Al celebrar esta semana santa, consciente de lo que decía Blas Pascal, que “Jesús estará en agonía hasta el fin del mundo”, quiero meditar en la pasión de Cristo escuchando con hondura este llamado de la Comisión de la Verdad:
“Llamamos a sanar el cuerpo físico y simbólico, pluricultural y pluriétnico que formamos como ciudadanos y ciudadanas de esta nación. Cuerpo que no puede sobrevivir con el corazón infartado en el Chocó, los brazos gangrenados en Arauca, las piernas destruidas en Mapiripán, la cabeza cortada en El Salado, la vagina vulnerada en Tierraalta, las cuencas de los ojos vacías en el Cauca, el estómago reventado en Tumaco, las vértebras trituradas en Guaviare, los hombros despedazados en Urabá, el cuello degollado en el Catatumbo, el rostro quemado en Machuca, los pulmones perforados en las montañas de Antioquia y el alma indígena arrasada en el Vaupés”.
En una entrevista reciente, el director de la policía nacional, general Henry Sanabria, dio una serie de declaraciones que se han vuelto virales; el general cita la constitución y la biblia de memoria y muy en la letra y parece que las dos llegan a ser una sola cosa en su mente religiosa; respeto la fe del general, la libertad de cultos es un principio, pero en mi opinión esa fe es más pagana que cristiana. Me choca usar el término pagano porque es mal entendido, con el quiero hablar no de los creyentes de otras religiones, sino de una religiosidad que manipula a Dios y lo pone al servicio de la causa que interese, del estado, de la victoria, del bienestar, de la prosperidad económica; un deus ex machina, no el Padre de Jesús. Les explico mi posición enseguida.
Quisiera que viéramos en esa señora de Samaría, esa que dio agua y posada a Jesús y a los suyos, que viéramos en ella a doña Fabiola, hoy que la estamos recordando en el primer aniversario de su muerte.
Así es pues en esta lucha, o mejor en este ovillo en que se ha vuelto nuestro mundo, nuestra Colombia, nuestra vida, hay que tener paciencia, mejor ternura, la ternura que es más fuerte que los puños; no apretar más las cosas sino aflojarlas...
Ella sabía también que el cirirí tiene la fuerza para vencer al gavilán; si nos ponemos a hacer cálculos sin fe no lo vamos a poder creer: los gavilanes son grandes y se ven fuertes, los ciriríes son pequeños y comparados con los primeros parecen débiles. El cirirí puede vencer al gavilán, esa es una verdad difícil de creer, es una verdad de fe y puede desafiar las lógicas que este mundo de poderosos y del mejor postor nos ha inculcado.
Hay otra vasija en la que doña Fabiola nos da de beber y es la del nombre, la del nombre de cada persona, el nombre que da el amor al nacer, el que dan las mamás. Cuando la familia empezó a buscar a Luis Fernando les hablaban de “Alias Jacinto” y era que así, con ese nombre descarado lo habían desaparecido… “Alias Jacinto” un nombre dado por la muerte, por un aparato de muerte… y la doña Fabiola nunca se resignó a ese alias… su hijo era Luis Fernando, así lo había llamado su amor al nacer, al hundirlo en el amor de Dios, en el bautismo...
El obispo, Noel Antonio Londoño, está entre los que presentan objeciones al proyecto y con él sus colegas de Antioquia y Chocó que juntos han escrito una carta pastoral sobre la minería, en la línea de la Laudato si de Francisco. Monseñor Noel, se ha propuesto luchar por la “dignidad del futuro”, y ha dejado bien clara su opinión sobre este asunto, uniéndose a los que dicen que “minería sí, pero no así ni aquí”; él no duda al afirmar que “sin lo ambiental cualquier progreso es contra el ser humano”.
Es pues un pastor que ha comprendido que cuidar su gente es cuidar el territorio. Y esto le ha traído problemas y ya se escuchan voces que afirman que siendo el obispo debe permanecer neutral y que no le queda bien optar por una de las partes y que si algo opina pues que se lo guarde.
