Allí había en el aire una discusión, o al menos una pregunta, sobre lo impuro y lo puro; sobre gente impura o no.
No faltaban allí los que pensaban que las mujeres y los niños recibían salvación sólo por reflejo, que esta era para hombres.
la reacción inmediata de Jesús, al pensar que la mujer le pedía algo que no le correspondía, muestra la estrechez cultural y religiosa que sufría, de las que, como “uno de tantos”, no podía escapar.
Los judíos presentes, con Jesús mismo, tuvieron que dar el paso y dilatar su mente y convencerse que Dios no tenía problemas con extranjeros, que el pan de la mesa de Dios era para todos y no solo para los israelitas…. Y todos esos varones, judíos o no, de mentalidad machista, y ahí también Jesús, tuvieron que dar un paso extra, salir no sólo de Israel, sino también de su género, y saber que a Dios no le estrechaba nada, tampoco el ser mujer…
Esta mujer “gesta” a Jesús, lo ayuda a crecer, lo saca de esos estereotipos que lo empequeñecen… aquí se verifica lo que se dice de él en el evangelio, que “crecía en sabiduría, estatura y en gracia”…
Esta mujer es una persona y es también una colectividad; en ella están todos y todas los que son excluidos por su condición de extranjería, religión, clase, género, economía, sexualidad, enfermedad.
No nos viene la liberación de un Dios que esta más allá, en un segundo piso fuera de la creación, mirando de lejos, nos viene de un Dios con nosotros, y que está en la carne de todos y especialmente la de los pobres.
ahora el absoluto para Dios mismo y para todos los que quieran decir una palabra en su nombre es “mi hija está enferma y sufre mucho”.
Si crecemos con Jesús nuestra única religión será el sufrimiento de los pobres, fuera de allí no habrá lugar para adorar a Dios.
El papa Francisco nos ha hablado muchas veces del gnosticismo como una tentación siempre presente. El gnosticismo es la noción de que la salvación sucede en otra parte, en otra esfera y no aquí.
Los muy religiosos y los que pasamos mucho tiempo en edificios sagrados, tenemos que mantener siempre en mente y corazón que el asesinato de Dios hecho carne, Dios hecho humano, fue planeado desde un templo y que los que maquinaban su muerte fueron hombres religiosos.
Esta es la tentación gnóstica de la que nos habla el papa y de la que profusamente se ocupan Juan, la carta a los hebreos y muchos padres de la Iglesia: un evadir la realidad y un sacar a Dios de lo concreto de la vida.
Como algunos cristianos al principio, que se negaban a ver a Dios en el que nació de una mujer y murió en la cruz, o que dudaban de la humanidad de Cristo ya que les parecía indigna de Dios, hoy hay una tendencia a encontrar a Dios en milagros y experiencias de trance, revelaciones especiales y éxtasis místicos, abstracciones espirituales, y todo esto con indiferencia por las personas que sufren.
El papa Francisco también nos dice que en lo concreto es donde nos tenemos que detener.
vemos a Dios que hace suyo todo lo humano, totalmente implicado en la realidad.
El primer pasaje es de Víctor Hugo en “Nuestra Señora de París”. El archidiácono Claude Frollo: vive en la catedral y allí está siempre en medio de muchos libros y ciencias y mirando el mundo desde la religión y desde arriba; sabe leer y especula, pero se verá a lo largo de la novela que no sabe amar.
Este problema de Colombia de mayorías católicas que no termina de aceptar la justicia reparativa, de comprender la JEP, ese tribunal que está tratando de implementar un sistema de justicia no basado en el castigo, sino en la reparación (diríamos nosotros con lenguaje bíblico de “justificación del pecador”), ese lío con los excombatientes que firmaron el acuerdo de paz y a los que no se les da una oportunidad y se les asesina, en este 2022, según datos de indepaz, van 21… estos de la Iglesia, no faltaron entre ellos algunos obispos y párrocos, que vieron tantas objeciones a los acuerdos de paz y que veía como un absurdo que no fueran a pagar cárcel…. ¿Todo esto no indicará una iglesia gnóstica?
Fue muy difícil para los primeros cristianos, que conocían y sufrían a los sacerdotes del templo de Jerusalén, llamar a Cristo sacerdote. Es que Cristo es Jesús y en él no se veían los rasgos del antiguo sacerdocio...
