Eduardo Silva, S.J., rector de la universidad jesuita de Chile: Las conferencias episcopales y las respectivas comunidades deben participar en los nombramientos de los nuevos obispos

Eduardo Silva, SJ, analiza la iglesia y la sociedad
Eduardo Silva, SJ, analiza la iglesia y la sociedad

Eduardo Silva, rector de la Universidad Alberto Hurtado de Chile, es de las personas que están pensando en el futuro de la Iglesia y de la sociedad. Además, en su explicación, como buen docente, intenta ser claro y categórico para que todos entiendan.

Se considera un hijo y seguidor del Concilio Vaticano II, “el faro que nos permite entrar en el tercer milenio”. Y sostiene que la Curia Vaticana no debería seguir nombrando así a los obispos “porque está lejos de muchas iglesias que son muy diversas, y puede tener mala información como le ocurrió al papa Francisco con Chile”.

A 50 años del Golpe de Estado civil y militar en Chile, considera que el capitalismo neoliberal se metió en el ADN de los chilenos y que “eso es justamente la antítesis del bien común”.

Hoy día los jóvenes están distantes de nosotros porque tienen otra cultura. Tienen otros códigos para comprender lo religioso. La secularización avanza en todo el planeta. Pero tenemos el Evangelio, el Espíritu Santo, y una tradición de humanidad. En el cielo de los cristianos caben todos porque nuestro Dios es misericordioso”.

Así explica Eduardo Silva Arévalo, S.J. el distanciamiento de los jóvenes de la iglesia. Los conoce bien, tanto a los de barrios populares, porque ha vivido con ellos, como a los de la clase media que asisten a estudiar a su universidad, que “es privada, inclusiva y católica”, aclara.

Cuando se ordenó de cura, hace 32 años, Silva se fue a vivir a la comuna de Cerro Navia, al poniente de la ciudad de Santiago, habitada por familias de trabajadores humildes. Hoy vive en la casa contigua a la universidad ubicada en el centro de la capital chilena, colabora con la fundación social y educacional Cerro Navia Joven, y los domingos celebra misa en la capilla Óscar Romero, que heredó de otro emblemático cura obrero chileno, Mariano Puga. “La verdad —dice mientras sonríe mirando la cámara— que esta concentración sacerdotal en sectores populares no impide que me caigan también bautizos y funerales de amigos pitucos de familias acomodadas”.

Su vida académica ha estado entregada a la reflexión, a la docencia y a la gestión. Es bachiller en Filosofía y doctor en Teología en la Pontificia Universidad Católica de Chile. Ha escrito numerosos artículos en revistas especializadas. Fue parte del equipo que, con Fernando Montes S.J., hace 25 años, fundó la universidad de los jesuitas “Alberto Hurtado” en Santiago de Chile. Hoy, desde hace ocho años, es el rector de una universidad que mueve a 10 mil personas, sumando sus estudiantes –“la mayoría de sectores más desfavorecidos” informa– y a “trabajadores y académicos de excelencia con 33 carreras en 7 facultades”. Silva, además de docente fundador de este establecimiento, fue 18 años decano de la Facultad de Filosofía y Humanidades.

En sus escritos se percibe una visión social y latinoamericana. Por ello Religión Digital buscó explicaciones acerca de lo que ocurre en Chile y América Latina con esta mirada que le proviene de la docencia y su compromiso con el mudo popular.

Eduardo Silva SJ rector de la Universidad Alberto Hurtado de Chile
Eduardo Silva SJ rector de la Universidad Alberto Hurtado de Chile

CRISIS DE LA IGLESIA

“Sin duda, nuestra crisis tiene que ver con la crisis de la iglesia universal”, afirma cuando le preguntamos sobre la crisis de la iglesia actual. “El desprestigio eclesial tiene que ver con esos horrendos crímenes cometidos contra niños en tantos países: Estados Unidos, Irlanda, Australia, Francia, España y en Chile. Crisis por los abusos y también por la complicidad y negligencia de no pocas jerarquías cuando no brindaron los medios adecuados para prevenir y para denunciar esos abusos”.

