"Lo que hace falta es la audacia de la paz: ahora, porque demasiados conflictos duran ya demasiado tiempo, tanto que algunos parecen no acabar nunca, de modo que en un mundo en el que todo va deprisa, sólo el final de las guerras parece lento"
"Hay que tener el valor de saber girar, a pesar de los obstáculos y las dificultades objetivas. La audacia de la paz es la profecía que se exige a quienes tienen en sus manos el destino de los países en guerra, a la comunidad internacional, a todos nosotros, especialmente a los hombres y mujeres creyentes, para que den voz a los gritos de madres y padres, al desgarro de los caídos, a la inutilidad de la destrucción, denunciando la locura de la guerra"
"Sigamos rezando por la paz sin cansarnos, llamando con espíritu humilde e insistente a la puerta siempre abierta del corazón de Dios y a las puertas de la humanidad. Pedimos que se abran caminos de paz, especialmente para la querida y atormentada Ucrania"
La lucha por la paz "no es imposible para los creyentes, que viven la audacia de una oración esperanzada. Pero tampoco debe ser imposible para los políticos, para los dirigentes, para los diplomáticos"