Aun así, los cristianos fueron también comprendiendo que lo que los viejos sacerdotes querían sin lograr era lo que Jesús alcanzaba con su simple humanidad, y humanidad sin añadidos sacros.
Toda mujer y todo varón si son realmente humanos, esto es si se donan en el amor, son sacerdocio de Cristo y Cristo continúa en ellos y ellas lo que empezó en Jesús.
Desafortunadamente, la belleza del sacerdocio de Cristo y su alcance se fue reduciendo desde muy temprano en la historia de la Iglesia y llegó a ser mutilado y a perder su posibilidad.
Cuando las mujeres hablan del sacerdocio se piensa a menudo que están reclamando poder y cuesta caer en la cuenta de que lo que quieren es vivir su propio ser, su humanidad.
El sacerdocio, que no es prerrogativa de ningún sexo, que es llanamente Cristo en nuestra carne, no es un reclamo de poder de nadie, es siempre expresión de lo que somos y lo que nos hace hombres y mujeres, humanidad donada. Y la experiencia nos dice que esta humanidad donada se realiza de modo especial en la mujer, que concibe vida, que la gesta, que la lucha, que la acompaña, que no la deja morir.
Se trata de entender el sacerdocio de Cristo desde la humanidad de Jesús y la de todos los que con él donan su propia vida y especialmente la mujer que es fuente de vida: el sacerdocio tiene en ellas la oportunidad de salir definitivamente del templo, como lo quiso Jesús, y hacer la experiencia de Dios desde el propio cuerpo, en lo cotidiano, en la relación.
En su declaración final, la Comisión de la Verdad, dejó preguntas a toda la sociedad colombiana; aquí, en este artículo, quiero que nos dejemos interpelar por las que nos hizo a los creyentes y a los líderes de la Iglesia en nuestro país: “¿Qué hicieron ante esta crisis del espíritu los líderes religiosos? Y, aparte de quienes incluso pusieron la vida para acompañar y denunciar, ¿qué hicieron la mayoría de obispos, sacerdotes y comunidades religiosas? ¿Cómo nos atrevimos a dejar que pasara y a dejar que continúe?”
Parece que, según los interrogantes que hace la Comisión, la mayoría de los líderes eclesiales miramos esta guerra desde los altares y devociones y que los muchos que ofrecieron su vida y la siguen dando son todavía minoría.
Termino con una historia que podrá servirnos de espejo para este examen de conciencia que nos pone la Comisión de la Verdad. Sucedió durante la pandemia, cuándo queríamos volver a la normalidad que es más bien tragedia, y fue la consagración de un obispo para una diócesis de las más afectadas por el conflicto....
Hoy 28 de junio la comisión para el esclarecimiento de la verdad presenta su informe final; he podido seguir muy de cerca, gracias a las redes y a la página web el itinerario que ha seguido la comisión de la verdad. Como colombiano siento una profunda gratitud con los comisionados y quiero, en estas líneas, resaltar el aporte de cada uno de ellos.
Visité, hace menos de un mes, en Bogotá, la exposición “Aun tendría que haber luciérnagas” del artista chileno Fernando Prats y hoy, festividad de Corpus Christi, la obra vuelve a mi recuerdo y meditación… Les cuento sobre esto.
La memoria que resuena en las voces de los que han perdido a sus seres queridos da significado a esas hostias; es una memoria quebrada de dolor, casi a punto de apagarse, y, tristemente, por el negacionismo, en peligro de extinción…como lo están también las luciérnagas, y de aquí el nombre de la obra.
¿Estamos yendo a almacenes píos de artículos religiosos a comprar la materia de la eucaristía que llevamos a nuestros altares fáciles y, mientras tanto, nos dejan indiferentes los cuerpos de tantos de los nuestros asesinados y desaparecidos?
Me llaman la atención algunas prácticas que se están volviendo usuales en las comunidades cristianas, prácticas muy poco confrontadas y no en pocos casos apoyadas por los sacerdotes y agentes de pastoral; les confieso que muchas veces me hacen sentir en un aquelarre y no en la Iglesia.
Solo quiero poner la cuestión y decir que estas prácticas responden más a la lógica, fuera de toda razón e inspiración, que se usa para la brujería y los hechizos; es como si pensáramos que lo original del evangelio sea el fetichismo y no la encarnación; que sea el “deus ex machina” el que nos salva y no el crucificado; que la fe sea manipular la realidad y no confianza en ella; que la Iglesia sea un aquelarre y no comunión.