En el caso de la crisis de la Iglesia en Chile, además de los abusos, el sacerdote jesuita señala que “hay otro tercio de responsabilidad en un episcopado muy distinto, en general, al que fue nombrado por el papa Pablo VI. Además, entre otros factores, el giro eclesial impulsado por el papa Juan Pablo II y el cardenal Ratzinger, requería otro tipo de obispos en América latina. Habiendo solucionado el problema de la teología de la liberación se requería poner el énfasis en la identidad del catolicismo, más contestatarios que comprometidos con los antivalores de la modernidad y del liberalismo. En Chile el cambio fue más fácil, pues la nueva generación de obispos, en la práctica, fue nombrada e instalada por el cardenal Angelo Sodano”, quien antes de ser secretario de Estado (1991-2006) fue nuncio en Chile.

Silva afirma que “son muchos los que estiman que el episcopado que acompañó la transición chilena desde la dictadura de Pinochet a la democracia no estuvo a la altura de los desafíos del país”.

Y explica: “mientras el país intentaba recuperar la democracia, crecer con equidad y avanzar en memoria y justicia en derechos humanos, la Iglesia empezó a ocuparse de la moral sexual y de la moral de la vida, en desmedro de la moral social. El arzobispo (de Santiago en aquel tiempo), Carlos Oviedo, se lamentaba en una carta de 1991 de la crisis moral y la permisividad juvenil. Por diez años los obispos chilenos estuvieron en una cruzada en contra del divorcio, con múltiples batallas en contra del condón, la píldora del día siguiente y el aborto; después contra el matrimonio homosexual y las reivindicaciones de género”.

Abusos en la Iglesia 

Francisco debió pedir perdón al regresar al Vaticano luego de su errática visita a Chile
Francisco debió pedir perdón al regresar al Vaticano luego de su errática visita a Chile

Y continúa el rector: “Esto hizo que surgieran muchas críticas al episcopado y quienes las formulaban se enojaron aún más cuando vieron que la Iglesia chilena también escondía bajo la alfombra los crímenes de abusos sexuales y de conciencia. La larga prédica conservadora no era coherente con la propia práctica”, señaló.

“Después de la visita de Francisco a Chile en enero de 2018 y del Informe sobre los abusos del clero, el Papa llamó a Roma a todos los obispos chilenos, y en unos puntos de oración, ‘el puntapié inicial’ para la reflexión, los comparó en duros términos con el episcopado anterior.

“La contraposición entre la grandeza de la iglesia lideraba por el cardenal Raúl Silva Henríquez, ‘una iglesia profética que sabe poner a Jesús en el centro’ dijo el documento, más el clericalismo, elitismo y autoreferencia de la iglesia posterior, obligó a todos los obispos a presentar su renuncia.

“Hay quienes piensan que fue una intervención muy desmesurada, y estiman que esta desautorización de los obispos por parte del Pontífice puede ser una tercera causa de la crisis de la Iglesia chilena”, explica el rector Silva. “Todos los obispos vuelven a sus diócesis en Chile, renunciados, a la espera que se los cambie o que el paso del tiempo los confirme. Es decir, quedó una iglesia descabezada y sabemos que no hay organización en el mundo que pueda funcionar sin su cabeza. Menos la iglesia. Muy lentamente se han ido nombrando nuevos y buenos obispos” afirma.

Sínodo de la Sinodalidad

— En el contexto de esta crisis, algunos buscan formular cambios estructurales para salir de ella. ¿Qué opina usted?

— Una de las misiones que se le encomendó al papa Francisco al ser elegido, fue que debía esforzarse por reformar la Curia. Muchos estiman que esta Iglesia no puede seguir con este estilo monárquico contrariando toda la cultura democrática en el mundo. Además de su testimonio evangélico, de su preocupación por la justicia, los pobres y el medio ambiente, Francisco ha intentado dar pasos significativos al convocar al Sínodo sobre la Sinodalidad y en un plazo de varios años.

