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Sinodalidad sin miedo: los laicos no pueden seguir siendo invitados de piedra

La CEE invita a “ponerse en camino”, pero el camino solo será real cuando los laicos tengan voz y voto en lo que afecta a su vida: obispos, economía, moral y misión. Sin eso, la sinodalidad corre el riesgo de quedarse en un gesto.

Todos, sin excepción | Ramón Fandos

Cuando pienso en la Iglesia —en la que nací, crecí y creo— no me vienen documentos ni estructuras. Me vienen rostros, abrazos, personas concretas, sacerdotes y laicos, que me han enseñado lo que significa ser cristianos auténticos, con nuestras fragilidades y con nuestras historias particulares. Porque eso somos: un pueblo, una familia. Hermanos, todos hijos del mismo Padre.

los Consejos Pastorales siguen siendo meramente consultivos. Los laicos podemos opinar, sugerir, acompañar… pero no decidir. La última palabra es siempre del obispo o del párroco, o de instancias más altas.

Por eso, cuando la Conferencia Episcopal Española publica "Poneos en camino", quiero creer que ese camino es para todos. Pero no puedo dejar de ver que falta algo esencial. Aunque el documento hable de "corresponsabilidad" e "Iglesia sinodal", la realidad apenas cambia: los Consejos Pastorales siguen siendo meramente consultivos. Los laicos podemos opinar, sugerir, acompañar… pero no decidir. La última palabra es siempre del obispo o del párroco, o de instancias más altas.

He conocido a muchos sacerdotes y algunos obispos. Huelga decir que la gran mayoría son ejemplares, cristianos sinceros entregados al Evangelio. También he conocido a grandes santos sin casulla: personas que desde su vida cotidiana —solteros, casados, viudos, con hijos o mayores a su cargo— viven la fe con admirable fidelidad.

Las Líneas Pastorales hablan de sinodalidad y misión. Palabras hermosas. Pero la pregunta incómoda sigue: ¿quién decide en la Iglesia? No solo en una diócesis, sino en toda la Iglesia. También en las decisiones más importantes. ¿Quién nombra, firma y reparte el presupuesto? ¿Quién elige a los obispos? ¿Quién decide la doctrina? La respuesta es siempre la misma: la jerarquía. Los laicos opinan, colaboran, ayudan… pero no deciden.

Si creemos que la Iglesia es el Pueblo de Dios, los laicos no pueden ser invitados de piedra. Tienen que pasar de consultados a protagonistas. Con voz y voto en la elección de obispos y párrocos, en la gestión económica y en las decisiones morales que afectan a su vida diaria.

El Papa Francisco lo dijo con sencillez: "todos, todos, todos". ¿No somos hermanos? ¿No caminamos con la misma fragilidad y esperanza? Si no, corremos el riesgo de convertir la sinodalidad en teatro. Y eso sería una triste historia con un triste final.

Mujeres sacerdotes y sacerdotes casados: sin rodeos.... Durante décadas, muchas personas LGTBIQ+, divorciados vueltos a casar y familias no tradicionales han sufrido un alejamiento real de la Iglesia, con heridas que aún duelen...

Mujeres sacerdotes y sacerdotes casados: sin rodeos. Se trata de reconocer que el Espíritu no distingue entre sexos ni estados cuando llama.

Diversidad afectivo-sexual: empezar a sanar. Durante décadas, muchas personas LGTBIQ+, divorciados vueltos a casar y familias no tradicionales han sufrido un alejamiento real de la Iglesia, con heridas que aún duelen. Para reconstruir vínculos, hay que reconocer el daño y abrir espacios de acogida real, donde la vida concreta de las personas sea lo primero. No hace falta un gran cambio doctrinal: basta con un gesto pastoral claro: Acoger sin condiciones, sin excepciones.

La CEE tendrá que abrir estos debates sin miedo y sin complejos.

Al final se trata de algo tan sencillo como caminar juntos como hermanos. Sin miedo. Una Iglesia de todos y para todos, todos, todos.

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fandosrj@gmail.com

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