Nosotros los mayores, y la Poesía 44. VENDRÁS DE NOCHE O DE MAÑANA

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A medida que aumenta la edad de una persona mayor, suele agriarse su carácter al descubrir medio vacío el vaso de su vida y observar cómo la cercanía del final paraliza sus proyectos y martiriza sus horas. Suele ocurrir, a escala de las edades del hombre, lo que sucedió en el siglo XVII a raíz de la pérdida de territorios y riquezas de la España Imperial: el movimiento vitalista del Renacimiento perdió aliento en el siglo del Barroco, y nació un amargo desengaño apoyado en una reflexión pesimista sobre la brevedad y farsa de la vida.

En imagen, fragmento central de un extraordinario óleo de Doménikos Theotokópoulos, “el Greco”, realizado a comienzos del siglo XVII. Medita Francisco de Asís sobre la muerte, sosteniendo en sus delicadas manos el oscuro despojo de una calavera. A partir del Miércoles de Ceniza viene celebrando la Iglesia católica la cuarentena, piadosa y sacrificada, previa a la muerte (y resurrección) de Dios humanado. Atentos a lo que el sagrado tiempo de la liturgia cuaresmal y la crisis de una vejez temblorosa y desengañada, demandan, nos hemos asomado a poetas mayores que reflejan en delicados versos sentimientos de sabiduría y temor hacia una muerte anunciada y presentida en el fragor de las batallas de la supervivencia.

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CIRIOS SON NUESTRAS VIDAS CONSUMIÉNDOSE

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Probablemente refiriendo experiencias de su propia infancia, interpreta el lírico mexicano José Emilio Pacheco, Premio Cervantes y Reina Sofía en 2009, la breve existencia de un cirio encendido como esclarecedor símbolo de la vida del hombre: “llama es la vida / y cirios nuestros cuerpos”. El apagado de la luz puede ser natural, cumpliendo hasta el fin su función, o súbito y violento, por un traidor ramalazo de aire. Bellísima la escenografía del drama: entre la oscuridad de la nave del templo y la alta y misteriosa luz de los vitrales. El veterano resplandor de José Emilio se apagó dulcemente, a los 74 años de alumbrar sabiduría y belleza, un 26 de enero del pasado año. Descanse en la Luz.

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CIRIOS

Cirios: son nuestras vidas consumiéndose,
le dijeron al niño en la profunda
catedral de penumbra silenciosa.

La visión permanece nítida:
las llamas palpitantes en la zona intermedia
entre la oscuridad y la luz enrarecida
por los vitrales
y las fugaces mechas que al arder
devastaban la cera o la parafina.

Llama es la vida
y cirios nuestros cuerpos que se desgastan.
Pero su fin no es previsible:
puede seguir el curso natural
o acabar por un soplo o una racha de viento.



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TENGO LA PIEDRA
QUE LA FECHA ESPERA


Suele representarse a la Muerte como un siniestro personaje sin carne, solo hueso y harapos, y una terrible y afilada ejecutoria entre las manos. Pero aquí no se nombra ni describe a la Innombrable, solo se la interpela. El poeta mexicano Joaquín Antonio Peñalosa, virtuoso Sacerdote, Doctor en Letras y fundador de “El Hogar del Niño” donde residían pequeños sin recursos y les proporcionaba casa, alimento, vestido y estudios, confiesa a la Muerte que preparó ya la caja y el sudario, y hasta una abierta fosa... Pero que es pobre y no tiene qué llevarse...

En el poema “De rodillas”, refiriéndose a su ataúd final, desvela sus más íntimos sentimientos: “Cuando la muerte me sea bienvenida, / id por el carpintero de brazos cruzados, / de tiempo disponible y mano diestra, / y pedidle un cajón al gusto del usuario / donde yo quede precisamente de rodillas, / que no basta la vida para pedir perdón.” Le llevó el Padre a su Hogar de Amor en fechas últimas del pasado siglo.

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SÉ QUE VENDRÁS

Sé que vendrás de noche o de mañana
con andar presuroso o paso lento,
la lengua muda o largo el parlamento,
la cita urgida o la demora vana.

Entrarás por la puerta o la ventana
disfrazada de huésped o de viento,
como final de fiesta o nacimiento,
siempre lejana o siempre tan cercana.

Tengo ya el pino, tengo la madera,
el olor de una rosa contratado
y una mortaja de alas para el viaje.

Tengo la piedra que la fecha espera,
la fosa abierta y el cajón cerrado,
lo que no tengo es nada de equipaje.