— Con creciente y destacada participación de mujeres…

Mujeres exigen su lugar en la Iglesia
Mujeres exigen su lugar en la Iglesia

— Efectivamente. Porque aquí hay un segundo problema que dificulta que la iglesia entre en comunión con nuestra cultura y con nuestro tiempo. Es una Iglesia cuya jerarquía es solo de hombres y eso no lo resiste la cultura contemporánea. Entonces, ni la monarquía es compatible con una visión democrática de las organizaciones de hoy, ni la ausencia de la mujer en el gobierno eclesial es compatible con una cultura que pide que haya participación igual de hombres y mujeres.

“No digo que la iglesia tenga que ser democrática porque posee un principio jerárquico ineludible. Pero debe dar pasos de colegialidad, de sinodalidad, favoreciendo la participación en la toma decisiones, especialmente de las mujeres, porque son ellas la mayoría que sostiene la fe de la Iglesia”.

Concilio Vaticano II

— En estos temas, ¿el Concilio Vaticano II es el punto partida o el punto de llegada?

— El Concilio Vaticano II sigue siendo el faro que nos permite entrar en el tercer milenio. Y creo que, a 50 años de este gran acontecimiento eclesial, aún no ha dado todo lo que tiene que dar. El mismo Papa nos dijo que estos concilios requieren cien años para ser recibidos: estamos a mitad del camino.

“Una lectura simple, sostiene que en los primeros 20 años después del Concilio, la interpretación hegemónica estuvo en manos de los grupos progresistas de las teologías europeas y las teologías de la liberación. Pero con la llegada de Juan Pablo II, acompañado por el cardenal Joseph Ratzinger, los grupos más conservadores lograron la hegemonía.

“Pero la realidad es más compleja que un cambio de progresistas a conservadores, pues, en palabras de monseñor Brugues, es mejor hablar de corrientes de compromiso y de contradicción. La primera dominante en el posconcilio y en la década del 70, aprecia los valores de la modernidad secularizada (la igualdad, la libertad, la solidaridad, la responsabilidad), se compromete con ellos y coopera con apertura. La segunda nace en los años 80, reaccionando a la primera porque disuelve la identidad cristiana y propone un modelo alternativo, necesario ante las diferencias irreconciliables con la ética de la sociedad civil (aborto, eutanasia, matrimonio homosexual, consumismo).

“Esta iglesia contracultural, restauradora, ‘invierno eclesial’ —como recuerda el jesuita Eduardo Silva que ha sido denominada— está animada en Ratzinger por su oposición a una hermenéutica de la ruptura, que ve en el Concilio un acontecimiento inédito y no una continuidad con la tradición. Cuando Ratzinger se convierte en Benedicto XVI, equilibra las cosas y no nos obliga a elegir entre discontinuidad y continuidad, sino más bien nos llama a reformar la iglesia. Así, la reforma es la continuidad en la discontinuidad. O, mejor dicho, es la discontinuidad que tiene en cuenta la continuidad. ¡Eso es magistral!”.

— ¿Y en esta mirada cómo ubica al papa Francisco que cumplió 10 años de pontificado?

— Francisco es un nuevo momento en este camino eclesial, que con el Concilio y más allá de nuestras peleas, ha dado pasos enormes, tal como renovación de la liturgia, el acceso a la Palabra de Dios que nos estaba prohibida, poner en el centro a todos los bautizados y no al clero, optar por los pobres, acentuar una fe que busca la justicia, construir una iglesia pueblo de Dios en la que nacen las comunidades de base y los movimientos apostólicos, en la que ha aumentado la participación de laicas y laicos, que avanza en colegialidad, etcétera.

50 años del Golpe de Estado

Este 2023 se cumplen 50 años del Golpe de Estado civil y militar en Chile
Este 2023 se cumplen 50 años del Golpe de Estado civil y militar en Chile

— ¿Qué nos puede aportar la conmemoración de los 50 años del golpe de Estado civil y militar, en Chile?