Es ese llamado de neutralidad que se la hace al obispo lo que me llama la atención.
Dios mismo, como aparece en la Biblia, toma partido y nunca es neutral.
En el cuidado por los pobres y lo pobre, Dios cuida todo lo demás y a todos los demás; ser creyente, más que cuestión de dogmas y ritos, es cuestión de cuidar.
Hoy, diciembre 8 de 2022, ha llegado la noticia de que monseñor Darío de Jesús Monsalve Mejía conlcuye su ministerio en Cali y le sucede como pastor de esa iglesia Luis Fernando Rodríguez Velásquez.
En Colombia vamos a recordar este obispo que se metía en problemas, que no quiso ser parte del statu quo, que alzaba la voz y que incomodaba con su parresía y su palabra...
Gracias pues a doña Gilma que lo rodeó de humanidad y hogar, al pueblito de Santa Inés en los Andes que le enseñó a ser pastor. Gracias, Monseñor Darío.
Hace unos días, Camila, una mujer trans, víctima de la guerra que no acaba en nuestra Colombia, vino al seminario de misiones a compartirnos su historia.
Ella fue arrestada arbitrariamente, la acusaron de guerrillera y fue llevada a la cárcel, como falso positivo judicial.
Allí estuvo casi dos años, hasta que un abogado demostró su inocencia; pudo salir, pero arrastraba consigo el horror y vejámenes de la prisión y, para colmo, no tenía a dónde ir. Empezó pues a vagar por las calles de esta ciudad.
Un día decidió terminar con todo y quitarse la vida.
iguió vagando por las calles, perdida, deprimida, aplastada; y sin saber adónde iba, por allá por Boston, se encontró con una puerta abierta...le dieron bienvenida y le sirvieron almuerzo.
Al escuchar el relato de Camila, me quedo pensando en esa puerta abierta. Esa puerta, no sé si los que la abrieron decían o no “Señor, Señor”, si hacían parte o no de una institución religiosa, si eran cristianos o no, esa puerta es sacramento de Cristo, quien un día se definió a sí mismo como la puerta.
La Iglesia existe en el mundo, para abrir esa puerta, para que nadie se quede en la intemperie, para que todos entren y encuentren lo gratis, la gracia.
Gracias a los que abrieron la puerta para Camila, no sé quiénes son, sé que en ellos acontece el misterio de la Iglesia, sé que son la Iglesia del Señor.
Dicen que una mujer se acercó a Jesús cargado con la cruz y movida por la compasión, franqueando las barreras que ponían los violentos que lo victimizaban, secó su rostro sucio de sudor y sangre y que en ese trapo quedó plasmada la imagen de Cristo.
Nosotros, los que creemos en Jesús, adoramos a Dios en esa imagen que se reveló en el trapo de Verónica, y después de ella, en las que a lo largo de la historia retratan a los que sufren.
Creo que este es el valor para nosotros, gente de fe, de la obra de Jesús Abad Colorado; en sus muchas fotografías de los que han sufrido la guerra podemos encontrar al Cristo que nos salva, al Dios que se nos revela de modo privilegiado en la humanidad del crucificado Jesús y de todos los crucificados.
a obra de Jesús Abad Colorado es un viacrucis y como todo viacrucis lleva a la pascua, a la vida que siempre gana, a la resurrección.
Creo que Jesús Abad Colorado es el testigo que nos ayuda con sus fotos en blanco y negro a tocar con el alma la humanidad de las víctimas y esa humanidad es oportunidad única para acercarnos al mismo Dios. La obra de Jesús Abad Colorado es una versión de la buena noticia, en sus retratos tenemos el “Evangelio según los que han sufrido”.
Este fotógrafo, Jesús Abad Colorado, es un testigo, uno que, como Verónica y todos los que después de ella se han fijado en las víctimas y las rescatan del olvido, nos pone de frente al misterio.
