No es el competir a muerte y en todos los planos lo que trae progreso, sino la cooperación y la integración de todas las fuerzas sociales para ampliar el radio del Bien Común del cual todos podemos beneficiarnos.
las masas hace rato que ya no ven con buenos ojos a la institución eclesial y su instinto le hace desconfiar. Desconfía de una Iglesia clerical, autorreferencial y autista, que no escucha, que no ve, que expulsa, que abusa y solo se siente cómoda con sumisos feligreses de sacristía
Si la Iglesia ha de ser camino hacia la Jerusalén celestial, debe acondicionar una morada para cada uno y lavar los pies a los recién llegados en este mundo. Para eso hay que mirar y escuchar a cada ser humano, estar interesado en las personas y la sociedad, latir con el mundo desde Jesús. Ellos son el “plan pastoral”. No habrá catolicismo hasta que cada ser humano tenga un lugar a su medida, una morada en la iglesia que anticipe la del cielo.
No encontramos el sentido de la vida aisladamente, sino caminando con un Pueblo. La sinodalidad es expresión de este caminar juntos, de escucharnos, dialogar, discutir y generar fraternidad e igualdad. Una Iglesia creíble y apetecible (bonum est quod omnia appetunt), nacerá del ejercicio de esta forma evangélica, para que cualquier umbral sea la morada del hermano, así en la tierra como en el Cielo.