29 ago 2026

Ceuta: entre lo estructiral y lo real

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El presidente de la Conferencia Episcopal se ha referido al problema de Ceuta en términos estructurales, cosa que no suele hacer cuando se denuncia el pecado estructural, es decir, cuando se pone el dedo en la llaga de estructuras concretas de pecado; entonces suele referirse a lo real, a lo asistencial. Ahora que urgen medidas urgentes para personas concretas, él apunta el foco a la utilización de la demografía como un arma dentro de la estrategia de la biopolítica global. Sería bueno que monseñor Argüello se adhiera a las denuncias y a las soluciones que propone, por ejemplo, el Servicio Jesuita a los Refugiados (SJR).

Lo digo porque llama la atención que la institución que se ha referido al Evangelio para enmarcar lo esencial de esta crisis ha sido la ministra de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, Elma Saiz, cuando citó el Evangelio para reprochar a PP y Vox su postura ante la crisis migratoria de Ceuta. En concreto, recordó el pasaje del Evangelio Mateo 25,35: “Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me acogisteis”, para denunciar lo que considera una estrategia de deshumanización y confrontación del PP y de Vox. Todo un reproche moral a la hipocresía política de quienes ni siquiera han acudido a la Conferencia Sectorial de Migración, teniendo competencias en el tema de menores, por ejemplo.

El problema en Ceuta es acuciante por la precariedad extrema de los menores y los refugiados por causas de asilo con obligación legal por parte del Estado de ser acogidas ya. Estamos ante una transgresión de la humanidad (“expulsión “a todos”) de legalidad (contraviniendo las propias leyes españolas y europeas) y de prácticas xenófobas (revestidas de hipocresía) que azuzan el miedo y promueven la estrategia de “odio. Cuando se llega a quemar alimentos y ocurren agresiones tras un mes de situación excepcional como la que vive Ceuta, no se puede apelar principalmente a la biopolítica. No es el momento de desviar la urgencia que reclaman los que para Jesús de Nazaret eran los prioritarios.

La llegada del Papa León ha clarificado la postura de la Iglesia en estos temas, alertando a la jerarquía católica española desde Roma sobre los peligros de que los discursos de Vox instrumentalicen la fe para captar votos desde la xenofobia.

Es muy de agradecer el rechazo a la "prioridad nacional" por parte de la CEE que preside Argüello contraponiéndola a la "prioridad del Evangelio": el amor al prójimo sin distinción de origen. Pero lo que hace falta ahora mismo es mantener el mensaje, repetirlo, insistir en ello, no quedarse en una declaración oficial, y ya está. Si el problema se enquista y se agrava con tantos inocentes maltratados en Ceuta, la Iglesia institución debe insistir y señalar el camino de las soluciones humanitarias concretas; y seguir denunciando las políticas deshumanizadoras y racistas en nombre de intereses revestidos de valores. Las denuncias y las soluciones estructurales, para cuando se reconduzca la situación de estos seres humanos.

Una cosa es la política partidista, necesaria para organizar el bien común, y otra, defender al perseguido por acciones injustas, a veces en nombre de Dios. A quienes hacen lo segundo, en la Iglesia les llamamos profetas. Al propio Jesús lo mataron porque llegó demasiado lejos con su ejemplo denunciando a las autoridades judías por sus graves inconsecuencias hasta convertirse en una molestia peligrosa para los dirigentes judíos (y romanos, en cuanto Jesús tuvo un amplio seguimiento social que perjudicaba a sus intereses).

El Papa Francisco lo dijo alto y claro, y su sucesor no deja de proclamarlo, sobre cuál es la mejor política cristiana: la cultura del encuentro como base para resolver los problemas de la injusticia, y que nadie se sienta un despojo sin presente ni futuro, comenzando cada uno con el ejemplo en lo cotidiano, claro. Pero esto acarrea muchos problemas porque hay que estar, insistir, mojarse y recibir leña, en línea con lo que el Evangelio llama benditos a quienes son perseguidos por causa de la justicia. Y nuestra Iglesia institución, a veces, mezcla la política como ciencia y la política entendida a la manera del Evangelio, sin mojarse lo suficiente con quienes promueven conductas políticas que animan a no cumplir la Ley y echar a todos los inmigrantes de esta última ola, al mar.

