6 oct 2026
La victoria de los vencidos. Sólo ganan quienes saben perder por amor (Ap 3, 9-10; Rom 11, 25-32)
Resuenan encuestas, propagandas y tambores de elecciones, en varios países del entorno: Francia, España, Brasil USA…Está mucha gente empeñada en ganar con todos los posibles argumentos de razón y violencia, de justicia y venganza, pues se ha puesto en marcha la sentencia de Jesús en el evangelio del domingo pasado (4.10.26): Se os quitará el reino y se dará a un pueblo que produzca sus frutos (τοὺς καρποὺς αὐτῆς. Mt 21, 43), con la amenaza, quizá apócrifa, de quedar de lo contrario aplastado y destruidos para siempre ( συνθλασθήσεται. 21 44).
Comenté ayer con cierta extensión y cuidado ese pasaje (Mt 21, 33-44). Pero no quedo tranquilo ni soy bíblica y cristianamente honrado si no añado la otra cara del mensaje de la parábola: Sólo quienes saben perder y pierden por amor a la verdad y por la vida de todos ganan en humanidad por Cristo.
Éste es el mensaje central de León XIV en Dilexi-te, Te ame, 2025 y en su programa pontificio (Magnifica Humanitas, 2026). Éste es el evangelio cristiano de Ap 3, 9-10) siete cartas del Apocalipsis), Rom 11, 25-32 (profecía final del Apóstol Pablo) de Mt 25, 31-46 (juicio final de los evangelios)
Siete cartas del Apocalipsis. Juan profeta perseguido
El autor de Apocalipsis escribió unos cuarenta años después de Pablo, y veinte después de Marcos, en circunstancias de duro enfrentamiento, cuando parecía inevitable un choque entre el mensaje de Jesús y la política de Roma, tal como ella se entendía desde las siete ciudades/iglesias de Asía, la provincia más culta, consiente de sí y “cristianizada” del Imperio. Este es el aviso de profeta Juan a sus iglesias (Efeso, Esmirna, Pérgamo, Tiatira, Sardes, Filadelfia y Laodicea, Ap 2-3)).
Juan conoce otras iglesias (Jerusalén/Judea, Antioquía/Siria, Corinto/Acaya y Roma…), pero se refiere directamente sólo a las siete de Asía, que se encuentran bajo su “cuidado” pastoral profético más que administrativo. En ese contexto, para proclamar su profecía y mantener firme la herencia cristiana, Juan asume el lenguaje apocalíptico de tradición judía, pero se desliga del judaísmo nacional, propio de un pueblo separado, no del amor universal de Cristo.
No escribe como erudito, en un plano de teoría, sino como responsable desterrado de unas comunidades que, al menos en parte, parecen seguir a personas que como Balaam y Jezabel (nombres simbólicos), prefieren “pactar” con el espíritu imperial de Roma, desde una perspectiva de poder político/económico o diluirse en formas de intimismo gnóstico, como experiencias religiosas desligadas del amor social, comunitario, recreado por Jesús y defendido por el profeta apocalíptico Juan:
1. Juan rechaza no sólo la idolatría espiritual (“político-religiosa”) del Imperio, sino su configuración político/económica, que quiere imponer un modelo de economía y de dominación social que implicaba idolatría y abandono de la fidelidad cristiana.
2. Juan condena la “prostitución” espiritual que oprime a los pobres. Sabe que otros llamados cristianos (gnósticos y defensores de Roma como 1 Clemente) quieren colaborar con el imperio (como seguidores de Balaam y Jezabel: Ap 2-3), en una línea de sometimiento social y religioso, condenado por los profetas antiguos. En contra de ellos eleva Juan su denuncia profética cristiana. en forma de manifiesto anti-romano, mostrando que Dragón y las Bestias (con la Prostituta) no pueden “convertirse” al evangelio, no tienen otro fin que ser destruidas
3. Juan expone un programa de resistencia y cambio comunitario, un proyecto de vida en oposición al Sistema imperial de Roma, que los cristianos perciben como amenaza contra el evangelio de Jesús, en un momento en que ellos no podían apoyarse en ninguna legislación o doctrina social que les defienda.