Gracias a El Testigo, a Jesús Abad Colorado, es un poco más fácil mantener la fe aquí en este país.
Guillermo vive en Barsaloi, al norte de Kenia, entre los samburu; es misionero y hace ya ocho años sirve en ese pueblo de pastores.
En ese viacrucis del Cristo-rio, Guillermo y su comunidad cristiana se propusieron bajar esos pozos de la cruz y traer pascua a ese pueblo, traer vida...
Y el milagro llegó, “a Dios rogando y con el mazo dando”, con la ayuda de mucha gente de buena voluntad, entre las que se destaca Active Africa una fundación de Barcelona, ahora en Barsaloi, que le falta muy poco para ser desierto, todos tienen agua en su casa.
Guillermo y su comunidad cristiana tienen muy claro que la misión de Jesús no es acerca de una religión y si de vida abundante para todos.
Una mujer de Barsaloi, hablando de este milagro del agua en su pueblo dijo “morokure airoshi nkoriong anapita nkare”; “la espalda no pesa más cuando se carga el agua”...La misión es para esto, para que la espalda de nadie pese y que todos puedan vivir como hijos e hijas de Dios.
Agustín, junto a muchos cristianos de su tiempo, consideraba en cambio que la versión griega de los Setenta era la autoridad suprema, ya no podía ser superada por ninguna que viniera después y que, por tanto, no era bueno prescindir de ella. Jerónimo rompió esta confianza de Agustín y de la Iglesia de su tiempo en la versión de los Setenta y sus traducciones al latín; su tesón lo llevó a finalizar su traducción directa desde los originales hebreos, la que hoy conocemos como la Vulgata.
La Biblia de los Setenta, fue una mediación cultural, Sin embargo, esa versión de las Escrituras, aunque fue de tanta utilidad, se topó con su propia caducidad. Todo, menos Dios, tiene fecha de expiración.
Una cosa que hay que valorarle a Jerónimo y de la que nos tenemos que apropiar hoy si queremos dialogar con las culturas y posibilitar buena comunicación con nuestros contemporáneos y que el Evangelio llegue a sus destinatarios: no podemos absolutizar ninguna mediación cultural.
Tenemos el peligro de confundir la Iglesia con Medusa, esa mujer de la mitología que convertía en piedra lo que veía: la mirada de la Iglesia no puede petrificar los medios que ha usado y usa para evangelizar, por grandes y geniales que sean y hayan sido.
Ahora que la pandemia se ha calmado y que podemos reflexionar con más serenidad, me viene espontánea una comparación entre Nabucodonosor y el COVID 19. los dos invasores, el rey caldeo y la pandemia, me hacen pensar en la forma en la que nosotros “religiosos” de ayer y de hoy nos posicionamos ante la dificultad y le hacemos frente a la realidad.
Nabucodonosor invadió el reino del norte y quebró la normalidad ritmada por el culto de Jerusalén...Y después, en nuestro tiempo, me fijo particularmente en nuestra Colombia, un virus nos invadió, también mucho dolor y muerte.
Las dos eran “normalidades” ritmadas por el culto y en los dos casos volver a ellas era sinónimo de volver a los templos.
En Israel, a la sombra del templo y en la seguridad de los sacrificios, los profetas dejaban ver que lo que sucedía era una normalidad de injusticia y opresión...
En nuestra Colombia, muchas voces, especialmente las de las personas que este país aplasta, las 30.000 víctimas entrevistadas por la Comisión de la Verdad, nos están diciendo que la normalidad a la que suspirábamos volver deja mucho que desear…es más bien una tragedia humana a la sombra de los templos y del culto.
La normalidad a la que volvimos ya cuenta, en solo este año, y según cifras de indepaz, 79 masacres, 128 líderes y defensores de los derechos humanos y 34 firmantes del acuerdo de paz asesinados. ¿Perdimos también la oportunidad?