Tenemos que volver a Jesús, él no es un brujo, es Dios mismo que vive su divinidad en los límites y posibilidades de lo humano.
En estos días y en este mes en que celebramos a las mamás, quiero contemplar con ustedes, y con mucha pascua, a las Madres de la Candelaria, esas mujeres de aquí de Medellín, y con ellas tantos otros grupos de Antioquia y de toda Colombia, que buscan a sus seres queridos desaparecidos. Muchas veces, al visitarlas, las veo haciendo sus artesanías, y entre estas las “muñecas abrazadoras”.
Esas muñecas de trapos, como ellas mismas me lo explicaron, son algo más que un producto de su taller de costureras...se me vuelven teología, ellas y las que las hacen me muestran a Dios, a Dios que es mamá.
Esta semana, 26 y 27 de abril, en Ocaña, tuvo lugar una audiencia de la Jurisdicción Especial para la Paz y lo que allí se dijo dejó estremecida a la Colombia sensible. 9 militares y un civil que colaboraba con ellos confesaron crímenes de lesa humanidad.
Víctima es la palabra que usamos para designar lo que se sacrifica en un altar, lo que se le ofrece a un ídolo. Sólo los ídolos piden víctimas, Dios que es padre, no las quiere y no quiere la sangre de nadie; Si hay víctimas en Colombia es que hay ídolos puestos sobre nuestros altares.
Todo esto de los “falsos positivos” es para los creyentes, para los que seguimos a Jesús, no sólo un problema de política, sino sobre todo un problema de fe; no es un problema de los militares, sobre los que cae una tremenda responsabilidad, es un problema de todos los que hemos adorado este ídolo con la indiferencia...
Al recibir hoy la noticia de la muerte de doña Fabiola Lalinde, una mujer de fe, símbolo de la búsqueda de los desaparecidos, de resistencia y de la dignidad de las víctimas, les propongo de nuevo este artículo que ya había compartido hace un buen tiempo.
En los últimos tiempos hemos estado oyendo noticias sobre bautismos nulos, sobre todo en los Estados Unidos, y esto porque algunos ministros han cambiado, “creativamente”, la fórmula del rito.
En cada caso, se desata sin falta un efecto dominó...
La realidad que extraño en estas historias de hoy, y en la forma como administramos el bautismo en la actualidad, es la mistagogia, ese arte de la Iglesia para introducir en el misterio, en el amor de Dios, a los que se acercaban a la comunidad de los cristianos...
La historia que les cuento en estos párrafos de hoy es vieja, sucedió a finales de los años 90, aunque la acabo de escuchar de labios de Teresita Gaviria, la misma señora que con su lucha y tesón dio origen a las madres de la Candelaria.
Y fue en el metro de Medellín, que por esos tiempos se estrenaba, donde las madres de la Candelaria, experimentaron rechazo y exclusión...
Tengo que decir que un metro así limpio no lo quiero; enorgullecernos de una cultura que desecha seres humanos nos quita dignidad a todos.
Y esto que pasó en el metro es apenas un iceberg de lo que pasa en Antioquia y en toda Colombia, un departamento y un país, donde se habla de “limpieza social” y las personas se clasifican como se clasifica la basura y después de asesinarlas se botan a los basureros.
Visité al padre Federico Carrasquilla en su casa en Medellín, en el barrio La Camila, y encontrarme con él fue encontrar un discípulo de Jesús.
Nunca, como en este caso, había visto un sagrario que fuera a la vez biografía del que se acerca a él para adorar, es que este sacerdote de Jesús ha vivido siempre en la olla con su maestro, en los barrios populares, en los márgenes.
Estamos en Colombia en plena contienda electoral y no han faltado estos días, en las homilías y en los avisos parroquiales, los llamados a votar por candidatos de fe católica y a descartar a los que se profesan ateos o agnósticos. Quiero reflexionar sobre este llamado, esta especie de cruzada política, a veces tan común en nuestros templos y en los grupos eclesiales.
El llamado a votar sólo por católicos y a descartar a los que se profesan agnósticos o ateos no tiene asidero en el Evangelio.
Hay gobernantes y políticos que hablan de Dios y que predican...De ese Dios del que ellos hablan nosotros los cristianos somos ateos, como fuimos ateos en los tiempos del imperio romano y por eso fuimos perseguidos y asesinados.
La conclusión es que el deseo de muchos cristianos, exhortados por algunos jerarcas, de ir a las elecciones a votar lo católico y por los católicos, no es otra cosa que nostalgia de paganismo, un olvido de Jesús.