En otro tiempo, los judeocristianos podían presentarse como miembros de la sinagoga israelita, un grupo de judíos especiales dentro del gran judaísmo. Ahora en cambio, conforme al profeta Juan, esos cristiano-judíos están perdiendo su protección, pues un tipo de "falsos" judíos, cerrados en sí mismos, les han sin defensa legal ante el imperio. Juan responde con dureza, llamándoles sinagoga de Satán y defendiendo, en contra de ellos, el "verdadero" judaísmo de la iglesia de Filadelfía.
Conozco tus obras,
y he abierto ante ti una puerta que nadie puede cerrar.
Ya sé que tu poder es pequeño,
pero has guardado mi palabra y no has negado mi nombre (Ap 3, 8).
Al separarse del judaísmo nacional, cerrado en sí (=expulsados por los judíos nacionales de su sinagoga), estos cristianos de Filadeldia (signo y compendio de las siete iglesias antiguas de Asia, a finales del siglo I d.C., pueden escuchar y escuchan la palabra de Jesús:
Voy a poner en tus manos
a algunos de la sinagoga de Satanás,
de esos que se dicen judíos, pero mienten porque no lo son:
voy a hacer que se postren a tus pies
y sabrán que yo te quise (καὶ γνῶσιν ὅτι ἐγὼ ἠγάπησά σε: Ap 3, 9):
Los que amenazaban a los cristianos no eran auténticos judíos, sino miembros de una “sinagoga de Satán” (συναγωγῆς τοῦ Σατανᾶ), pues mienten, dejando a los cristianos sin defensa ante la violencia del imperio. En ese momento de amenaza, el Apocalipsis dice a los cristianos que el mismo Cristo vendrá a defenderles, de modo que algunos judíos nacionales comprenderán su situación, y vendrán a ponerse de parte de los cristianos. Jesús va a “entregarles”, de manera que comprenden la situación y cambarán:
- Haré que vengan y se inclinen ante tus pies… (ἥξουσιν καὶ προσκυνήσουσιν ἐνώπιον τῶν ποδῶν σου). Todo nos lleva a pensar que esta venida y postración de los judíos tiene un sentido mesiánico de “conversión y reconocimiento de Cristo”. No serán los gentiles los que vengan y reconozcan como pueblo de Dios a los cristianos, sino algunos judíos que, viendo el sufrimiento de los cristianos, vendrán y reconocerán su misión de testigos de Dios (un argumento semejante al que veremos en Rom 11, 26).
- Los cristianos no demuestran su verdad” por medio de razones, sino a través de su forma de sufrir por Cristo, en paz, sin responder con violencia a sus perseguidores Éste es el argumento de fondo de todo este libro: La verdad de Cristo no se demuestra venciendo a los demás, sino sabiendo sufrir en amor y por amor, sin responder a una violencia con otra. Aceptando la persecución sin responder con violencia, los cristianos de Filadelfia están siendo testigos de la razón del evangelio.
Ésta es en el fondo la esperanza que León XIV ha puesto como lema, y argumento clave de su exhortación (Dilexi te): Cristo ama a los fil-adelfios (=que se aman entre sí, como hermanos) acompañándoles en la prueba, sosteniéndoles en el sufrimiento, de manera que algunos gentiles se convertirán primero al amor de Jesús y de su iglesia, y después se convertirán también, por medio de ellos algunos judíos (conforma al argumento de fondo de Rom 11, 26). La fe de Cristo no se extiende venciendo sobre otros, sino manteniéndose fieles en medio del sufrimiento:
Porque has guardado la palabra de mi resistencia (τὸν λόγον τῆς ὑπομονῆς μου),
también yo te guardaré (κἀγώ σε τηρήσω)
de (en) esta hora de la tentación (ἐκ τῆς ὥρας τοῦ πειρασμοῦ).
que se avecina sobre el mundo entero,
para probar a los habitantes de la tierra (Ap 3,10).