Muchas veces me ha sucedido que entro a centros comerciales y me encuentro a un presbítero, y no ha faltado el obispo, subido a una tarima y celebrando la misa delante de una multitud amorfa de fieles... digo multitud amorfa porque allí, en esas asambleas, que nacen y se diluyen espontáneamente, no hay propiamente comunidad y compromiso de unos con otros, no hay vínculos de hermanos y hermanas, no hay sentido de familia ni opción por los más pobres.
Al ver sus iglesias vacías se ponen ansiosos y encuentran así una oportunidad para “iglesializar” centros comerciales, terminales de transporte, calles y espacios públicos y a todo eso terminan dándole el nombre de “nueva evangelización”.
La Iglesia no está para conquistar el mundo, la Iglesia está para servirlo.
Hay una discusión en Colombia, en el congreso y en las calles, sobre las iglesias y los impuestos; veo esta ocasión muy propicia para que, con el corazón en la mano, nos hagamos la pregunta que titula este texto que ahora les comparto.
honestamente, en las iglesias, no sólo pagamos, sino que también contribuimos bastante al fisco nacional.
Después de esta aclaración paso a hacer la pregunta, a modo de examen de conciencia, por los impuestos que cobramos en las iglesias; los llamo impuestos, aunque por eufemismo normalmente hablemos de ofrendas, limosnas, aranceles, donaciones…etc
Si en la discusión que hay en el país sobre los impuestos de las iglesias insistimos en las exenciones que tenemos, las que nos hacen bien y nos convienen, tenemos que hacer al mismo tiempo examen de conciencia... antes que recurrir a concordatos y leyes y a supuestos derechos para zanjar la discusión de los impuestos hay que pedir la gracia de la conversión.
El culto que damos a Dios es nuestra vida misma, pero no puede ser un modo de ganarnos la vida.
Y todo esto sucede en un país, uno de los más inequitativos, donde hay 21 millones de empobrecidos, los mismos fieles, que no pueden comer tres veces al día,
Este 28 de agosto expira el periodo dado a la Comisión de la Verdad y sólo la historia revelará el valor del informe que nos han dejado.
Nos aproximamos a la verdad cuando dejamos la oficialidad y oímos a las víctimas...lo que Dios tiene para decirnos nos lo dirá no con la voz de la oficialidad, sino con la voz quebrada, a veces insegura y tímida, en tartamudeos y lapsus, de los que han sufrido.
Esa versión oficial que nos quieren dar, se parece a la que, según el evangelio de Mateo, quisieron comprar los sacerdotes y las autoridades judías sobre la muerte y resurrección de Jesús.
Hay otro temor de los que encargan un informe oficial y es que los niños y niñas de Colombia estudien en sus escuelas lo que pasó; les parece inapropiado; no se dan cuenta de que en un país de nueve millones de víctimas la mayoría de los pequeños no sólo sabe sino que ha vivido este horror.
los niños y niñas necesitan el informe, no para saber el horror sino para sanar...
Allí había en el aire una discusión, o al menos una pregunta, sobre lo impuro y lo puro; sobre gente impura o no.
No faltaban allí los que pensaban que las mujeres y los niños recibían salvación sólo por reflejo, que esta era para hombres.
la reacción inmediata de Jesús, al pensar que la mujer le pedía algo que no le correspondía, muestra la estrechez cultural y religiosa que sufría, de las que, como “uno de tantos”, no podía escapar.
Los judíos presentes, con Jesús mismo, tuvieron que dar el paso y dilatar su mente y convencerse que Dios no tenía problemas con extranjeros, que el pan de la mesa de Dios era para todos y no solo para los israelitas…. Y todos esos varones, judíos o no, de mentalidad machista, y ahí también Jesús, tuvieron que dar un paso extra, salir no sólo de Israel, sino también de su género, y saber que a Dios no le estrechaba nada, tampoco el ser mujer…
Esta mujer “gesta” a Jesús, lo ayuda a crecer, lo saca de esos estereotipos que lo empequeñecen… aquí se verifica lo que se dice de él en el evangelio, que “crecía en sabiduría, estatura y en gracia”…
Esta mujer es una persona y es también una colectividad; en ella están todos y todas los que son excluidos por su condición de extranjería, religión, clase, género, economía, sexualidad, enfermedad.
