un viñedo con pocas horas de diferencia la pasada semana, “todo ello en un contexto de fuerte omnipresencia de la delincuencia”
"El silencio conspirativo no es el estilo cristiano, no puede ser la actitud de la Iglesia, que, junto con otras instituciones, tiene la delicada tarea de educar a los más pequeños, a menudo espectadores involuntarios de escenarios espantosos y, al mismo tiempo, seductores", señala el obispo
“San Severo es ahora escenario de ilegalidad, de agresiones violentas, hasta el punto de hacer creer que el Estado de derecho ha sido suplantado por un régimen de terror. La resignación generalizada y el miedo común - añade Mengoli - contaminan la convivencia social en nuestra ciudad, paralizan cualquier deseo de mejora, dejando un estado de decepción incurable”