Al Maestro lo conocí una hermosa tarde le vi rodeado de los pescadores, Oí lo que hablaba a todas las personas que estaban en las orillas de mar. Mi vida cambió me trasformo.
Leer estas parábolas desde el feminismo implica afirmar que sostener la vida —como propone el Evangelio— exige condiciones de justicia: acceso a la palabra, a la participación, a la dignidad y a la igualdad