No nos viene la liberación de un Dios que esta más allá, en un segundo piso fuera de la creación, mirando de lejos, nos viene de un Dios con nosotros, y que está en la carne de todos y especialmente la de los pobres.
ahora el absoluto para Dios mismo y para todos los que quieran decir una palabra en su nombre es “mi hija está enferma y sufre mucho”.
Si crecemos con Jesús nuestra única religión será el sufrimiento de los pobres, fuera de allí no habrá lugar para adorar a Dios.
El papa Francisco nos ha hablado muchas veces del gnosticismo como una tentación siempre presente. El gnosticismo es la noción de que la salvación sucede en otra parte, en otra esfera y no aquí.
Los muy religiosos y los que pasamos mucho tiempo en edificios sagrados, tenemos que mantener siempre en mente y corazón que el asesinato de Dios hecho carne, Dios hecho humano, fue planeado desde un templo y que los que maquinaban su muerte fueron hombres religiosos.
Esta es la tentación gnóstica de la que nos habla el papa y de la que profusamente se ocupan Juan, la carta a los hebreos y muchos padres de la Iglesia: un evadir la realidad y un sacar a Dios de lo concreto de la vida.
Como algunos cristianos al principio, que se negaban a ver a Dios en el que nació de una mujer y murió en la cruz, o que dudaban de la humanidad de Cristo ya que les parecía indigna de Dios, hoy hay una tendencia a encontrar a Dios en milagros y experiencias de trance, revelaciones especiales y éxtasis místicos, abstracciones espirituales, y todo esto con indiferencia por las personas que sufren.
El papa Francisco también nos dice que en lo concreto es donde nos tenemos que detener.
vemos a Dios que hace suyo todo lo humano, totalmente implicado en la realidad.
El primer pasaje es de Víctor Hugo en “Nuestra Señora de París”. El archidiácono Claude Frollo: vive en la catedral y allí está siempre en medio de muchos libros y ciencias y mirando el mundo desde la religión y desde arriba; sabe leer y especula, pero se verá a lo largo de la novela que no sabe amar.
Este problema de Colombia de mayorías católicas que no termina de aceptar la justicia reparativa, de comprender la JEP, ese tribunal que está tratando de implementar un sistema de justicia no basado en el castigo, sino en la reparación (diríamos nosotros con lenguaje bíblico de “justificación del pecador”), ese lío con los excombatientes que firmaron el acuerdo de paz y a los que no se les da una oportunidad y se les asesina, en este 2022, según datos de indepaz, van 21… estos de la Iglesia, no faltaron entre ellos algunos obispos y párrocos, que vieron tantas objeciones a los acuerdos de paz y que veía como un absurdo que no fueran a pagar cárcel…. ¿Todo esto no indicará una iglesia gnóstica?
Fue muy difícil para los primeros cristianos, que conocían y sufrían a los sacerdotes del templo de Jerusalén, llamar a Cristo sacerdote. Es que Cristo es Jesús y en él no se veían los rasgos del antiguo sacerdocio...
Aun así, los cristianos fueron también comprendiendo que lo que los viejos sacerdotes querían sin lograr era lo que Jesús alcanzaba con su simple humanidad, y humanidad sin añadidos sacros.
Toda mujer y todo varón si son realmente humanos, esto es si se donan en el amor, son sacerdocio de Cristo y Cristo continúa en ellos y ellas lo que empezó en Jesús.
Desafortunadamente, la belleza del sacerdocio de Cristo y su alcance se fue reduciendo desde muy temprano en la historia de la Iglesia y llegó a ser mutilado y a perder su posibilidad.