— Este es un momento muy importante para el país porque nos da luces para interpretar bien el presente. Frente a la brutalidad de las violaciones a los derechos humanos: su defensa irrestricta. Pero, además, con el golpe, hay algo que se acaba, no solo el gobierno socialista de Salvador Allende, sino un modelo de desarrollo que se originó en los años 30 del siglo pasado. Hay también algo que comienza: el capitalismo neoliberal impuesto por la fuerza primero, y luego, con todas las modificaciones que generaron una consolidación exitosa, durante los 20 años que gobernó la coalición política de la Concertación. Lo paradojal, sin embargo, es que hemos tenido los 30 años más gloriosos en términos de crecimiento económico y un montón de beneficios como la disminución de la pobreza, pero a la vez, hemos tenido años de concentración del poder, de desigualdad social, de abusos en muchísimas áreas y de creciente malestar. Por eso el estallido de octubre del 2019, marca un nuevo comienzo, que dio origen a un notable acuerdo, en el que la casi unanimidad de los partidos políticos canalizó este descontento en la necesidad de un cambio constitucional, que es la estructura fundamental para el bien común. Estamos en eso.

ADN neoliberal

— ¿Cuál es el principal escollo que afecta la construcción del bien común?

— A los chilenos nos quedó en el ADN ser neoliberales, la antítesis del bien común. La globalización del capital y el despliegue del individualismo son procesos planetarios. El predominio de lo económico por sobre lo político, que nos hace ser una especie de llaneros solitarios, donde nuestros éxitos son frutos exclusivamente de nuestros méritos como si no fuéramos constituidos por las comunidades y la historia a la que pertenecemos.

La socióloga Kathya Araujo sostiene que a este macroproceso se suma otro en la actual cultura chilena: uno de democratización, de horizontalidad, en el que todos somos iguales, y nadie nos representa. Con ambos procesos se rompe todo vínculo y lazo social. Desaparece lo común, lo colectivo. En el fondo, tenemos una ausencia de padre, una ausencia de autoridad. Paradójicamente, el nuevo gobierno de izquierda del presidente Gabriel Boric, que quería refundar el país, ha debido enfrentar la crisis económica (por la baja en el crecimiento, la pandemia y la guerra) y la crisis de seguridad (delincuencia violenta, crimen organizado): dos temas más propios de gobiernos de derecha”.

Iglesia muda

— ¿Ha faltado acompañamiento eclesial?

— Creo que falta un episcopado que oriente como lo hizo en el pasado: fue capaz de acompañar al gobierno de Eduardo Frei padre en los años 60. Recordemos que la Revolución en Libertad de aquella época fue hecha con la visión social de la Iglesia; que la Iglesia impulsó el diálogo en el gobierno de Salvador Allende; y luego fue capaz de acompañar y responder, con gran sentido de urgencia y solidaridad, a las violaciones de los derechos humanos.

Cardenal Raúl Silva Henríquez, arzobispo de Santiago en tiempos de la dictadura militar
Cardenal Raúl Silva Henríquez, arzobispo de Santiago en tiempos de la dictadura militar

— Me da la impresión de que usted extraña ese episcopado de Pablo VI…

— Extraño a figuras como el cardenal Raúl Silva Henríquez, con vicarios como Enrique Alvear y Fernando Ariztía. Con un episcopado chileno de lujo que estuvo a la altura del Concilio Vaticano II. Mi amigo Felipe Berrios sostiene que teníamos un trio de ases: Paulo VI, el Padre Arrupe y el Cardenal Silva. Ahora, con esta situación particular del descabezamiento de la Iglesia chilena, con un episcopado en proceso de recuperación, nos hemos quedado mudos. Quizás es el silencio necesario para que pueda madurar desde el fondo una nueva palabra.

Iglesia y signos de los tiempos 

— Para los tiempos de hoy ¿le faltaría un relato a la iglesia también?