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25 jul 2026

La paciencia con Dios

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La paciencia con Dios

Una cosa es ejercer la paciencia como virtud tolerante que nos permite una sana inteligencia emocional ante las contrariedades de la vida y las limitaciones de nuestros semejantes. Y otra cosa, a un nivel diferente, es ejercitarse en la paciencia con Dios. La paciencia bíblica es una actitud alejada de la espera pasiva. Más bien se trata de una disposición de ánimo activa y dinámica, confiada siempre, con la firme voluntad de permanecer abiertos en el día a día ante el silencio aparente de Dios que se mueve en claves más profundas que las humanas. Al final, nuestra paciencia será recompensada porque el Reino se manifiesta en los que buscan en el día a día, sin indiferencia o desesperación.

Acabo de releer el libro de Tomás Halík La paciencia con Dios. Cerca de los lejanos (Hérder, 2014), quien ha conocido persecuciones sin cuento. Y me he sentido removido por el enfoque de sus mensajes sencillos, profundos y directos: “Conozco tres formas de paciencia (profundamente interconectadas) frente a la ausencia de Dios: se llaman fe, esperanza y caridad”. Y añade que la paciencia es la principal diferencia entre la fe y el ateísmo porque a estos últimos les falta paciencia dado que Dios no vive en la superficie de nuestras cosas.

La paciencia con Dios es aceptación ante lo inevitable, pero no desde la actitud entristecida sino permaneciendo en el amor. No es un mero esperar sino una forma determinada de acción ante la espera. Quien más quien menos debe encontrarse ante el nubarrón y entonces tendrá que optar entre pedir fortaleza para vivir en santa paciencia, o desarbolarse sufriendo por no haber aprendido a aceptar la vida tal cual es, con el amor como fundamento de todo.

Lo que me ha conmovido de su lectura es la reflexión que hace sobre el sufrimiento en paciente espera de Teresa de Lisieux ante su experiencia de la ausencia de Dios, que ella aceptaba como una expresión de solidaridad con los no creyentes (sic). Un signo radical de paciencia con Dios y solidaridad con los no creyentes, en un tiempo en el que la Iglesia solo veía al ateo como un pecador a excluir, mientras que ella los consideraba explícitamente como su hermano. Ella, que a las puertas de la muerte había perdido la fe, se vincula a Dios con la pasión del amor e hizo de su paciencia teologal el anticipo de la vida plena.

Halík reflexiona sobre esta actitud revolucionaria de esta santa cuando rechaza el afán de sus hermanas de convento por presentar su agonía como “padecimiento heroico”, llegando a la conclusión de que la paciencia activa es un compartir la misma mesa con los no creyentes, pero no para arrastrarlos al seno de la Iglesia, sino para ampliar el interior de la misma con la experiencia de su oscuridad, conquistando nuevos territorios, ella también desarmada de las seguridades que da la experiencia de la fe. Me parece una lección de amor con su abrazo amoroso -y asombroso- a los no creyentes, contrario al sentido que la religión tenía en su tiempo, que estaba centrado en la condena del pecador. Así no hay evangelización posible. Su noche oscura del alma la disolvió en el amor dejando para nuestra reflexión que existen muchas clases de ateísmo, incluido el que proviene de nuestros fariseísmos escandalosos y excluyentes.

La paciencia con Dios, en fin, es un ejercicio de oración, amor, fe y humildad que nos hace crecer como personas, abiertos siempre “al otro”, al diferente. Pero esta reflexión quedaría coja si no nos lleva a recordar también la paciencia que Dios demuestra con nosotros. Él sigue insistiendo eterna y pacientemente, pese a la falta de respuesta. Su amor nos desarma; ¡afortunadamente!

HASTA EL 22 DE AGOSTO

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