Desde siglos atrás, la gran mayoría de las MUJERES de diferentes culturas, han percibido y vivido un cautiverio emocional, en otros físicos, en algunos psicológicos, y en muchos casos de todos los anteriores.
Para nosotras, las mujeres, esta confluencia no es mera casualidad del calendario, sino un signo providencial que nos convoca a elevar la voz con firmeza, demandando respeto, integración plena y el fin de toda forma de opresión.
En la tradición bíblica y cristiana, la luz es un sema abierto que se expande en varias dimensiones pero que siempre nos acerca a ese Dios que se muestra en la zarza que arde sin consumirse.
Con su actuar, Jesús nos invita a que las MUJERES nos cuidemos, nos protejamos, luchemos, esforzándonos unas con y por otras, haciendo valer nuestros derechos,