— Creo que todavía no estamos en condiciones de hacer un relato, pero sí debiéramos, por lo menos, ponernos a pensar. Pensar en la actualización del maravilloso patrimonio de nuestro depósito eclesial. Por ejemplo, el respeto a los derechos humanos de todas las personas, incluso de los malos; la opción preferencial por los pobres y los anhelos de justicia que brotan de la fe; la articulación de lo personal con lo comunitario, de la libertad y la fraternidad que son inventos del judeocristianismo. También tenemos la ecología, el cuidado de la casa común en el magisterio de Francisco. Y podemos ayudar a la sociedad chilena a enfrentar la pérdida de la autoridad, porque sin el reconocimiento de la autoridad no hay bien común.

Iglesia muda - obispos chilenos no tienen relato
Iglesia muda - obispos chilenos no tienen relato

— Entonces, ¿cuál sería para la Iglesia el principal desafío con estos signos de los tiempos?

— Creo que el Espíritu Santo se las arreglará para movernos y conducirnos, porque finalmente, esto no es obra de nosotros. Al conectarnos con el Evangelio, nos conectamos con el Espíritu. Al rezar, nos ponernos a la escucha y vemos los signos.

“Un desafío mayor es cómo construir una iglesia universal, que sea válida en todos los lugares del mundo. No parece posible del modo como lo hemos hecho hasta ahora. Porque mientras la iglesia alemana, por ejemplo, busca reconocer la homosexualidad y darle plena ciudadanía dentro de la iglesia, en África se reniega de la homosexualidad y se considera uno de los peores pecados. Entonces ¿cómo representar la unidad de lo que es tan diferente? La unidad es la tarea de la jerarquía, de los obispos y por supuesto del obispo de Roma. Pero si ya es difícil representarla, gobernarla es casi imposible. Nuevas formas de gobierno eclesial nos son imprescindible. ¿Te imaginas cómo se las debe arreglar el Santo Padre para que su voz sea escuchada en todas las culturas, cuando las diferencias parecen irreductibles?”.

— Y según usted ¿cómo se “representa”?

— Con un discurso que sea tan amplio que tolere las diferencias. Más que gobernar desde un centro debe representar la unidad de la diferencia. La cabeza de la iglesia, el primado, debe representar la maravilla del Evangelio, que se aplica tanto en los que reniegan por ahora de la homosexualidad como a los que la favorecen inmediatamente. Porque no se puede gobernar tanta diferencia. Eso hay que dejárselo a las conferencias episcopales que tienen un territorio y un marco cultural más acotado. La sabiduría del Santo Padre podría ser tener la capacidad de respetar así las diferencias entre sus conferencias episcopales.

Nombramientos episcopales 

Eduardo Silva SJ tenemos que buscar un nuevo sistema para elegir obispos
Eduardo Silva SJ tenemos que buscar un nuevo sistema para elegir obispos

— Entiendo que esto tendría consecuencias para los nombramientos de obispos. ¿Es así?

— Debe tenerlas, pues será cada vez más difícil para la Curia Vaticana seguir nombrando los obispos de todo el mundo porque está lejos de muchas iglesias que son muy diversas, y puede tener mala información como le ocurrió al papa Francisco con Chile, con el caso del obispo de Osorno.

“Con esto, no digo que el Pontífice de Roma no participe en el nombramiento de un obispo. Sino que tenemos que buscar un sistema tal, que permita que en la elección episcopal participe tanto la comunidad de la cual será pastor, la conferencia episcopal a la que pertenecerá y donde vivirá su colegialidad y comunión, y la confirmación desde Roma, sobre todo en los casos en que las iglesias locales puedan estar divididas o apremiadas por los gobiernos nacionales.

“Es razonable pensar que las conferencias episcopales van a conocer mejor todos los candidatos a obispo, y podría saber con mayor certeza que Roma, cuáles de ellos son los más adecuados para la conducción pastoral de ese lugar, según tiempos lugares y personas como nos enseña San Ignacio".

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