En la política de Dios los votos no son para él, son para reconocer la autoridad de los que sufren.
Su memoria sigue siendo un desafío para la Iglesia.
Gerardo se llamó a sí mismo, así firmaba sus cartas y sus documentos, hermano, el hermano Gerardo.
Un obispo que se dejó tocar por el Vaticano II y por Medellín, o mejor, que dejó soplar al Espíritu Santo.
Y después de llamarse hermano y dejarse llamar así, el obispo Gerardo, pasaba a los hechos.
Cuentan los que lo conocieron que se llegó a quitar la camisa y la dio a uno que se encontró en la calle: como Cristo en la cruz, allí en el clímax de su sacerdocio, llegó a tener como único distintivo la piel desnuda y sin añadidos.
Es curioso que estas cosas, tan propias de Jesús, llamarse hermano y vivir la fraternidad, que leemos todos los días en los evangelios, hayan causado escándalo y sigan causándolo en nuestra Iglesia.
Hace más de un año, julio 9 de 2020, en la fiesta de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá, el presidente Iván Duque Márquez difundió en Twitter sus sentimientos religiosos y su devoción a la Virgen.
En estos últimos días, el mandatario hizo otro comentario sobre Luis Alfredo Garavito, un hombre sobre el que pesan terribles crímenes y ya condenado, y se refirió a él como "bestia" y "rata apestosa".
Esperaría que la Iglesia, así como en su momento defendió la manifestación pública de la fe de su feligrés de la Casa de Nariño y que para hacerlo habló del lienzo precioso de Chiquinquirá, ahora saliera al paso y le hablara a este de la imagen indeleble de Dios en todo ser humano, también en Garavito.
El lienzo precioso de Nuestra Señora de Chiquinquirá es nada comparado con la imagen de Dios en Luis Alfredo Garavito.
Hace ya un siglo, el padre Ezequiel Pérez, entonces párroco de Jardín, cambió nombre a uno de los territorios ocupados por el pueblo Emberá Chamí, y así lo que antes se llamaba Karmata Rúa, Tierra de la Pringamoza, pasó a llamarse Cristianía.
En los últimos años, después de reflexión y desde una recobrada consciencia de su identidad, los habitantes de ese lugar han decidido recuperar su nombre y llamar a su territorio como lo hicieron sus ancestros.
Todos los nombres, así no hayan sido dados por cristianos, dicen Cristo y dan pistas para intuir a Dios..
Sí, el pueblo Emberá Chamí quiere seguir siendo cristiano y, al mismo tiempo, llamar uno de sus territorios Karmata Rúa.
Hace poco leí “La Sombra de Orión” de Pablo Montoya, una novela linda y dura que nos hace caminar por los barrios y entrar en las casas y hablar con la gente de la Comuna 13 de Medellín en los tiempos en que la fuerza pública se unió a grupos al margen de la ley para señalar y asesinar a muchos de los nuestros, especialmente jóvenes.
Como cristiano y como sacerdote, no pude leer este párrafo de la novela sin pensar en el canon de la misa y sin sentir en la voz de Machuca la misma voz de Cristo: “Este es mi cuerpo”.
En Machuca y en todas esas víctimas que nombra el autor, veo a Cristo buscando su carne en esos cuerpos masacrados y botados en el basurero; buscando su cuerpo para completar su misa.
He aquí el rito sagrado para todos: ir al altar de las calles y elevar esos cuerpos ninguneados, palpar la pascua en sus cicatrices, pronunciar sobre ellos las palabras de consagración, reconocer a Cristo y adorar en ellos a Dios.
Una de estas tardes en Medellín tuve la oportunidad de visitar a Lolita Londoño, ella estaba en su casa que es además taller de costura y almacén; sus relatos, de un dolor que se va volviendo alegría, siguen resonando a mis oídos como buena noticia y aquí se los comparto.
El perdón, como una flor, se fue abriendo despacito y sin que nadie lo forzara.
Lolita además decidió adoptar a tres de los antiguos victimarios y así recuperar en ellos a sus hijos perdidos.
Lolita se parece a Dios porque, así como Él, ella también da vida incluso a los que dieron muerte a sus hijos.
Qué bueno que la Iglesia, así como Lolita, fuera en el mundo como el útero de Dios y guardara a todos en su intimidad sin moralismos ni prejuicios...