Ignacio de Loyola llegaría a ser un hombre entre dos mundos, el medioevo y el Renacimiento. Una época convulsa con grandes semejanzas a la nuestra
Con el aumento de la población el acontecer histórico se desarrolla en una mayor escala, las guerras son más sangrientas, las sublevaciones sociales ganan en amplitud y violencia, se complica el gobierno y la administración. Asistimos con los viajes intercontinentales a la primera globalización.
El hombre del Renacimiento se percibe como un superhombre que rompe sus cadenas y así se vuelve más frívolo, pródigo y licencioso. Los propios representantes de la Iglesia, incluidos los papas, se vieron también sumidos en esta transformación,
Íñigo, por su origen, podríamos decir que era lo que hoy llamaríamos “un niño bien”, un “pijo” de entonces, un joven vasco rubio y fuerte que se siente transformado desde su herida en Pamplona
Ignacio tiene un encuentro místico, pero progresivamente matizado con los pies en el suelo. Cree en la Iglesia, a pesar de la corrupción dominante. Su equivalente hoy sería desafección a la misma, por ejemplo, con la pederastia
El maestro Ignacio pone el acento en el corazón unido a Dios más que en los medios y la sabiduría humana
Pero Ignacio no quiso tampoco perderse en los abismos de la mística. Su gran logro fue descubrir la unidad del todo. La clave reside en su “Contemplación para alcanzar amor” llevada a la vida con un gran sentido práctico
Como dice Francisco, “el sueño de Dios para Ignacio no se centraba en Ignacio. Se trataba de ayudar a las almas. Era un sueño de redención, un sueño de salir al mundo entero, acompañado de Jesús, humilde y pobre”
En una palabra, Ignacio hoy recomendaría desde la experiencia y la intimidad con Dios seguir a Cristo cada día, verle en nuestros hermanos y discernir, según los signos de los tiempos, cómo actuar en cada momento.
Don Gabino ha dado un testimonio muy importante de reconciliación y perdón frente a los que vuelven a bordear este precipicio del rencor: "Las trincheras de Dios"
En el camino, la madre de Gabino iba preparando a su marido, que estaba destrozado con el pensamiento de dejar huérfanos a sus hijos. Le decía:“Mira, no vas a querer tú más a tus hijos que Dios"
Unos instantes antes de morir dijo: “Así no vais a ganar la guerra, matando a hombres de bien”.
Al lado había otra fosa con restos de mujeres de izquierdas, a las que había fusilado Líster, por haber tenido un comportamiento desleal a las normas, y sin guardar con ellas ningún procedimiento jurídico
“La Iglesia, lo que más hizo entonces, y que yo recuerdo bien -contra lo que dicen algunos que ¡ya va siendo hora de que la Iglesia pida perdón- era predicar el perdón, que perdonáramos a los que habían asesinado a nuestros padres"
Todas las técnicas no sirven de nada, si conviertes la técnica en un fin en sí mismo. Como la respiración, el mantra repetido, la jaculatoria, la relajación… Lo importante es conectarte con otra dimensión. El verdadero objetivo es encontrar el espacio interior.
¿Dónde soy yo mismo? En el centro, en el corazón de la cebolla, un núcleo que está conectado con el Infinito, con Dios y que no alcanzo porque vivo en el hombre exterior.
Cierra los ojos, respira, toma conciencia de la energía interior que habita todo tu cuerpo y no busques nada, no quieras nada, no pienses en nada. Solo siéntate en tu cielo interior, siéntete, el espacio interior hablará por sí mismo, como gota de agua en medio del mar, como una chispa de todo el fuego, como un niño en brazos de su madre.
No salía de mi asombro. En aquel verano de 1978 acabábamos de enterrar a un papa, Pablo VI, y de elegir a otro, Juan Pablo I, que los medios calificaron enseguida como "el papa de la sonrisa". A los 33 días regresaba a Roma
¿Qué había pasado? ¿Cómo explicar una muerte tan repentina? Ya entonces se desataron las especulaciones: que si estaba enfermo del corazón, que si el estrés había afectado el psiquismo de un hombre que no se sentía con fuerzas para gobernar a la Iglesia, y, como inevitable, la hipótesis del envenenamiento.
El libro publicado en 1984 por Yallop, “En el nombre de Dios”, ofrecía escasas fuentes y pruebas. Pero vendió seis millones de ejemplares al aprovechar el escándalo bancario del Vaticano, que involucró a la logia masónica P2 y al banquero italiano que había muerto en misteriosas circunstancias
El Vaticano organizó un contraataque a través del arzobispo John Foley, que encargó la redacción de un libro-respuesta al periodista británico John Cornwell. Juan Pablo II le invitó a su misa privada y le bendijo el proyecto. La obra se centró en atacar la teoría de la conspiración. Según los argumentos de Cornwell, el breve pontificado de Juan Pablo I se estaba precipitando hacia el desastre y muchos en el Vaticano lo sabían
El obispo Antonio Montero, último responsable entonces de la casa editora de Vida Nueva, me exigió que escribiera al nuncio pidiendo perdón por haber publicado el dossier de Jesús López, aunque yo seguía ignorando por qué, si se había publicado solo como una hipótesis. López fue destituido de su cargo en la Conferencia Episcopal
Yo no sé si lo mataron o no. Pero hay muchos cabos sueltos en esta historia. Desde luego tenía proyectadas reformas importantes en la Iglesia desde su bondad y también ingenuidad
Todos los maestros espirituales insisten que es necesario liberarse de los apegos. No lo intentes, es una tarea imposible, sobre todo por actos voluntarios, a base de puños.