En la línea de Pablo (Apocalipsis de Rom 11, 25-32)
Las palabra de Juan Apocalíptico a la iglesia de Laodicea retoman un argumento de Pablo en Rom 11, 25-26, que ha sido desarrollado de manera sorprendente por el Papa León XIV, insistiendo por un lado en la porosis o dureza/ceguera de un tipo de judíos y destacando por otro la apertura de aquellos gentiles, que descubren la verdad del evangelio a través de los cristianos que aceptan la persecución, sin responder a la violencia con violencia.
Éste es el argumento que Pablo ha formulado en dos momentos. (1) Al ser perseguidos sin responder con violencia a la violencia, algunos cristianos atraen la atención de los paganos, que aceptan su evangelio. (2) Esa conversión de los paganos, que aceptan el evangelio de Jesús, sobre (por encima) del judaísmo judíos hará que muchos judíos comprendan la verdad del evangelio. Ése es, en el fondo, el argumento de esperanza y misión que seguiré desarrollando en este libro, uniendo así la misión de Pablo dirigiéndose a Roma y de la misión del Apocalipsis.
Pablo había sido de joven un brillante académico y activista intra-judío, defensor de la identidad israelita, y perseguidor de los cristianos/nazoreos, porque a su juicio negaban la superioridad nacional judía, vinculaban a Dios con un crucificado y defendían la elección divina de los pobres, excluidos sociales marginales y parias del mundo.
Pero él mismo añade en Gal 2 y en varios textos de Hechos que Dios le había mostrado su error, hacia el año 35 d.C., en la ciudad de Damasco donde al parecer vivía. Desde entonces, a lo largo de 20 años (del 35 al 56-57 d.C, cuando escribe ese pasaje en Rom 11, 25-26), Pablo mantuvo una misión y un polémica incesante para convertir por un lado a los paganos y por otro a los judíos, llegando al convencimiento de que los judíos sólo podrían aceptar a Cristo viendo la conversión de muchos paganos.
Pablo no dice que todos los judíos estén enfermos de (cardio-)porosis, sino sólo algunos. El sabía que hay muchos clarividentes, dialogantes y sabios, pero hay también algunos “ciegos”, cerrados en sí mismos, que sólo podrán convertirse al Cristo judío viendo la conversión de los paganos.
Veinte años pasó Pablo trabajando en oriente como curtidor y misionero, en plazas, mercados y escuelas con judíos y gentiles, hasta que el año 57 quiso embarcarse para Roma y seguir hasta Hispania, para fundar colonias de evangelio en todo el imperio. Muchos enemigos le salieron, muchas persecuciones debió sufrir, miles de compatriotas judíos le persiguieron sistemáticamente hasta que lograron que fuera condenado a muerte en Roma.
Esos judíos estaban enfermos de optalmo-porosis, ceguera (no ver), endurecimiento (incapacidad de aceptar a los distintos) de estupidez nacional. Esa porosis (ceguera, insensibilidad) no era sólo de algunos judíos, como decía Pablo (ἀπὸ μέρους τῷ Ἰσραὴλ)…, sino que ha sido después la ceguera de muchos cristianos que se han sentido amenazados por judíos y les han perseguido en oriente y occidente, expulsándoles de muchos países como España (1492 d.C.) hasta la shoah o “solución final” del “holocausto” que iniciaron los nazis de Alemana, 1939-45 d.C.
En este contexto se entiende el argumento fundamental del que habla el Papa León XIV en Dilexi te, según el cual han sido y son los perseguidos los que pueden dar el verdadero testimonio del amor de Cristo:
Conozco tus obras,
y he abierto ante ti una puerta que nadie puede cerrar.