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ME ESTÁN LLAMANDO A VOCES...

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Es de celebrar el énfasis del poeta talaverano Joaquín Benito de Lucas en exaltar la extensa cadena interpersonal de vivos y muertos, en señalar cómo la gran familia persevera abrazada más allá del tiempo y del espacio. En la dedicatoria del poemario "Album de familia" se puede leer: "A mis padres, muertos; / a mis hermanos, muertos; / a mis hermanos, vivos. / Todos siempre vivos." Algo así cantaba Miguel Hernández al escribir en "Hijos de la luz y de la sombra": "Los muertos, con un fuego congelado que abrasa, / laten junto a los vivos de una manera terca. / Viene a ocupar el hijo los campos y la casa / que tú y yo abandonamos quedándonos muy cerca..."

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A VOCES

Yo no soy el que llamo, me están llamando a voces
por todos los rincones de mi cuerpo
quienes me quieren más que los que me rodean.
Bien sé que todavía no ha llegado la hora,
pero ya llegará tarde o temprano.
Y ese día –¿o será tal vez de noche?–,
mientras los demás canten, bailen o se emborrachen,
me abrazaré a sus cuerpos de silencio y ceniza.

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LA MUERTE,
FIN DE UNA ETAPA. PPS


La muerte no es el final. Es el principio de una nueva misión. Interesante vídeo, con transición automática de las diapositivas. El final, que en otras versiones permanecía abierto, aquí se orienta hacia la fe cristiana. Duración: 7 minutos. Pulsar, primero aquí. Y, al abrirse, hacer enlace en “Descargar”.

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NOSOTROS LOS MAYORES,
y la Poesía

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36. Regresar a ese limpio manantial

EL MANANTIAL, de Eloy Sánchez Rosillo
LA ESCONDIDA FUENTE, de Eloy Sánchez Rosillo
EL VIAJE, de Eloy Sánchez Rosillo
ÍNDICE DEL 25 al 36


37. Miro mis manos...

MEDITACIÓN SOBRE UNAS MANOS, de Eloy S. Rosillo
CERTIDUMBRE QUE QUEMA, de Eloy Sánchez Rosillo


38. El efecto mariposa

LA REPERCUSIÓN, de Leopoldo de Luis
VISITA AL MERCADO, de Leopoldo de Luis


39. Agnosticismo, viejo perro...

SANTOS RECINTOS, de Leopoldo de Luis
LOS AMANTES, de Leopoldo de Luis
POEMA DE AMOR LEYENDO A MACHADO, de L. de Luis


40. ¡Cómo amaba la vida!

ATARDECER EN BARAÑÁIN, de Jesús Mauleón
PISA ESTE PARQUE, de Jesús Mauleón
NUEVO EPITAFIO, de Jesús Mauleón


41. Con esta dicha de sentirme vivo

GRACIAS, GRACIAS, de Jesús Mauleón
PLAZA DE LOS CASTAÑOS, de Jesús Mauleón
YO PONDRÉ SOL, de Jesús Mauleón


42. Pero ésta no es mi casa

PERO ÉSTA NO ES MI CASA, de Jesús Mauleón
ESPERO, de Jesús Mauleón
ESTE POEMA NO FUE NUNCA ESCRITO, de Jesús Mauleón


43. Cuando mueren los otros

ESA MUERTE PEQUEÑA, de José María Fernández Nieto
RUDA FAENA, de Daniel de la Vega


44. Vendrás de noche o de mañana

CIRIOS, de José Emilio Pacheco
SÉ QUE VENDRÁS, de Joaquín Antonio Peñalosa
A VOCES, de Joaquín Benito de Lucas


45. Avísame, Señor

HERIDO VER, de Ramón de Garciasol
ENFERMO, de Luis Álvarez Lencero
CONVALECENCIA, de Juan Ramón Jiménez


46. El rostro que conjura ver al final

EL ROSTRO QUE CONJURA, de José Agustín de Goytisolo
ANNE MARIE, de Ricardo Paseyro
VER LLEGAR LOS INVIERNOS..., de Fernando Fortún


47. Descifrando sentidos a la muerte

SERÁN CENIZA, de José Ángel Valente
MUERTE VENIDERA, de Joaquín León


48. Amaré y amaré hasta el final

APRESURA, SEÑOR, TIENDE TU MANO, de T. Luca de Tena
ENAMORADO, de Roberto Cabral
LA MUERTE COMO EL AMOR, de Victor Manuel Arbeloa


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