"Él se llama Alberto. Ella, una joven mamá, no sé cómo se llama. Él vive en Perú. Ella en Hyderabad (India). Lo que une estas dos historias de vida es el conocer la caricia de Dios a través de la acogida que en su día les hizo Don Bosco en una de sus casas, les cambió la vida, y los salvó de la situación de pobreza y quizá muerte"
"Él se me acercó en Huancayo, viajó cinco horas para decirme: "he querido hacer este viaje para agradecer en su persona a Don Bosco, porque los salesianos me han salvado la vida. Una y otra vez me dieron nuevas oportunidades, y hoy soy un padre de familia, tengo una niña preciosa, y soy educador social."
"Cinco días después, en el sur de India, me espera una joven mamá con su hija de seis meses. Quería saludarme. En su día, fue una niña recogida de la calle, vivía en la calle y sin nadie. Hoy es esposa y madre, y algo que me parece precioso: profesora del colegio salesiano en el que yo me encontraba"
"¿Cómo no podría ver en estos dos hechos la 'mano de Dios' que nos alcanza a través del bien que nosotros podemos hacer? Y ese nosotros somos todos los que en cualquier parte del mundo"