Ya sé que tu poder es pequeño,
pero has guardado mi palabra y no has negado mi nombre (Ap 3, 8).
Al separarse del judaísmo nacional, cerrado en sí, expulsados de la sinagoga, estos cristianos de Filadeldia (signo y compendio de las siete iglesias antiguas de Asia, a finales del siglo I d.C., y de muchas iglesias actuales, del siglo XXI d.C., pueden escuchar y escuchan la palabra de Jesús:
Voy a poner en tus manos
a algunos de la sinagoga de Satanás,
de esos que se dicen judíos, pero mienten porque no lo son:
voy a hacer que se postren a tus pies
y sabrán que yo te quise (καὶ γνῶσιν ὅτι ἐγὼ ἠγάπησά σε: Ap 3, 9):
Los que combaten a los cristianos no son judíos de verdad, sino miembros de una “sinagoga de Satán” (συναγωγῆς τοῦ Σατανᾶ), pues “mienten”, van en contra de su identidad israelita. Esta es una acusación durísima y no implica condena total, pues en el texto paralelo de Mt 16, 23) el mismo Jesús llama a Pedro, Satanás· porque se opone a su pasión (pero le sigue aceptando a la cabeza de la iglesia. En esa línea, estos judíos de la sinagoga de Satán realizan también una función importante en la iglesia: .
- Jesús dice “voy a entregar/dar a algunos de esa sinagoga (ἰδοὺ διδῶ ἐκ τῆς…). Va a entregarles, pero no dice en manos de quién: ¿De romanos, judíos, o cristianos…? Quizá en manos de Dios, para que sea Diod quien les responda, conforme al programa de amor de 1 Jn 4, 7-21.
- Haré que vengan y se inclinen ante tus pies… (ἵνα ἥξουσιν καὶ προσκυνήσουσιν ἐνώπιον τῶν ποδῶν σου). Esta venida y postración tiene un sentido mesiánico de “conversión y reconocimiento a Cristo”. No serán gentiles los que vendrán y reconocerán como pueblo de Dios a los judíos de Jerusalén, con los que se unirán, sino que serán judíos anti-mesiánicos los que vendrán y reconocerán como pueblo mesiánico a los cristianos de la gentilidad, , conforme a Rom 10-11, donde Pablo afirma que la ceguera de Israel (πώρωσις τῷ Ἰσραὴλ) permanecerá hasta que la totalidad de los gentiles “se conviertan” (venga a Cristo) y entonces todo Israel será salvado καὶ οὕτως πᾶς Ἰσραὴλ σωθήσεται, Rom 11, 26).
- Ése es, en el fondo, el argumento básico de la misión cristiana, desde el AT Jn 21, con las figuras principales de Juan Bautista y María, madre de Jesús, Pedro y el Discípulo amado. Pedro ha de cumplir su tarea de pesca y pastoreo de amor, pero su función culmina en la presencia (permanencia superior) del Discípulo amado, es decir, de la iglesia del amor que viene de los gentiles. Según eso, los últimos judíos se convertirán a la fe de Cristo a través de los sufrimientos (persecuciones) que los pagano-cristianos (iglesia del discípulo amado) han debido padecer, conforme al logos de la cruz (1 Cor, 1, 18-25)[1].
A través de su resistencia en la persecución, los cristianos de Filadelfia mostrarán la verdad del evangelio, y en esa línea el mismo Jesús dice que los judíos sabrán que te quise (καὶ γνῶσιν ὅτι ἐγὼ ἠγάπησά σε). De esa manera se “convertirán” primero los gentiles, de forma que al fin, a través de ellos, viendo sus sufrimientos por el Cristo, también los judíos se convertirán forma que todo Israel será salvado[2].
