"Nadie acogió los perfumes de sus manos: se los cambiaron por una misión confiada a sus voces, hasta entonces silenciadas"
"La tumba de la inocencia perdida, aquella dulce ignorancia que nos protegía en aquel tiempo añorado de la “normalidad”, cuando vivíamos ajenos a la realidad de que éramos tan vulnerables y nuestra especie estaba tan amenazada"
"La tumba de los Desalentados sin fronteras, ese depósito de tinta de calamar que vamos expandiendo a diestro y siniestro"
"La tumba del solo 'devote', que se convierta en una burbuja insonorizada al viento del Espíritu y nos asfixiemos con el humo del incienso"
"El Evangelio llama a hacer transferencias de valores, a fusionar intereses, a buscar nuevos horizontes de gestión"
"A lo mejor ha llegado el momento de “cerrar la sucursal” en la que manoseamos sin tregua monedas de quejas y lamentos por lo que nos está tocando vivir y repasamos cansinamente nuestra cartilla de ahorros"
"Dejemos que la llamada de Jesús despierte al aprendiz de discípulo que llevamos dentro"
"La banalidad de los lugares comunes, el 'Descanse en paz' de las esquelas y necrológicas y su oferta de una eternidad dedicada fundamentalmente a descansar, resulta mínimamente estimulante"
"Lo que añoramos y ansiamos recuperar es precisamente lo más corriente y cotidiano: salir a la calle sin miedo, caminar con libertad, estrechar una mano, abrazar a alguien, sentir la calidez de la cercanía de los que queremos, mirarnos a los ojos en directo"
Si hemos aprendido, un poco más, a no separar a Dios de la vida misma, a no desear ninguna apoteosis fuera de nuestra vida cotidiana, estamos empezando a entender lo que es la Encarnación. Estamos, como Nicodemo, “naciendo de nuevo”