Adiós a 700 años de vida religiosa ininterrumpida en Belorado
El emotivismo y el abuso espiritual, o cómo los obispos tratan de no llegar tarde. La reforma de Cobo de los seminarios llega a Roma, y el Vaticano visita los escenarios de la visita del Papa a España. Prevost, Trump y el 'amigo americano', en el #resumensemanal de @bastantejesus en @religiondigit
En 1358, unas monjas clarisas comenzaron a habitar el monasterio de la Bretonera, en Belorado. En estos días -tal vez, mientras veas este resumen-, las últimas religiosas que lo habitaron abandonan, vía desahucio, el convento, poniendo fin a casi 700 años de vida religiosa ininterrumpida. Ni la desamortización de Mendizábal acabó con las religiosas. Lo hizo un cisma, provocado por las ansias de poder, las malas compañías, y un exceso de emotivismo, de abuso espiritual, de un liderazgo despótico y de malas, muy malas, decisiones.
Esta, sin duda, es una mala, una muy mala noticia. Para la Iglesia, y para la sociedad. Las cosas se podían haber hecho mucho mejor, algunas puertas no deberían haberse cerrado, y aunque nunca es tarde para medidas misericordiosas, lo cierto es que las siete mujeres que resisten, 22 meses después del Manifiesto Católico, no volverán a ser monjas. Como tampoco lo son las dos exclarisas que, después de un proceso de purificación, han vuelto a la comunión. Como laicas. Algo no se ha hecho bien.
En el fondo, el de Belorado es un ejemplo claro de los males que acechan a la Iglesia española. Un exceso de protagonismo de algunos, una vida basada en la emotividad, en los "bombardeos emocionales" que aprovechan los que suelen abusar, espiritual, emocionalmente, de las almas débiles, ansiosas por encontrar respuestas en un mundo que se hunde. Algo de esto hay detrás de la nota que esta semana ha publicado la Conferencia Episcopal denunciando aquellas formas de espiritualidad, tan en boga en la Iglesia española, que hacen de la emotividad, del secretismo, de los 'chutes de Dios' una forma de vida y de fe. Que se alejan del Evangelio y se hunden en lo emocional, en el culto al líder, en las liturgias paralelas.
En el fondo, el de Belorado es un ejemplo claro de los males que acechan a la Iglesia española. Un exceso de protagonismo de algunos, una vida basada en la emotividad, en los "bombardeos emocionales" que aprovechan los que suelen abusar, espiritual, emocionalmente, de las almas débiles, ansiosas por encontrar respuestas en un mundo que se hunde
No han necesitado los obispos poner nombres, aunque todos pensamos en las HAM, en Effetá, en Bartimeo, en Emaús, en Hakuna, en Heraldos, en Cursillos, en... Las debilidades de un modo de entender la fe a golpe de click, de caída de caballo convenientemente publicitada, de castillos de arena sin ciudad de Dios detrás. Un mensaje que, tal vez, llega demasiado tarde, pero que abre la puerta a un cambio en las actitudes, también de ciertos pastores, que promocionan estos grupos para hacer crecer sus cifras de vocaciones sin sentido. Una visión emotiva que también contemplamos en 'Los Domingos', la película triunfadora en los premios Goya. Por cierto, que algunas respuestas a las críticas de Silvia Abril en la gala demuestran precisamente la violencia de algunos emotivismos. Sobre todo cuando los cinco Goyas para el filme, votados por mayoría de la Academia del Cine, demuestran que no hay persecución alguna hacia lo religioso. La realidad aplasta cualquier opinión.
Pero las cosas están cambiando: lo vimos en el CONVIVIUM de Madrid, y en muchas otras iniciativas, que están encontrando eco en Roma. No es casualidad, no lo es, que el cardenal Cobo sea el coordinador de la propuesta del Sínodo para la reforma de los seminarios, cuyos resultados hemos visto esta semana. Una propuesta para un cambio en la formación de los futuros sacerdotes, con una presencia más pastoral, más cercana, con una formación multidisciplinar, en la que también participen mujeres. Porque necesitamos sacerdotes santos, pero sobre todo humanos, que sientan, conozcan y vivan con el pueblo al que han de servir.
Esta semana, los enviados del Vaticano han visitado los posibles escenarios del viaje del Papa León XIV a Madrid, Barcelona, Canarias y Tenerife los próximos 6 y 12 de junio. Muchas propuestas, alguna que otra discusión, y la sensación de que hay que buscar más allá del éxito de los números, una propuesta de futuro. Que el viaje de Prevost no sea únicamente un grandísimo espectáculo. Que deje poso, y marque el presente, y el futuro de la Iglesia española. ¿Podremos ponernos de acuerdo en esto?
Un Prevost que ama España, y a los españoles, y que entiende el 'alma' de un pueblo que no quiere comulgar con las ruedas de molino del otrora 'amigo' americano. Un pueblo que vuelve a gritar 'No a la guerra' ante el todopoderoso Trump, otro síntoma (ésta con botón nuclear) de ese emotivismo, de esos abusos, señalados por Cor ad Cor Loquitur. Y es que los abusones no sólo están en la Iglesia. Como siempre, si miramos bien, la respuesta está en el Evangelio. Tal vez sería bueno comenzar a hacerlo vida, y comprometernos con la paz, y la justicia.
Feliz domingo