Ésta es en el fondo la esperanza que León XIV ha puesto como lema, y argumento clave de su exhortación (Dilexi te): Cristo ama a los filadelfios acompañándoles en la prueba, sosteniéndoles en el sufrimiento, de manera que en esa línea se convertirán primero los gentiles al amor de Jesús y de su iglesia los gentiles y después, a través de los gentiles, se convertirán también los judíos, dmanera que todo Israel será salvado, es decir, la humanidad entera, llamada a recibir la salvación de Dios en Cristo. En ese contexto dice Jesús a los cristianos de Filadelfia:
Porque has guardado la palabra de mi resistencia
(τὸν λόγον τῆς ὑπομονῆς μου),
también yo te guardaré (κἀγώ σε τηρήσω)
en esta hora de la tentación (ἐκ τῆς ὥρας τοῦ πειρασμοῦ ).
que se avecina sobre el mundo entero,
para probar a los habitantes de la tierra (Ap 3,10).
Esta conclusión conserva la estructura de los textos bíblicos de pacto, como Mt 25, 31-46. El Dios de Israel premia a los que han sido fieles a la prueba, manteniéndose con paciencia en el tiempo de la tribulación, según la llamada al aguante/resistencia (λόγον τῆς ὑπομονῆς μου), que está en el fondo del Apocalipsis. Conforme a la visión de León XIV, nos hallamos ahora (año 2026) ante la gran tentación (τοῦ πειρασμοῦ ) de muerte/destrucción) que se cierne sobre el mundo entero (ἐπὶ τῆς οἰκουμένης ὅλης). Pero el aguante-resistencia de los perseguidos hará que todos puedan salvarse, incluidos los judíos, que serán los último en ver (comprender y aceptar) la verdad de Jesucristo.
Conforme a esta promesa del Apocalipsis de Juan (carta a los Filadelfios) y del mensaje final de Pablo en Rom 11,26, la salvación final no vendrá directamente por el judaísmo, sino al contrario a pesar del judaísmo. Como dice Pablo y también el Apocalipsis, cierto tipo de judíos habían querido apoderarse de la salvación de Dios, como si fuera para ellos una presa o posesión perpetua (cf. Fp 2, 6: harpagmós, ἁρπαγμὸν) sin permitir que la compartieran los gentiles, conforme al cierre mesiánico, πώρωσις (pōrōsis), endurecimiento, ceguera nacional perpetua.
Pues bien, al final, viendo el aguante de los gentiles convertidos al cristianismo, también los judíos restantes se convertirán al evangelio de las promesas, es decir, del amor al prójio, de forma que todo Israel, toda la humanidad, recibirá la salvación.
Ésta es la visión que Pablo ha elaborado, recreando el evangelio de Jesús, a lo largo de veinte años de tarea misionera, desde su “conversión” hacia el 35 d.C en Damasco, hasta su despedida de oriente hacia el 56 d.C., en la carta a los Romanos. Este es el gran descubrimiento o misterio de Pablo, descubrimiento desolador, que él ha reconocido de manera taxativa, descubrimiento consolador, que él ha proclamado de forma triunfal, como verdad y gracia de la nueva humanidad de Dios
Conforme a la visión de Pablo, tal como ha sido ratificada por Apocalipsis, el amor de Dios en Cristo empezaba por el judaísmo, de manera que, en ese sentido los primeros cristianos han sido judíos que han llegado a la plenitud y final de su camino. Pero, al mismo tiempo, conforme al lema universal corruptio optimi pessima (la corrupción de lo mejor es lo peor), los últimos enemigos de la salvación universal de Dios en Cristo, han sido también los judíos (no todos, sino una parte, apo merous), que se han opuesto a la apertura del evangelio a los gentiles, pero que al fin se transformarán ellos también judíos, por el buen testimonio de los gentiles haciéndose al fin también ellos verdaderos “iaraelitas”, de manera que todo Israel será salvado[3].
[1] Cf. Hermanos de Jesús y servidores de los más pequeños, Sígueme, Salamanca 1985.
[3] Cf F. Refoulé, « ...Et ainsi tout Israël sera sauvé », Rom. 11, 25-32, Cerf, Paris 1984.