En un marco incomparable, la mezquita-Catedral de Córdoba. En su mundialmente famosa Sala de las Columnas, resonó, tal vez como nunca antes, el doloroso camino de Jesús hacia la cruz. Catorce estaciones, catorce canciones, inspiradas por el relato evangélico y tamizadas por el ingenio de Toño Casado
Un coro de voces, desde el autor hasta el último de los espectadores que lloró, tembló y aplaudió a rabiar, de las mujeres que se levantaron en esa magnífica octava estación, de los que se mordieron los labios al escuchar el lamento de María, o el peso de tantas cruces que se han de portar sin saber por qué, un coro de voces, en definitiva, que se reconocieron en la música, y en la letra, de una obra que rezuma Evangelio
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