21 oct 2022
Jesús ante las Periferias de la Meritocracia
Jesús cuestiona al meritorio hermano del hijo pródigo, que siempre “se ha portado bien”… también critica la falsa meritocracia del fariseo que se confiaba en sí mismo por considerarse justo y despreciaba al publicano desde su podio sacral…
Vivimos en un mundo cuyo motor es la vanidad, la envidia y la competencia, expresados incluso en los nuevos sistemas educativos, que son colonizados por esta visión mercantilista de logros insolidarios y que se los llama “por competencias”. La educación se reemplaza así por una complicada burocracia de entrenamiento para obtener logros, como lo hacen las grandes empresas actuales (de ellas viene esta “novedad mesiánica”). Pero en la vida no todo es “competir”, hay ámbitos de don y gratuidad de la vida humana como la Cultura y la Gracia.
La llamada meritocracia, a la cual se le atribuye tantos logros tras la caída del muro de Berlín, generó una arrogancia entre los ganadores e impuso un severo juicio a los que quedaron atrás, cuya frustración y resentimiento alimentó la ola global de protesta populista que sigue conquistando escaños internacionales.
El mérito evangélico, en cambio, es el que atesora para la vida eterna, el de los bienaventurados que lloran, que sufren, que son perseguidos, que buscan la justicia…y el de los que los ayudan con compasión, aun cuando no vean en ellos el rostro de Jesús de modo explícito (Juicio final, Mt.25,31)
Ese sistema donde cada uno es valorado, ninguno es descartado y que rescata ovejas perdidas, Jesús lo llama “Reino de Dios”. Es el mundo donde, no se actúa por interesadas recompensas y castigos meritorios. Es la civilización nueva que describía santa Teresa: “no nos mueve el cielo prometido ni el infierno tan temido sino Tu amor y en tal manera que aunque no hubiera cielo te quisiera y aunque no hubiera infierno te temiera”.