Jesús está en el cielo, sí. Pero ¿dónde está el cielo? No arriba, desde luego, no en los espacios siderales, ni en el espacio de los astronautas, sino donde se hace la luz interior, donde se ve claro, desde el despertar a lo invisible gracias a la fe o la contemplación mística. La Ascensión enseña a vivir el no tiempo en el tiempo.
La madre Jesús es el vínculo de ternura más cercano, porque no es una diosa, sino una mujer que, como todas las madres, enjuga el dolor, devuelve la esperanza y acerca a su Hijo en las noches de la vida
José María Guibert, SJ, ha sido uno de esos vascos de una pieza en la escuela de San Ignacio, honesto, libre, humilde, entregado y enormemente capaz.
Puedo dar testimonio de dos aspectos importantes de su identidad: la entereza, aceptación y espíritu profundo con que aceptó su grave enfermedad, y la gran admiración por San Francisco Javier, su alter ego.
Ocurrió en la historia. Pero cualquier ser humano despierto pudo resucitar y podrá resucitar siempre, si entra por la contemplación iluminada en el no tiempo. En mi opinión, los apóstoles despertaron interiormente: descubrieron que la muerte no existe, que siempre fueron seres sin tiempo en el tiempo, pertenecientes a la explosión de luz que une lo creado con lo increado, una manifestación de lo inmanifestado; eso les llenó de comprensión y fuerza.
La procesión de la borriquita era para los niños de entonces no solo el arranque de las vacaciones de Semana Santa, sino una explosión de alegría a nuestra medida.
A estas horas ya está Judas cavilando cómo va a entregar a Jesús. ¿Qué hay en su cabeza? Aquí nos topamos con el misterio de la predestinación. El tema de cómo somos predestinados y libres simultáneamente enredó en los siglos XVI y XVII a los teólogos, principalmente jesuitas y dominicos, en la famosa controversia De Auxiliis. La Iglesia misma no tiene una solución a esta cuestión, porque es uno de sus más profundos misterios.
El padre Llanos tenía carnet de ciudadano del mundo; levantaba en sus escuelas cada día la bandera de un país distinto y, entre sus muchos libros, dedicó uno al tema: Un plan de paz (Colección Justicia y Paz, PPC, Madrid, 1972). Después de definir lo que no es paz, su escrito se centra sobre todo en la educación. La paz no es el orden público; la paz cristiana es contradicción, prueba, lucha y cruz
«Se hace paz haciendo al hombre» gracias a una educación que no es información o adiestramiento para vivir mejor, sino «haciendo al hombre cada día más él mismo». «El hombre de paz —escribe— no es aquel que puede asemejarse a la bestia mansa que acepta porque no puede sino aceptar el estímulo del látigo, aquello que desde fuera se le impone; el hombre de paz es, en cambio, el que encuentra la paz y la valora desde dentro de sí,
Utilizando esta imagen, el místico experimenta que todo es ola y océano a la vez. Todo es manifestación de la Realidad Una. Y, como todo es revelación de la misma realidad, también hay una compenetración absoluta de todo. El mar son todas las olas, y todas las olas son una unidad”
Es peor ese “miedo” difuso que se cuela por las rendijas de los medios de comunicación al propio deterioro del medioambiente, porque, si este último afecta a la vida del cuerpo, el primero socava la vida del alma
Vivimos tiempos de huracanes y turbulencias: atmosféricos, políticos, sociales, personales. En medio de esas circunstancias es fácil participar de una sensación difusa de angustia, a la que se une la invasión de una chismosa mente que nos torpedea. ¿Puedo así ser feliz o al menos estar en paz?
Eso sí, puedes espiritualmente hacer surfing sobre él, o bucear más abajo, conectándote con la presencia que habita dentro, con su silencio, el mar y el firmamento de energía sin apellido que lo origina y al que perteneces
En teoría, habéis sido elegidos por el pueblo para servir al pueblo y, que yo sepa, solo os miráis al ombligo o a las siglas de vuestro propio partido. La cosa pública para vosotros no es la casa de todos, sino una escalera con tramos para ascender en vuestro propio orgullo, dinero y poder
Ya el enfrentamiento parlamentario no sirve para intentar hallar la luz, ni para dialogar u ofrecer razones, sino para insultar al adversario. Da la sensación de que, antes de llegar al hemiciclo, todos o casi todos os habéis desayunado con sapos y culebras
La Iglesia, a Dios gracias, tiene hoy casi nulo influjo en la política. Eso debería aproximarla al desnudo testimonio del Evangelio de simple grano de mostaza. Pero vuelve a ser manipulada por Vox, que la traiciona con su ideología —no mencionemos la politización de los ultracatólicos— y una ultraizquierda que resucita trasnochados anticlericalismos
La secularización del Estado es un logro de nuestra democracia después de cuarenta años de nacionalcatolicismo. Ante el funeral de Adamuz solo hay una reacción posible: las lágrimas.
Que actos semejantes, religiosos o civiles, puedan celebrarse en otros pueblos o ciudades es comprensible y loable. También en Madrid. Me parece muy bien. Pero que sea Isabel Ayuso la que lo decida, no