Cristóbal López Romero es de esos que, si llueve, te coge del hombro para arrimarte a su paraguas y no te suelta. Así, a resguardo, caminamos hasta la puerta de su catedral, la de Rabat
Subsaharianos, universitarios sobre todo, conforman la mayor parte de su comunidad católica, una "minoría absoluta", bromea, en un país confesional donde la conversión de los musulmanes está prohibida
La Catedral de San Pedro de Rabat, un templo blanco de arquitectura vanguardista con líneas sencillas y cuadradas, se erige en el corazón de la ciudad, cerca de su estación central
"Nuestra iglesia es insignificante, porque es minúscula, pequeña, diminuta, pero es significativa. Porque tenemos un mensaje que comunicar, algo que decir a este país y al mundo entero", explica
Su objetivo en Marruecos, reconoce, no es "captar más clientes", pero sí dar ejemplo y trabajar por un mundo "de paz, de justicia, de libertad, de verdad … Y eso lo hacemos no solo los cristianos, sino también los musulmanes"