Cuando las mujeres hablan del sacerdocio se piensa a menudo que están reclamando poder y cuesta caer en la cuenta de que lo que quieren es vivir su propio ser, su humanidad.
El sacerdocio, que no es prerrogativa de ningún sexo, que es llanamente Cristo en nuestra carne, no es un reclamo de poder de nadie, es siempre expresión de lo que somos y lo que nos hace hombres y mujeres, humanidad donada. Y la experiencia nos dice que esta humanidad donada se realiza de modo especial en la mujer, que concibe vida, que la gesta, que la lucha, que la acompaña, que no la deja morir.
Se trata de entender el sacerdocio de Cristo desde la humanidad de Jesús y la de todos los que con él donan su propia vida y especialmente la mujer que es fuente de vida: el sacerdocio tiene en ellas la oportunidad de salir definitivamente del templo, como lo quiso Jesús, y hacer la experiencia de Dios desde el propio cuerpo, en lo cotidiano, en la relación.
En su declaración final, la Comisión de la Verdad, dejó preguntas a toda la sociedad colombiana; aquí, en este artículo, quiero que nos dejemos interpelar por las que nos hizo a los creyentes y a los líderes de la Iglesia en nuestro país: “¿Qué hicieron ante esta crisis del espíritu los líderes religiosos? Y, aparte de quienes incluso pusieron la vida para acompañar y denunciar, ¿qué hicieron la mayoría de obispos, sacerdotes y comunidades religiosas? ¿Cómo nos atrevimos a dejar que pasara y a dejar que continúe?”
Parece que, según los interrogantes que hace la Comisión, la mayoría de los líderes eclesiales miramos esta guerra desde los altares y devociones y que los muchos que ofrecieron su vida y la siguen dando son todavía minoría.
Termino con una historia que podrá servirnos de espejo para este examen de conciencia que nos pone la Comisión de la Verdad. Sucedió durante la pandemia, cuándo queríamos volver a la normalidad que es más bien tragedia, y fue la consagración de un obispo para una diócesis de las más afectadas por el conflicto....
Hoy 28 de junio la comisión para el esclarecimiento de la verdad presenta su informe final; he podido seguir muy de cerca, gracias a las redes y a la página web el itinerario que ha seguido la comisión de la verdad. Como colombiano siento una profunda gratitud con los comisionados y quiero, en estas líneas, resaltar el aporte de cada uno de ellos.
Visité, hace menos de un mes, en Bogotá, la exposición “Aun tendría que haber luciérnagas” del artista chileno Fernando Prats y hoy, festividad de Corpus Christi, la obra vuelve a mi recuerdo y meditación… Les cuento sobre esto.
La memoria que resuena en las voces de los que han perdido a sus seres queridos da significado a esas hostias; es una memoria quebrada de dolor, casi a punto de apagarse, y, tristemente, por el negacionismo, en peligro de extinción…como lo están también las luciérnagas, y de aquí el nombre de la obra.
¿Estamos yendo a almacenes píos de artículos religiosos a comprar la materia de la eucaristía que llevamos a nuestros altares fáciles y, mientras tanto, nos dejan indiferentes los cuerpos de tantos de los nuestros asesinados y desaparecidos?
Me llaman la atención algunas prácticas que se están volviendo usuales en las comunidades cristianas, prácticas muy poco confrontadas y no en pocos casos apoyadas por los sacerdotes y agentes de pastoral; les confieso que muchas veces me hacen sentir en un aquelarre y no en la Iglesia.
Solo quiero poner la cuestión y decir que estas prácticas responden más a la lógica, fuera de toda razón e inspiración, que se usa para la brujería y los hechizos; es como si pensáramos que lo original del evangelio sea el fetichismo y no la encarnación; que sea el “deus ex machina” el que nos salva y no el crucificado; que la fe sea manipular la realidad y no confianza en ella; que la Iglesia sea un aquelarre y no comunión.
Tenemos que volver a Jesús, él no es un brujo, es Dios mismo que vive su divinidad en los límites y posibilidades de lo humano.