Mientras servía la sopa y los garbanzos me contaba como había perdido a su hija hacia 5 años y ahora su marido, ambos envueltos en unas circunstancias muy dramáticas. Y luego venía el pollo cocido y las natillas,mientras nuestra conversación frágil discurría sobre el sentido de nuestras vidas, el misterio que nos envuelve, nuestra razón de existir
Cuántas mujeres que sirven el cocido y preparan biberones son las más importantes del mundo, ternura hecha de hierro y de lágrimas. Son poderosas mientras friegan los platos y besan a sus hijos vivos o muertos. Ya lo dice Jesús , el más importante es el que sirve, el que ayuda, el que a pesar de sus heridas es capaz de servir un plato de sopa caliente
Ellos, ellas, son admirables, tras sus batas de enfermeras, sus hábitos de monjas, sus mandiles de abuelas, sus chaquetas de profe manchadas de tiza, ... Creemos que somos importantes por tener títulos, corbatas, mitras, dinero, seguidores, portadas,...todo pura vanidad que se esfuma ante el poder de un plato de sopa.