Su quehacer episcopal fue acuñando una imagen pública de hombre al que le gusta el buen vivir y, sobre todo, sin escrúpulos, a la hora de gestionar la diócesis como una empresa. Para él, lo que cuenta son los beneficios económicos y el silencio de los corderos entre su clero
El título ya deja clara la intención de la copla: “Reverendísimo Avaro”, para pasar después a criticar a saco al “señor obispo de Cádiz”, “monseñor de la codicia, del lucro sin fe y de los pisos vacíos”
Y al “monseñor de la rapiña, dueño de casas sin gente”, le preguntan en la copla cúal es su catecismo: “el de Jesucristo o el de Lucifer”
Sólo quedan dos salidas para el todavía obispo de Cádiz: o Roma le pide la renuncia o el propio Zornoza, en un arranque de vergüenza torera, se la presenta al Papa y se retira a un monasterio a rezar