En primer lugar, si de algún modo puedes tomar conciencia de ese apego, has dado el primer paso para liberarte de él.
De pronto descubres un espacio interior, algo que te abre el alma, que no tiene nombre
El apego desaparece solo cuando tu “yo” experimenta, aunque sea un instante, que el todo es más grande que lo concreto.
Nada mejor que celebrar la Pascua desde los ojos abiertos y puros de un niño, nuestro niño, el que fuimos y volveremos a ser de nuevo en la casa del Padre.
Dedico este poema a todas las madres, esposas, hijos e hijas de las víctimas de la injusta e inexplicable agresión bélica de la Rusia de Putin a Ucrania
El horror al que estamos asistiendo en directo en Ucrania nos convoca a una conversión durante esta cuaresma
La paz empieza con la justicia, el cambio interior, el desarme de nuestras conciencias.
Nos comprometemos a hacer nuestro el grito de quienes no se resignan a la violencia y al mal, y queremos contribuir con todas nuestras fuerzas a dar a la humanidad de nuestro tiempo una esperanza real de justicia y de paz.
Nos comprometemos a solicitar a los responsables de las naciones que hagan todo lo posible para que, tanto en el ámbito nacional como en el internacional, se construya y se consolide un mundo de solidaridad y de paz fundado en la justicia.
El Ayuntamiento de Madrid rendirá un homenaje al padre Llanos junto a su monumento erigido en el Pozo del Tío Raimundo, este jueves 10 de febrero a las 12 de la mañana con motivo del treinta aniversario de su muerte. A continuación, se inaugurará una placa conmemorativa en el edificio que fue su capilla en el barrio y hoy es la Fundación Llanos
El padre Llanos es una figura que resurge como la de un profeta que, adelantándose a su tiempo, dio una arriesgada respuesta a estos desafíos de ahora mismo, como si despertara a gritos desde su tumba.
Porque Llanos poseía un carnet de “ciudadano del mundo” y educaba para la universalidad frente a la miopía de los nacionalismos y patrioterismos.
Sus recuerdos inéditos que rescaté de viejos archivos revelan a un soñador despierto, que entre “depre y depre”, había vivido a flor de piel la guerra: momentos como cuando recibía en Portugal la noticia de sus hermanos asesinados.
Me tropecé contigo en cualquier calle, enfrente de unos grandes almacenes, uno de esos templos heladores del consumo, de los que suele uno salir con las pupilas abotargadas de luces y colores, y me ofreciste un ejemplar de “La farola”. Y por un vil euro me regalaste con una sonrisa, que no se puede pagar con todo el oro del mundo.
“En realidad, todos estamos en la misma barca y estamos llamados a comprometernos para que no haya más muros que nos separen, que no haya más otros, sino solo un nosotros, grande como toda la humanidad. Por eso, aprovecho la ocasión para hacer un doble llamamiento a caminar juntos hacia un nosotros cada vez más grande, dirigiéndome ante todo a los fieles católicos y luego a todos los hombres y mujeres del mundo”.
¡Y a Francisco se le acusa de “comunista” o de “ciudadano Bergoglio”, como lo llama la ultraderecha “tan católica”!
Para ser feliz -te dijeron- encuentra al amor de tu vida; márchate de tu país; vete al campo, a vivir junto al mar, rompe con todo
Cuando el cristal está bien iluminado no se perciben las manchas en el vidrio, es como si no existieran
Nuestros egos son baterías cargadas con las impresiones que hemos ido acumulando. Mientras estamos en el espacio y el tiempo no podemos dejar de ser herederos de esas experiencias que nos han constituido.
La infelicidad es un problema de foco
La felicidad consiste en enfocar tu cámara al infinito.
La vida, como las estaciones, tiene su invierno, que coincide con la vejez, una etapa que, en nuestro mundo de hoy, la verdad, no tiene muchos partidarios. En los tiempos antiguos el “senior” solía ser aceptado por su sabiduría y consejo
hora nadie quiere envejecer y no hay mayor valor para nuestra sociedad que la juventud, incluso cuando es violenta e insensata. Propósito inútil por ley de vida, pese a la cirugía estética, que consigue inexpresivos rostros de plástico y los pretendidos elixires de la “eterna juventud”
Como le cantaba Ernesto Cardenal al místico Thomas Merton en el día de su muerte: “Sólo amamos o somos al morir, el gran acto final de dar todo el ser”. “Nuestras vidas que van a dar a la vida”, añadía.
Percibo en la información actual un secreto masoquismo.
Un maestro espiritual insistía en que una de las principales causas de la infelicidad en el mundo es el secreto placer que las personas experimentan en sentirse miserables.
Más que el arrepentimiento o el sentirse perdonado nos puede la autoflagelaciòn.
La felicidad comienza donde termina el pequeño yo y te pierdes en un yo infinito al que perteneces desde siempre.
Nunca como ahora en nuestras vidas necesitamos recuperar las estrellas de los Magos
La Epifanía es una fiesta que enfoca las conciencias hacia lo universal. La manifestación de Jesús a todas las naciones a través del símbolo de los Magos, que les hace caminar hacia lo imposible para encontrar la Buena Noticia, sigue viva en el corazón de los pequeños que escuchan la música interior del corazón.
Os ofrezco estos dos poemas que intentan despertar en nosotros el niño dormido.